Violencia de Género
Martes 18 de Octubre de 2016

Juzgan a un joven por la brutal golpiza que le dio a su expareja

Nahuel Suárez fue señalado por la víctima como el autor de los golpes que la dejaron internada, cuando salía de la escuela en Viale

"Brotes de celos y arranques de locura", fueron las palabras que usó Georgina, la expareja de Nahuel Suárez, el joven que desde ayer es juzgado por haberle dado una brutal golpiza a la joven que la dejó internada e inconsciente durante varios días, cuando salía de la escuela en la ciudad de Viale. "No supe quién era", dijo el padre de la chica cuando la vio en el hospital. Un conocido del acusado relató que Suárez le confesó: "Le pegué a mi novia, pero más de eso no pasó". El debate continúa hoy en los Tribunales de Paraná, donde habrá un duro pedido de pena para el imputado.

Una noche de octubre de 2014, Georgina, entonces de 18 años, salía de clases en la escuela nocturna de Viale, donde cursaba quinto año, rumbo a su casa en bicicleta. A pocas cuadras fue interceptada por Suárez, quien de un golpe la hizo caer, y luego continuó con una agresión que parecía no encontrar límites. Alguien apareció en el lugar y evitó que la agresión continuara hasta consecuencias peores a las que existieron. Un muchacho corrió al agresor pero no lo alcanzó. Muchas personas se acercaron para auxiliar a Georgina, la llevaron al hospital Castilla Mira de la ciudad y luego la trasladaron al San Martín de Paraná. Debieron pasar varios días para que la joven recuperara la consciencia. La Policía detuvo a Suárez, quien aún se encuentra con prisión preventiva, y se inició la investigación que develó una historia de violencia de género, similar a tantas, que finalizó con aquella agresión.

La víctima fue la primera en declarar en el juicio que comenzó ayer, ante el Tribunal integrado por Alejandro Grippo, Pablo Vírgala y Elbio Garzón. Relató lo que recordaba de la agresión que sufrió, así como las secuelas que tuvo posteriormente, tanto físicas como psicológicas. Sobre la relación con Suárez, refirió un patrón de conducta que aparece en los violentos: "Se ponía muy celoso, de llegar al punto de controlarme con quién hablaba, incluso hasta con mi hermano. Empezó con la idea de que me fuera a vivir con él, y que quería tener un hijo conmigo, así podía tenerme bajo vigilancia", contó. La intención de aislarla de cualquiera, también se extendió a sus estudios: "Cuando empecé la escuela nocturna le molestó que fuera de noche porque había gente que a él no le caía bien", recordó.

La declaración del padre de Georgina fue también conmovedora: "Esa misma noche, 10 o 15 min más tarde, estaba trabajando en la boletería de la terminal, me avisaron que encontraron a mi hija golpeada. Me fui al hospital y la veo en la camilla. No la conocía porque estaba desfigurada entera. Tenía la cara con sangre, toda hinchada. No supe quién era, pregunté y sí, era ella", contó Ángel Alveira.

"Subí a la ambulancia y me fui con ella hasta el hospital San Martín", recordó, y allí empezó una odisea de varias semanas al lado de su hija, hasta que salió adelante. "Ella no estaba consciente, traté de hablar con ella pero no me respondía. Pasaron varios días hasta que estuvo consciente, cuando empezó a recordar, a contar lo que había pasado, y ahí me fue contando que salió de la escuela y a pocas cuadras de la casa donde ella vivía le estaba esperando. Lo primero que sintió fue una trompada, cayó al suelo y no se acordaba más nada", dijo el hombre.

Ángel aseguró que su hija debió afrontar severas consecuencias: "Tuvo muchas secuelas, estaba como perdida, la veías normal y después se perdía. Fue tratada con un psicólogo, vivía con miedo, no quería andar sola, no quería salir, la llevaba yo a donde iba, al hospital y a la escuela".

También se escuchó el relato de un joven que era amigo de Suárez, pero que no lo favoreció en absoluto. Horacio Aguilar contó: " Estábamos en la casa de un amigo tomando mate, viene Suárez y nos dice que lo acompañemos a la escuela a hablar con su novia". En el trayecto, les pidió que den la vuelta por otro lado y luego se reencontraran. Pero poco después, cuando llegaron a la esquina, encontraron con la terrible escena: "Cuando llegamos había un montón de gente y la chica en el piso. La vi y estaba destrozada, una pierna arriba de la bicicleta, la cara golpeada", recordó Aguilar. "Yo pensé que iba a hablar como pareja, no que iba a hacer semejante cosa", agregó.

Además, contó dos episodios: uno de esa noche, cuando recibió un mensaje de texto de Suárez a su celular, en el que le decía que le había pegado a Georgina. Aguilar llegó a su casa y rompió el teléfono: "Porque no quería tener problemas", explicó. Luego el testigo refirió: "Al otro día lo encontré a Suárez en la YPF, le dije '¿Qué hiciste?'. Y me dijo: 'No, nada, no me arreglé con mi novia, le pegué pero más de eso no pasó, semejante escándalo porque la tiré de la bici'. Yo le dije: 'Pero las cosas no se hacen así'".

Los fiscales Leandro Dato y Valeria Vilches pedirán una pena que rondaría los 12 años de prisión, por los delitos de Homicidio en grado de tentativa agravado por el vínculo y por mediar un contexto de violencia de género. El defensor oficial Luis Pedemonte buscará la absolución al intentar probar que Suárez no fue el autor, o eventualmente una pena menor.



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Le quemó la puerta con una bomba molotov


Bruno Jesús Reynoso es juzgado por delitos contra su pareja, en un contexto de violencia de género. Las fiscales Mónica Carmona y Fernanda Rufatti acusan al joven de 26 años por el hecho ocurrido el 7 de marzo de 2015, cuando en la comisaría segunda la víctima denunció que esa mañana, al rededor de las 6, estaba durmiendo en al casa con su pequeña hija y su madre, y escuchó un ruido muy fuerte. Se asomó por la ventana y vio que Reynoso se subía a su auto Fiat 147 y se iba, mientras la puerta de la casa ardía en llamas y el fuego se metía hacia adentro. Luego lograron sofocar el incendio. El día anterior, el acusado le habría enviado mensajes de texto en los que le decía a la joven que "quería hablar con ella para arreglar las cosas y así evitar odiarla o hacerle daño". Además, las fiscales sostuvieron que la relación entre ambos estuvo signada por "celos excesivos, controles excesivo y golpes" a los que le siguieron, luego de finalizada la relación otros hechos de violencia de género: "Un odio acérrimo se apoderó de él", denunció la víctima, según afirmaron las fiscales en los alegatos de apertura.

Los defensores oficiales Mariana Montefiori y Gaspar Recca manifestaron su desacuerdo con la acusación: "No van a poder acreditarse las coacciones ni la autoría del incendio" por parte de Reynoso.

Varios testigos declararon ayer, entre ellos la víctima, quien hace unos meses reanudó la relación con el acusado.

La jueza del Tribunal de Juicios, Elisa Zilli, analizará las pruebas y testimonios para luego dictar sentencia.


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