La Provincia
Sábado 21 de Febrero de 2015

Jóvenes familias se unieron para lograr un barrio más lindo

El plan Vicoer XXIX 101 Viviendas se inauguró hace cuatro años, pero los vecinos aseguran que desde antes se conformó la fraternidad entre su gente. Entre todos trabajan para el bien común  

Vanesa Erbes/ De la Redacción de UNO

verbes@uno.com.ar

 

El barrio Vicoer XXIX 101 Viviendas está ubicado en calle Garrigó al final, en la zona sudeste de Paraná. Su inauguración se hizo el 28 de diciembre de 2010, sin embargo, quienes viven en la zona afirman que la conformación de la identidad del vecindario se constituyó con anterioridad.

Raúl Rousseaux es uno de los habitantes del lugar y contó a UNO que las familias, con sus diferentes historias de vida, se conocieron muchos meses antes. “Convocados por la cooperativa Vicoer, confiamos en poder concretar el sueño de la vivienda propia. Pero con el correr del tiempo y la falta de respuesta fue una usina para que nos organizáramos y nos juntáramos a presionar para que se agilizara la entrega”, recordó.

En ese entonces se realizaron marchas porque había demoras en la entrega de las casas. Hubo tensas reuniones y reclamos, pero gracias a esas acciones lograron mudarse. “A diferencia de otros procesos, este fue el punto de partida para que como comunidad continuáramos trabajando por mejorar la calidad de vida de quienes habitamos este lugar”, dijo Rousseaux.

Este es justamente el sentido que motiva cada una de las distintas iniciativas que realizan quienes residen en el barrio y es lo que mantiene unidos a los vecinos. “La solidaridad es lo que más se destaca. Somos familias jóvenes, con chicos, y ellos son los que más disfrutan de lo que hacemos”, indicó Vanesa Olivero, una de las vecinas.

En coincidencia, Rousseaux hizo hincapié en que hay un gran espíritu solidario: “Las conquistas que se lograron son producto del esfuerzo y del trabajo colectivo. El valor más importante que tenemos es la familia y el resultado al que apuntamos con cada iniciativa es lograr una mejor calidad de vida para nuestros hijos”.

“Es un barrio implantado, que crece y tiene necesidades particulares. Las problemáticas a resolver son muchas, pero lograr el asfaltado del acceso al barrio y el ingreso de transporte público son prioridades y hay que seguir trabajando para lograrlo, ya que hoy en día hay que caminar seis cuadras hasta la parada más cerca”, expuso. También Leandro Trossero, otro de los residentes del lugar, brindó su opinión y destacó: “Es un barrio muy tranquilo y seguro. Estamos alejados del centro y lo que sí necesitaríamos son más obras y servicios, como luminarias y desmalezado”.

 

Idiosincrasia

Rousseaux destacó cómo se conocieron las familias y la pertenencia que se consolidó a partir de la lucha por acceder a sus casas. “Así se empezó a trabajar en la recolección de residuos, para que el camión pasara regularmente; se gestionó la iluminación de un tramo de acceso al barrio; se creó la plaza con juegos; se realizaron festivales de música, entre otros”, dijo, y añadió: “La obra de asfalto fue una lucha incansable, en el recuerdo quedó cuando un funcionario del IAPV reconoció que no lo iban a hacer y la reacción de los vecinos hizo que hoy la broza sea un mal recuerdo. La no respuesta gubernamental nunca fue obstáculo, ya que los vecinos se organizaron y pusieron manos a la obra, así arreglaron calles y desmontaron zonas muy peligrosas. El trabajo con la Policía se hizo moneda corriente. La idea del trabajo en conjunto es una premisa que hasta el día de hoy perdura”.

En este sentido, implementaron la estrategia de realizar gestiones en forma colectiva para bajar costos, por ejemplo en la instalación del gas natural y la colocación de alarmas en distintas viviendas.

“Como en todo barrio está quien cura el empacho, quien se entera de todo, quien se enoja. Es una comunidad con todas las letras”, aseguró, y agregó: “Cuatro años después, las jóvenes familias llenaron el barrio con la alegría de niños y niñas. El vecindario crece, tal vez con otros tiempos, bajo otras formas, pero con la divinidad de un centenar de familias que concretó un sueño y confió en la solidaridad y el trabajo mancomunado para seguir creciendo”.

 

La plaza, orgullo del barrio

Entre los muchos emprendimientos que se llevan adelante en el barrio, hace tres años lograron concretar la construcción de la plaza Tita Merello. “Había un terreno que estaba abandonado, con maleza, basura y piedras. Y como cada familia tiene chicos, decidimos crear un parque para que todos podamos hacer uso de ese espacio público. Plantamos algunos árboles, conseguimos hamacas y juegos a través de donaciones que nos hizo la gente y también algunas instituciones; los arreglamos y los pintamos. También la Unidad Municipal Nº 3 colaboró con el rellenado y mejoramiento del terreno”, comentó Rousseaux.

Asimismo, señaló: “En la actualidad le faltan mantenimiento y también luminarias. Entre los vecinos hacemos lo que podemos, con una motoguadaña que compramos con dinero que juntamos con festivales que hicimos. A veces viene personal de la Municipalidad, pero de manera irregular”.

“Es ahí donde cada año se hace una fiesta por el Día del Niño. Trabajamos todos los vecinos y se gestionan recursos, se organizan juegos, se acondiciona el barrio y se viven momentos distintos”, concluyó.

 

 

Pertenencia

En el barrio anhelan que se los reconozca como una comisión vecinal, pero saben que esto llevará su tiempo, ya que por sus características no encuadran dentro de ninguna normativa municipal. Este hecho les genera complicaciones para realizar algunas gestiones, pero mientras tanto trabajan y elaboran proyectos para que en un futuro cercano sus hijos cuenten con mayores posibilidades en la zona.

“En el barrio tenemos un sentido de pertenencia y una idea de comunidad, por eso es posible esta construcción colectiva a través de las ideas que se van transformando. Entre todos compartimos el simple hecho de cruzarse y regar la plaza, hasta las cuestiones más trascendentes”, aseguró Raúl Rousseaux.

 

 

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