A Fondo
Martes 03 de Febrero de 2015

Incógnitas de la Parapsicología que merecen ser develadas

Esta disciplina formó parte del plan de estudios de las facultades de Psicología, pero no existe como carrera. Hay parapsicólogos truchos como también médicos truchos y abogados truchos

Gustavo Fernández / Especial para UNO
gusfernandez21@yahoo.com.ar

 


¿Es la Parapsicología una ciencia? Depende de lo que entendamos por la palabra ciencia. Si la comprendemos como aquello que se enseña en las Universidades, la respuesta sería no, o casi. Sí es cierto que en distintos países, incluida Argentina, en distintos momentos esta disciplina formó parte del plan de estudios como materia obligatoria u optativa de las facultades de Psicología de distintas Universidades, tal el caso de las universidades del Salvador, Kennedy, o la pública de San Luis. Empero, no existe como carrera independiente en ninguna.


Pero esa definición de ciencia confunde esta palabra con academicismo. En un sentido más filosófico, si ciencia “es todo aquello que tiene un objeto de estudio y un método para acceder a su conocimiento”, entonces la respuesta sería afirmativa. Este autor prefiere trascender la etiqueta limitante de esa palabreja, que, como toda etiqueta, define pero a la vez limita y hablar de una cosmovisión y una filosofía. Esto, porque en el estudio y práctica de la Parapsicología se trasciende lo meramente empírico, experimental, y se ingresa en ámbitos propios de la intuición, la estética, la iluminación trascendente.


¿Entra en conflicto con la religión? Quizás usted haya oído a algún sacerdote o pastor despotricar contra la Parapsicología. Tenga en cuenta, entonces, que eso será sólo la opinión personal de ese clérigo, porque las Iglesias, especialmente las históricas, no sólo nunca se han expresado contra la misma sino, discretamente, la han sumado a sus fijas. ¿Ejemplos? El Benito Luchía Puig, jesuita, quien supo ser rector de la Universidad del Salvador, era parapsicólogo. Lo era también Enrique Novillo Paulí, también jesuita, quien hasta su muerte dirigió el Instituto de Parapsicología de la congregación jesuítica con instalaciones en calle Sarandí 65, de Buenos Aires (donde personalmente tomé estudios de esta temática). El padre Oscar González Quevedo, español radicado toda su vida en Brasil (famoso por sus presentaciones televisivas junto a Nicolás “Pipo” Mancera, en “Sábados Circulares”, el programa de YV más popular de los ‘60). ¿Y cómo no recordar al conocido padre Luis Gerula, que aquí en Paraná dicara cursos de Parapsicología, Control Mental, Péndulo, etc., durante tantos años?. Esto se completa recordando que el propio Vaticano tiene su particular academia de investigaciones parapsicológicas. Por ello, y porque hay parapsicólogos católicos, protestantes, judíos, islámicos y hasta ateos, es que no hay conflicto entre una y otra.

 


 
Alcance de la labor


¿El parapsicólogo “exorciza”?


El propio término “exorcizar” se encuentra, lamentable y definitivamente, alineado con el concepto de un exclusivo ejercicio religioso. Sin embargo, debe recordarse que tanto lo que significa etimológicamente la palabra (“echar”) como que el concepto del enfrentamiento con situaciones o presuntas “entidades” no físicas es competencia no sólo de la parapsicología o la religión, sino de un amplísimo espectro de filosofías metafísicas, trascendentales y prácticas espiritualistas. En consecuencia, el típico exorcismo al que algunos medios y la malas películas nos tienen acostumbrados es solo una de muchas maneras de enfrentar las problemáticas que parecieran requerirlas.


¿Existen entidades “demoníacas”? ¿El parapsicólogo lucha contra ellas? La Parapsicología sostiene -porque lo prueba experimentalmente- que existen entidades “no físicas” (allá el lector si prefiere llamarlas “espirituales”, “energéticas”, “psíquicas”, etc.). Y la experiencia también demuestra que algunas de esas entidades no son positivas para el devenir humano (parece que ser buen tipo o mala persona trasciende la existencia terrenal, para decirlo llanamente). En consecuencia y en ocasiones, algunas de esas entidades -por un colectivo de razones que no agotaremos aquí- perturban al común de los mortales. Y es allí cuando el parapsicólogo interviene, como lo hace también en muchos otros contextos.


 ¿El parapsicólogo debe cobrar por su trabajo? ¿Y porqué no habría de hacerlo, si su formación y preparación le ha insumido años, dinero, esfuerzo personal e intelectual?. El parapsicólogo no debe ser visto como un seudoministro religioso (que algunos se presenten casi de esa manera, tiene más que ver con el pulular de tanto improvisado fraudulento que con el ejercicio de la actividad) aunque no podemos dejar de recordar que muchos ministros religiosos cobran lo suyo (aranceles fijos, donaciones voluntarias -lo que es cómodo cuando se reciben subsidios del Estado- o el inevitable “diezmo”) y como a nadie se obliga ir a visitar un parapsicólogo, si éste decide arancelar lo suyo y el consultante pagarlo es un lícito y adulto contrato de partes, al que nadie está obligado.


 
El marco


¿La Parapsicología es ilegal?


Hay parapsicólogos truchos como hay médicos truchos y abogados truchos. El delito lo comete la persona, no la disciplina. Por lo pronto, recordemos que el parapsicólogo puede (y debe) inscribirse tributariamente tanto en AFIP, como en Provincia y Municipalidad, entregar recibo profesional por sus aranceles donde figuren todos sus datos de inscripción y abonar puntillosamente sus impuestos. Cualquiera que me haya consultado como parapsicólogo sabe que entrego factura oficial por mis servicios. Y si el Estado me cobra impuestos, el Estado me reconoce. No se le cobra impuestos (que yo sepa) a tratantes de personas o traficantes de droga. En lo personal (lo cito sólo como ejemplo) ejerzo en el medio local desde hace la friolera de ¡veintiocho años! de forma pública y legal.


¿El parapsicólogo nace o se hace? Definitivamente se hace. Todos los eres humanos (tocos) nacemos con lo que llamamos la Potencialidad Parapsicológica, que es la capacidad latente de producir uno o varios fenómenos de tipo parapsicológico. Que a alguien le ocurran “cosas raras” toda su vida y otros pasen por la existencia sin tener nada misterioso que contar, no se relaciona con mayor o menor existencia de “dones” sino con otros factores, como marco de creencias, contexto familiar y/o cultural, cuestiones genéticas, etc. Aún más; muchos de los que se consideran “escépticos”, puestos a contar, tienen un par de episodios “raros” en sus vidas sobre los cuales, empero, prefieren echar un manto de piadoso olvido. Y que, exhumados, bien pueden ser parapsicológicos. Por consiguiente, si todos nacemos con estas capacidades, se trata del estudio y entrenamiento que estemos en condiciones de aplicarlas y dirigirlas a voluntad. Tenga cuidado entonces, querido lector, cuando alguien le hable de “poderes de nacimiento” (como si él o ella tuviera algo que usted no tiene), “dones transmitidos un Viernes Santo debajo de una higuera” y otra sarta de imbecilidades de similar tenor sólo apta para descerebrados.


 
Cuestión de títulos


¿El parapsicólogo puede ser “Doctor” o “Licenciado” en Parapsicología?


No, porque al no existir académicamente la carrera a nivel universitario, no existen titulaciones de esa clase. En Argentina, hoy, la especialidad se dicta sólo en instituto privados (localmente, citemos la larga trayectoria del Centro de Armonización Integral en ese sentido) con titulación de “profesorados”, siempre avaladas exclusivamente por la academia que los realiza.


¿Por qué algunos parapsicólogos usan seudónimos o se identifican sólo por su nombre de pila?  No hay razones parapsicológicas (ni “espirituales”) para esconder el propio nombre y apellido. Quien así lo hace debe dar para desconfiar, porque si usted se siente defraudado por un parapsicólogo de quien sólo sabe que se llamaba “Hermano José” o algo así, ¿a quién va a ir a reclamarle, tanto en lo personal como judicialmente? Aún más, ¿cómo se sentiría usted si tuviera que ver avisos en este periódico del tipo “Dr Tutankamón, proctólogo” o “Hermana María, contadora pública nacional”? Que un parapsicólogo -y esto es extensible a todo Terapeuta Holístico, tarotista, astrólogo, etc- presente su documentación en regla en términos contables, exhiba constancias de dónde se ha capacitado y sobre todo, se identifique con nombre y apellido puede establecer la diferencia entre quien procede con corrección y quien no.


¿Qué hace, concretamente, un parapsicólogo? Me gusta definir al parapsicólogo como un “operador de los planos sutiles” de la Naturaleza. Alguien que conoce y manipula todo un espectro de energías no catalogadas por la Física newtoniana pero que, sutil, interpreta  y actúa sobre todo lo que existe. Esas energías sutiles son también el campo de manifestación, como dijimos, de entidades y fuerzas que algunos ven como “sobrenaturales”, sólo porque están más allá de lo que toca y ve. Y para quien pueda decir que sólo cree en lo que toca y ve, le recordamos que seguramente cree en las ondas electromagnéticas, que ni puede tocar ni ver y que ni siquiera se sabía que existían antes de la invención de la radio. Pero siempre estuvieron allí, tan reales y tangibles como la cómoda silla desde la que me está leyendo ahora.

 

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