A Fondo
Domingo 18 de Enero de 2015

Incógnitas del mundo Ovni

Para saber más sobre los mejores enigmas que jamás se podrán resolver no es cuestión de buscar solo respuestas. Hay que formular las preguntas correctas. Aquí una guía para entender sucesos con los objetos no identificados

Gustavo Fernández / Especial para UNO
gusfernandez@yahoo.com.ar

 

 

 

“Los mejores enigmas son aquellos que jamás se podrán resolver” supo escribir el poeta Paul Elouard. Y la frase es inspiradora, además de justificar la pasión de millones de congéneres por los misterios. Pero la mente inquisitiva exige respuestas. Y para obtener éstas, hay que formular las preguntas correctas. Por ello es importante, previo a todo discurso que trate de servir de explicación, hacer un alto en el camino y replantear los interrogantes, porque solo teniendo claro qué queremos saber, sabremos cómo dar los pasos en la dirección adecuada. Cuánto más cierto es esto ante el clásico enigma de los Objetos Voladores No Identificados (Ovni).

 

 

 

¿Qué sabemos de ellos?

 

Cinco cosas: que existen, que tienen una componente física, que están dirigidos inteligentemente, que interactúan psíquicamente con los testigos y finalmente, por derivación natural de la tercera, que deben tener un propósito aunque ignoremos cuál. Cinco cosas. Que no es poco.

 

 

 

 

¿A qué vienen al planeta Tierra?

 


Si bien algunos entusiastas siguen adhiriendo a la idea “salvatífera”, esto es, que se trata de entidades bondadosas que vienen o bien a traer un mensaje de redención, o bien, literalmente, a salvarnos de nuestra propia autodestrucción, el consenso entre la comunidad de investigadores no es tan optimista. Por ejemplo, los episodios de “visitantes de dormitorio” (de los que hablaremos después) señalarían experimentos genéticos buscando crear híbridos entre los humanos y una raza alienígena. Y, en todo caso, han sido reportado numerosos casos de agresión, solapada o no, por parte de las entidades a bordo de estos objetos como para tener la imprudencia de correr a su encuentro con los brazos abiertos. Esta conducta también resulta funcional a la hipótesis de “experimentos militares secretos”: lo que cualquier militar que tripule uno de estos objetos que operan clandestinamente menos desearía es que le fotografíe un testigo avispado y su foto compartida en Facebook... Empero, la “teoría militar” tiene un grave punto débil: una nación cualquiera que realizara experimentos secretos no los haría tan asiduamente sobre territorios extranjeros ya que sus prototipos podrían tener una avería y caer en manos no convenientes...

 

 


 
Sobran los motivos

 


La respuesta depende de lo que usted quiera creer de las alternativas expuestas en la pregunta anterior. Si piensa que se trata de experimentos secretos, hay dos grandes sospechosos: USA y -aunque parezca fantástico, pero hay bastante evidencia- la ya remota Alemania nazi (especialmente respecto de las observaciones de fines de los años de la década de 1940 y toda la de 1950 del siglo pasado). Si por el contrario usted adhiere a la “hipótesis extraterrestre”, una larga serie de consideraciones apunta a Épsilon Eridani y Tau Ceti, dos estrellas a 9 y 11 años-luz de distancia de nuestra Tierra.

 

Claro que si el lector se inclina por la hipótesis de los visitantes de “otra dimensión”, pues en ese caso -aunque a algunos les cuesta racionalizar la idea- no vendrían más lejos que de “aquí mismo”, claro que en un plano o nivel vibratorio distinto, que eso es, después de todo, un universo paralelo.

 

 

 


¿Qué son estos objetos?

 

 


Se han propuesto decenas de respuestas. Desde fenómenos naturales o astronómicos más comprendidos, fraudes, manipulaciones periodísticas, experimentos militares secretos, naves extraterrestres, visitantes de otras dimensiones, ángeles o demonios. Dado que tiene aún más de creencia que de ciencia, cada uno creerá lo que responda a su paradigma cultural, muchas veces sin tomarse el trabajo de estudiar la evidencia porque, ya se sabe, estudiar -y reflexionar para sacar conclusiones después- cansa, así que suele ser más fácil (y además da patente de irónico y mordaz o de iluminado y espiritual, dos extremos del mismo espectro de la imbecilidad humana) opinar lo primero que a uno se le ocurra. Pero tomando seriamente la investigación, todo apunta a demostrar que no es una en particular de estas explicaciones sino proporciones discutibles de todas ellas. Y quizás algunas más que aún no podemos concebir.

 

 

 

¿Por qué tantas autoridades niegan su existencia o los desconocen?

 

 


Es ingenuo suponer que gobiernos y estamentos militares de los cuales desconfiamos casi todo estarán diciendo la “verdad” en este tema, porque pocos tienen la correcta perspectiva para comprender cuán peligrosa es la presencia de este fenómeno para el sistema constituido. Efectivamente; a título de hipótesis, aceptemos por un momento que, ciertamente, estamos siendo visitados por seres extraterrestres. ¿Qué significaría esto?


Significaría que nos han mentido hasta aquí, enlodado el buen honor de testigos, ocultado información, manipulado a medios de prensa... es decir, lo que ya sabemos que hacen en tantos otros campos. Y tendrían que dar explicaciones retroactivas. Conoceríamos fuentes de energía quizás infinitas e infinitamente económicas, las que propulsan sus vehículos: sería el colapso de las grandes corporaciones petroleras, químicas, bancarias, etc. Y ese colapso no afectaría solo a los potentados. Nos afectaría a todos, porque el orden social, económico y político que regula a las masas está determinado por las variables del mercado. Caos, desintegración del sistema de oferta y demanda y por lo tanto colapso económico, devaluaciones catastróficas de todas las monedas, carestías, bloqueos comerciales, desempleos en cantidades nunca vistas.


Y las religiones, que tendrían que explicarle a sus fieles, por ejemplo, como el Hijo Unigénito de Dios, si nació aquí, en la Tierra, ¿salvó al Universo entero, aún a aquellos planetas con habitantes inteligentes que nunca le conocieron?


Si así fue, ¿qué necesidad hay entonces de evangelizar compulsivamente, si la Gracia se derrama por efecto natural? ¿Cómo se recuperarían del golpe a su antropocentrismo manifiesto, al reconocer que hay otras razas, quizás no tan humanas? Y los militares, que tendrían que aceptar su inutilidad en caso de una invasión interplanetaria.

 

 

 


¿Por qué demoran en contactarnos?

 

 

 

¿Y por qué deberían contactar como imaginamos, es decir, descendiendo con sus naves a plena luz del día frente a la Casa Blanca, el Kremlin, la Casa Rosada? Quizás el contacto ya ha comenzado y es mucho más masivo de lo que creemos, hecho de uno a uno, mente a mente, a lo largo de las décadas. Es posible que no deseen alterar el ritmo de evolución natural de nuestra sociedad (sin ir más lejos, para no violar el tercer postulado de la pregunta anterior), o tal vez han alcanzado una expectativa de vida tan larga, con una salud tan integral y un índice de enfermedades, muertes y accidentes tan ínfimamente bajo -o inexistente- que la sola posibilidad de un encuentro violento les lleve a ser exageradamente precavidos. O quizás nos miran a nosotros como nosotros miramos a las gallinas. Las usamos, las alimentamos, tomamos sus huevos, las protegemos del zorro y del frío y de vez en cuando nos llevamos una para almorzar, pero a nadie se le ocurriría enviar un embajador al gallinero.

 

 

 


¿Quiénes son los hombres de negro?

 

 

Décadas antes que las comedias de ciencia ficción sobre MIB’s (“Men in Black” u “Hombres de Negro”) protagonizadas por Will Smith y Tommy Lee Jones satirizaran el tema, el problema de los “Hombres de Negro” no generaba ciertamente sonrisas. Se trataba de la misteriosa aparición de individuos, en los primeros tiempos vestidos íntegramente de ese color, en automóviles igualmente negros (de allí el nombre) y luego como militares, o con combinaciones un poco estrafalarias de vestimentas que aparecían para amenazar investigadores y testigos de apariciones de ovni. Todavía se discute su naturaleza: agentes secretos del gobierno (precisamente, la variante explotada en las comedias hollywoodenses mencionadas), miembros de alguna sociedad esotérica y secreta, extraterrestres disimulados entre la gente (mucho antes de aquel ochentoso “Fabio Zerpa tenía razón...”), enviados satánicos...

 

 

 


¿Qué son los “visitantes de dormitorio”?

 

 

Tal vez la parte más sombría y aterradora del fenómeno, y muchos investigadores se preguntan si no estará más vinculado con lo parapsicológico que con lo ovnilógico tiene que ver con los sucesos dentro del hogar de las personas.


Es la aparición, generalmente en la vivienda de la víctima -y en una enorme mayoría durante el sueño, en su dormitorio- de estas entidades, que luego parecen llevarles a algún extraño lugar para efectuar traumáticas y en ocasiones dolorosas manipulaciones fisiológicas, habiéndose llegado a comprobar -más allá de la que resulte la explicación final (si la hay) de esta casuística- la desaparición de fetos en gestación en mujeres embarazadas. Una cuestión de creencias. No. Es el resultado de entrevistas a gente que padeció o testimonió tales situaciones.

 

 

 

¿Se ven menos que antes?

 


No. Todo lo contrario. Se han multiplicado las apariciones. Ocurre es que, mediáticamente, el tema no tiene el interés de los años -por caso- 60 del siglo XX, y se forma un círculo vicioso: los periodistas creen que el tema interesa menos porque no aparecen en la gran prensa tantos casos como antes. Cuando los casos llegan a las redacciones no se publican porque se piensa que el tema no interesa. Téngase en cuenta que, solo en la comunidad hispanoparlante de investigadores, conocemos entre cuatro y seis casos diarios promedio, y uno se pregunta cuántos ocurrirán que no se conocen.

 

 

 


¿Hay casos realmente perfectos?

 

 

Numerosos, y el hecho de que los escépticos y sarcásticos los ignoren cuando uno los menciona, demuestra aquello que la crítica destructiva de la realidad de estos fenómenos se articula desde la ignorancia. Muchos de estos casos implicaron a guarniciones militares enteras (caso Kicksbourg en Inglaterra, o el caso del arroyo Tapalqué, en Argentina), otros tuvieron a científicos -incluso astrónomos- como testigos, pilotos de combate, etc.

 

 

 

Comentarios