A Fondo
Miércoles 18 de Noviembre de 2015

Impuntualidad colectiva y falta de respeto

Luciana Actis / De la Redacción de UNO
lactis@uno.com.ar


El ambiente artístico de Paraná es rico y variado; músicos, teatreros, murgueros, acróbatas circenses y un amplio listado de artistas plásticos conforman el gran capital cultural de la ciudad.

Diariamente hay uno o más recitales de diferentes géneros musicales, algún show de variedades, exposición o espectáculo teatral para que elija el público en general de la capital entrerriana  y zona de influencia. Y todo esto se da a pesar de las dificultades para conseguir salas por parte de los organizadores, dado los limitados espacios culturales habilitados en comparación con la gran oferta artística existente.

Sin embargo, asistir a alguna de estas manifestaciones culturales muchas veces implica participar de una previa improvisada, inesperada y no del todo agradable. Es que el público de Paraná está mal acostumbrado a una impuntualidad colectiva y desmesurada. 

Rara vez he asistido a algún evento que haya empezado a horario; en varias ocasiones la espera ha llegado a superar los 30 o 40 minutos, situación que lamentablemente es avalada y generada por el propio afectado: el público.

Es que en el ambiente local la falta de puntualidad no está mal vista, se acostumbra a llegar sistemáticamente tarde a las reuniones con amigos o al teatro porque, de lo contrario, uno será el “gil” que espera al resto. Pero hay una realidad, aunque suene a frase de maestra ciruela: llegar tarde a los encuentros es quitarle el tiempo al otro.

Con excepción del Teatro 3 de Febrero, el Juan L. Ortiz, y La Vieja Usina, donde los horarios suelen ser más estrictos, en la mayoría de las salas y espacios culturales alternativos es la concurrencia la que marca el comienzo del espectáculo, ya que no se respeta el horario pautado por los artistas que –a su vez– aceptan esta condición porque no les resulta grato presentarse ante un auditorio semivacío.

Así, los espectáculos se extienden hasta altas horas de la noche, y tanto artistas como técnicos deben desmantelar la puesta en horas de la madrugada. Y los espectadores que asistieron en el horario anunciado se sienten defraudados y con pocas ganas de repetir la experiencia en el futuro.

Esa falta de respeto a los horarios es la otra cara de una falta de consideración hacia el trabajo de los hacedores locales. Como si los artistas autogestivos no fueran trabajadores de la cultura; como si el tiempo y esfuerzo que invierten en crear no valieran la pena; como si tuvieran que limitarse a mendigar la atención de la gente; o como si esa puesta, recital o exposición no fuera más que un simple hobby.

 

Comentarios