La Provincia
Martes 26 de Abril de 2016

Imágenes del pasado que vuelve

La frágil memoria colectiva avala el “esto nunca pasó”. No solo faltan obras, cosa cierta, sino previsiones sobre causas y consecuencias visibles hace mucho más que una década, y que exceden el simplista argumento del Cambio Climático

Daniel Caraffini / De la Redacción de UNO
dcaraffini@uno.com.ar 


No es la década ganada, ni la década perdida. Son muchas más décadas de mirar para otro lado, de no hacer lo pertinente o de no entender lo conveniente. Las abundantes precipitaciones presentadas hasta el cansancio como “históricas”, o como la consecuencia del fenómeno del Niño, justifican el caos y el drama de cientos de entrerrianos, que perdieron pertenencias, cuyas casas quedaron bajo agua, o productores que no saben cómo seguirán; de cientos de historias de dolor, desesperanza, bronca e indignación. Permiten esgrimir excusas en torno a dificultades operativas o de extrema gravedad, como pueblos literalmente hundidos y aislados.

La responsabilidad no solo cabe a quienes estuvieron en los últimos 10 o 15 años, es también de los que estuvieron antes.

La frágil memoria permite que el “esto nunca pasó” sea una realidad creíble. Pero evidentemente, como muestran las páginas de Diario UNO de abril de 2003, este tipo de fenómenos meteorológicos no son nuevos. El Cambio Climático, entonces, ya nos había advertido hace mucho tiempo sobre su existencia.

En cuestión de horas, cayeron más de 350 milímetros en zonas rurales del norte entrerriano, acostumbradas a no tener –según promedios históricos– no más de 800 milímetros en el año. En ese trágico período de 2003 en que se consumó la peor inundación en la vecina capital santafesina –justamente estamos a días de un nuevo aniversario–, se vivió en Entre Ríos un panorama de evacuaciones, de campos anegados, riesgos en las redes viales, y desborde de afluentes y subafluentes de los ríos Paraná y Uruguay.

Por eso, hace 13 años, un viejo productor paceño contaba que “hacía rato no se producían desbordes del Feliciano”, como el sucedido a fines de abril de 2003. El testimonio recordaba también que en el 83 se había vivido una situación similar. Y otra nota publicada en UNO en aquel momento, expresaba las sensaciones de algunos pobladores de esa zona, que ya identificaban al departamento La Paz como la isla del norte de Entre Ríos.

Evidentemente, tanto las causas como las consecuencias, entonces estaban visibles, o asomaban desde hace tiempo. 

¿Qué ocurrió entonces, durante este tiempo? ¿Alcanzará ahora solo con obras millonarias? 

Los patrones de lluvias, de clima, abarcan una realidad de los últimos 80 años; puede ser más o puede ser menos. Pero la intervención del hombre en la mayor fase de desarrollo industrial de la humanidad tiene su determinante impacto en los últimos 30 o 40 años.

Sin hilar fino en las estadísticas, sin profundidad técnica, se podría aceptar que tal vez, con el paso del tiempo, este tipo de fenómenos están siendo más recurrentes, o más graves. Seguramente influirán en estos nuevos anegamientos y deslizamientos de barrancas, el represamiento y endicamiento de los ríos, la sojización del campo, la deforestación, el desmonte, y también el Niño y el Cambio Climático.

Entonces habrá que pensar y repensar, también, si son solo las autoridades de Gobierno las responsables por la falta de obras, o si hay un sistema de explotación de la renta agraria –por ejemplo– que influye decisivamente, y deja libradas al azar, sin instrumentos de defensa a mano, a comunidades rurales y urbanas. 

Pero más allá de todas esas especulaciones, el fortuito hallazgo en el archivo periodístico de UNO desnuda que el padecer de cientos de hermanos entrerrianos podría, sino evitado, al menos haber sido atenuado. Y por qué no, abre los ojos para que dentro de 10 años, o menos, no vuelvan a sufrir algunos, y horrorizarse otros.

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