Hoy por hoy
Lunes 11 de Septiembre de 2017

Vientos del norte

Recuerdo una de las últimas veces que asistí a un servicio religioso; fue siete años atrás, en ocasión del casamiento de una prima. Durante la ceremonia, el sacerdote bendijo a los novios y decidió narrar una anécdota sobre la fe. Presté atención, ya que la historia prometía ser interesante. Contó que había servido como misionero en Haití. "Un país muy, muy, muy pobre, pero también muy, muy, muy religioso y creyente", según su propio testimonio.
El resumen es más o menos el siguiente: mientras se desempeñaba en una escuelita de una localidad costera, se informó a la población sobre la inminencia de un huracán. "Con los maestros y los chicos nos quedamos en la escuela, todos juntos orando para que el huracán no llegara a la costa. Y Dios nos escuchó, ya que lo desvió y el huracán se fue a Cuba", concluyó la anécdota, para luego entrelazarse hasta perderse en reflexiones sobre la importancia de la fe.
Moraleja: Dios protege a los fieles y castiga con furia a los paganos (o ateos, o comunistas). Al menos, eso es lo que interpretamos un tío y yo; al parecer, los únicos que reparamos en esa arista del relato. Lo que haya pasado con los cubanos que fueron azotados por el huracán era secundario. Como así también era secundario el terremoto que ese año dejó a Haití en ruinas, que –tal vez, tras la partida del cura– se olvidó de rezar.
Lo cierto es que año a año, tanto los países del Caribe como el sudeste de los EE.UU. son castigados con furia por la naturaleza. Y en estos días, donde Irma, José y Katia ocupan el 80 por ciento de la agenda mediática nacional e internacional, me viene a la mente la anécdota del sacerdote, que daba importancia a los unos y se la restaba a los otros. Así, como el cura, los medios hoy hablan someramente de Barbuda –que quedó inhabitable tras el paso de Irma–, Haití, República Dominicana y Cuba, apenas puntos en el trayecto de Irma hacia Miami, la meca a la que todos apuntan sus cabezas. Allí, periodistas, enviados especiales, meteorólogos y cámaras están prestos a generar trending topics, mostrando cada palmera doblada por el viento, cada auto estrellado contra una columna, cada rincón desierto de la ciudad. Y mientras tanto, aquí, a más de 7.000 kilómetros de distancia, los televidentes siguen con detalle el recorrido del viento por la pobre Florida, descansando de noticias "aburridas" como la desaparición forzada de ciudadanos, la violencia institucional, los despidos masivos, la caída del consumo, la devaluación, la inflación galopante. La temporada de huracanes resultó una bocanada de aire fresco para la agenda televisiva nacional, que durante una semana pudo llenar la pantalla con vientos del norte para entretener a la audiencia.

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