Hoy por hoy
Domingo 25 de Junio de 2017

Verdaderos violentos

Tras la muerte de Rodrigo Arellano y la carta que publicó Paula Casís, quien fue su docente en la escuela Guadalupe, quedó expuesta nuevamente la problemática de la discriminación, la marginación y la estigmatización de los jóvenes que habitan los barrios más vulnerables.
Negarles un futuro esperanzador y un proyecto de vida está impreso en una ideología que nos interpela. En términos generales, la mayoría a avala que las fuerzas de seguridad los persigan y los agredan por su aspecto físico; piden más policías, pero no más escuelas; reclaman bajar la imputabilidad a 16 años, pero no exigen a los gobiernos generar políticas de contención y atender la deserción escolar que crece y a partir de la cual más chicos que abandonan los establecimientos educativos quedan librados a su suerte en la calle, o son empujados a un mercado laboral donde reinan la precarización y la explotación, sin poder decidir sobre el rumbo de su vida. Como si ellos hubiesen elegido la pobreza.
La psicóloga Sandra Cislaghi, referente de la fundación Crescer, que trabaja en la prevención de situaciones de riesgo, sostuvo: "Como sociedad, nos interpela un modo de funcionamiento que está atravesado por un discurso capitalista que ha hecho que la mayoría de los adultos trasmitan a los niños esta construcción de personalidad que se basa en tener y no en ser, y esto vuelve sumamente vulnerable en los chicos". En este marco, analizó: "Por el contexto social que está atravesando hoy la Argentina, muchas familias viven con una fuerte angustia por la situación económica Y se generan situaciones de riesgo importante. Por eso vemos barrios atravesados por tantas problemáticas que abren las puertas a la violencia, al consumo de drogas, y en Paraná se ve esta realidad".
A su vez, señaló: "Hay que generar una conciencia social de que los adultos deben hacerse responsables y no perder de vista que somos promotores de identidades. Los chicos no nacen delincuentes, ni depresivos, ni adictos".
La mayor hipocresía y acto de irresponsabilidad es que impunemente hay quienes tildan a los niños y a los jóvenes de ladrones o criminales porque usan capucha o gorrita, y esto impacta en la configuración de su identidad, aunque sean inocentes de todo. Pero no objetan que la distribución inequitativa de los recursos históricamente les roba su porvenir, sus sueños y esperanzas; ni despotrican porque un Estado ausente les roba la niñez. En este contexto, hay que replantearse quiénes son los verdaderos violentos. Es un interrogante que cada uno debería hacerse a sí mismo frente al espejo.

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