Educación
Viernes 17 de Marzo de 2017

Un educador al borde de la pista

Cuando las sombras se estiran en el parque escolar Enrique Berduc y el sol va cayendo detrás de las tribunas, algunos hemos creído ver todavía allí la generosa figura de Erwin Goberitz. Fue aquel entrenador de atletismo que utilizó a este sacrificado deporte como herramienta para preparar para la vida -una prueba generalmente más dura que las atléticas- a muchos paranaenses durante sus años de Secundaria.

El atletismo de aquel entonces, igual que ahora, navegaba siempre con viento en contra; sin embargo Erwin dedicaba incluso parte de su magro salario docente a la compra de garrochas o jabalinas, lo que implicaba postergar la satisfacción de necesidades casi elementales. Muchos lo recuerdan en el descascarado Peugeot 403 verde yendo al trotecito con esos elementos, tal vez más valiosos que el mismo auto, sujetos en el portaequipajes. Solamente la pasión por el deporte y la educación explican esas conductas.

El 6 de octubre de 1986 Goberitz recibió de la Confederación Sudamericana de Atletismo la medalla de Caballero del Deporte, una distinción poco usual,que definió a este hombre que aunque dejó la práctica deportiva en 1953 después de ser atropellado por un auto, dedicó sus mejores afanes al entrenamiento de esta dura disciplina.

El trabajo en el colegio La Salle y las interminables horas en la pista del Berduc lo hicieron un personaje conocido por casi cualquier paranaense que hoy tenga entre 40 y 60 años, en los que muchas veces la severidad de sus rutinas deportivas permitió descubrir cualidades que permanecían ocultas.

Pero nada de esto por sí solo explica porqué, 26 años después del ataque cardíaco que se lo llevó de este mundo, tantos recuerdan a este riguroso entrenador que para muchos jovencitos fue como un padre -de los denominados "hijos de la vida"- a los que aconsejaba y formaba en el Parque Berduc.

Era el entrenador al que muchas veces le bastaba mirarle la cara a un alumno para saber de sus problemas y siempre tenía a mano un consejo o una ayuda, o sencillamente tiempo para escucharlo. Por eso hoy muchos lo recuerdan, más allá de cualquier otro homenaje, como las competencias atléticas que llevan su nombre.

Goberitz nació en Capital Federal y en época de "vacas flacas" comenzó a andar el país en busca de sustento. Primero se radicó en Mendoza y luego llegó a Concepción del Uruguay para desarrollar una investigación de mercado para una empresa editorial. De allí se trasladó a Paraná donde, un poco obligado porque nunca le pagaron los viáticos, se fue aquerenciando. En ello fue determinante haber conocido a Chela, con quien compartió de allí en más sus días.

El 17 de marzo de 1991 Erwin se fue a entrenar a los atletas celestiales, de acuerdo a sus profundas convicciones religiosas. Se lo recuerda con mucho cariño.

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