Hoy por hoy
Martes 10 de Octubre de 2017

Un banco para mi hijo

Las dificultades para conseguir banco para los chicos en las escuelas no son novedad. A medida que los niños van creciendo los padres nos vamos interiorizando sobre las distintas etapas; es así, no hay forma de lograr antes una experiencia que te ayude a resolver de mejor manera tal o cual situación. Si bien todas esas etapas tienen sus condimentos, la de escolarización puede considerarse realmente como una odisea, por lo menos a la hora de definirse el colegio al cual concurrirá.


Quienes nos precedieron en el tema se cansaron de advertirnos, de describirnos sus propias estrategias y frustraciones respecto de la situación, aún con todas esas advertencias y consejos bajo el brazo, llegado el momento es prácticamente imposible no entrar en pánico.

Es que no estás definiendo la temática del próximo cumpleaños, el deporte que puede llegar a gustarle o si llegó el momento de enseñarle a responsabilizarse de su mascota. Es su educación, es el edificio que lo cobijará (si tenemos suerte y cuenta con escuela Secundaria) por lo menos los próximos 12 años, son los compañeros que compartirán su crecimiento y son los docentes que lo guiarán en una de las etapas de su aprendizaje.


Todo eso pensás mientras hacés la cola frente a la institución y te arrepentís mil veces de no haber traído el mate, o de no haberle quitado más horas al sueño porque muchos otros padres ocupan los primeros lugares. Contás los lugares, rogás que alguno de los que están charlando sean pareja porque eso te habilitaría un escalón más, mientras tanto la mamá de al lado te cuenta su peregrinar por otras escuelas y la ves junto a vos, con lo cual entendés que todo su sacrificio fue en vano. "Lo tuve todo el fin de semana practicando su nombre, encima es largo. También que corte bien con la tijera, porque es otra de las cosas que le pidieron en otra escuela", me contó.
Me dio un poco de pena, con seis años, semejante presión y todo un fin de semana abocado a practicar para lograr pertenecer.

Te pesan los hombros. Pensás en todas esas escuelas rurales a las que les cuesta tanto sostener la matrícula, mientras que vos y muchos otros padres, y quién sabe cuántos otros en otras instituciones educativas en ese mismo momento están peleando por un banco para su hijo, en Paraná, en Buenos Aires, en rincones de distintas provincias.

Otro renglón de la historia lo ocupa la evaluación al pequeño que quiere ingresar a 1º grado, una vez que su informe y tu espera lograron que esté más cerca de la meta. Después viene la entrevista de los padres con los directivos, la actividad de integración, pero eso ya se vive con un poco más de respiro. No puedo dejar de pensar en todos esos que ese día fueron mis pares, que permanecieron frente a la escuela esperando un banco para sus hijos con las mismas ansias y expectativas que yo y se fueron con las manos vacías.

Requisitos, sistemas de prioridades, sorteos, lidiar con las diferentes fechas de inscripción y demás obstáculos son los que debemos esquivar los padres al momento de inscribir a nuestros chicos.

Me parece injusto el sistema y demasiado estresante, terminás hablando de "buena" o "mala" suerte cuando lo que está en juego es la educación de tu hijo, las comodidades para su llegada a la escuela y nivel de aprendizaje.

La realidad es que dada la demanda, tanto en escuelas públicas, públicas de gestión privada y privadas, te quedás con la sensación de que muchos progenitores terminan enviando a sus pequeños no al colegio que quieren, sino al que pueden.

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