Hoy por hoy
Domingo 14 de Mayo de 2017

Tres sueltos sobre el chiquitaje

Altas cargas impositivas a los pequeños negocios locales, quita de retenciones a la megaminería internacional. Pena de muerte para el pibe chorro, dos por uno para el genocida. El asistencialismo malacostumbra, los subsidios a las grandes empresas las incentiva a mejorar. Los villeros usurpan, los magnates extranjeros pueblan la Argentina. La consigna de cortar el hilo por su parte más delgada es historia de nunca acabar. Ideas instaladas por la derecha en la clase media empobrecida que no mosquea y acepta el discurso como una verdad absoluta, sin siquiera sospechar que gran parte de los problemas que la aquejan son consecuencia directa de ese discurso. Discurso que cumple la misma función del árbol que tapa un bosque.

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La consigna es odiar al pecado, amar al pecador. Vivimos en una sociedad de gran raigambre religiosa. Por eso en lugar de atacar la pobreza, la inseguridad, la falta de educación, se ataca –indefectiblemente– a los pobres. Ser pobre es pecado. Por eso las cárceles están llenas de pobres, por eso los pobres son los que menos acceden a la educación y son los que más suelen morir de forma violenta. Para el delincuente pobre, mano dura. En cambio, el delincuente rico, el que vende un país, el corrupto, el generador de pobreza, el que evade impuestos en el Caribe, está libre del pecado de ser pobre. Por ende, sus faltas quedarán entre él, Dios y una redentora firma abogados.

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El diputado nacional Alfredo Olmedo (Salta Somos Todos) justificó su voto en contra del proyecto de interpretación de la ley del beneficio del dos por uno al afirmar que en el país "hubo una guerra" y que "los militares solo fueron una parte". "Acá hubo dos sectores enfrentados: los militares y los terroristas; los dos deberían ser juzgados por igual", enfatizó el diputado. La teoría de los dos demonios les sirvió a los militares y a los ideólogos de derecha, así como a los formadores de opinión que se jactaban de una objetividad falsa, para justificar el accionar castrense durante la dictadura que, lisa y llanamente, asesinó a 30.000 seres humanos. Alfredo Olmedo pretende llamar guerra a un genocidio por parte de quienes detentaban el poder y las facultades del Estado. Militares que abusaron de su poder para secuestrar, violar, torturar y robar bebés. Olmedo es el mismo que días atrás pidió pena de muerte y castración para femicidas y violadores. Olmedo es la personificación del chiquitaje.

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