Hoy por hoy
Jueves 14 de Septiembre de 2017

Sin corazón

Tal como publicó Diario UNO en su edición del lunes, el 24 de setiembre el grupo de Ramírez Pedalea hará una bicicleteada solidaria a beneficio de los Bomberos Voluntarios de General Ramírez para que puedan comprar un desfibrilador automático que pueda servir para salvar vidas durante alguna emergencia. Aarón Mendoza, el jefe de los bomberos, contó que cuando la agrupación de ciclistas le preguntó de qué manera podían brindar su ayuda, él les planteó la necesidad de contar con este artefacto, tan valioso y útil. Tanto, que hay una ley nacional que especifica la necesidad de la instalación de Desfibriladores Externos Automáticos (DEA) en los espacios públicos y privados de acceso público de manera tal que una persona que sufra un paro cardíaco súbito reciba el tratamiento adecuado, es decir la desfibrilación, según indica la Sociedad Cardiológica Argentina. Se trata de la Ley Nº 27.159 de Muerte Súbita y sistema de Prevención Integral, sancionada y promulgada en julio de 2015.
Sondeando por las páginas de Internet, un desfibrilador cuesta unos 45.000 pesos. Habrá otros modelos con otros valores, pero seguramente no sean tan exorbitantes como para que espacios con asistencia masiva no cuenten con uno para asistir alguna emergencia.
Por eso, cada vez que recuerdo las palabras de Libia Gallo, la mamá de Franco, el niño de 12 años oriundo de Chajarí que fue el primer bebé en el país en recibir un trasplante del corazón y esperaba una nueva intervención que le posibilitara seguir viviendo, me duele la desidia. "Mi hijito se murió porque el Jardín Japonés no tenía desfibrilador ni una ambulancia; no tenían nada para asistirlo. El SAME demoró media hora", me comentó hace ocho meses, con el dolor en el alma de una madre que tuvo que despedir a su único hijo. El pequeño ya había ingresado en la lista de emergencia nacional del Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (Incucai). Mientras su familia aguardaba un nuevo milagro que le diera otra chance, salieron a dar un paseo a este emblemático espacio, harto concurrido de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), donde la entrada general cuesta 100 pesos. Resulta insostenible que no hayan contado con un desfibrilador automático. Es indefendible saber que si existen normativas que obligan a contar con uno, se pasen por alto.
Además de la legislación nacional, en la CABA rige la Ordenanza Nº 4.077/11, que en su articulado exige: "Institúyase, con carácter obligatorio, la adquisición, puesta en funcionamiento y mantenimiento para la correcta utilización de un Desfibrilador Externo Automático (DEA), en los lugares públicos y privados de concurrencia masiva o de alto riesgo en el ámbito de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires". El texto señala: "...las obligaciones establecidas en la presente ley estarán a cargo del propietario, locatario o administrador del lugar, según el caso", y que "los establecimientos comprendidos por esta ley deberán contar, en todo momento de actividad o permanencia de personas, con personal capacitado técnicamente para el uso de DEA, y promover el entrenamiento y capacitación de sus agentes en técnicas de resucitación cardiopulmonar (RCP) básica".
El Jardín Japonés falló en su sistema de contención de salud, y debe haber muchos espacios similares donde quizás se repita esta historia. Evidentemente cuando estas cosas ocurren, es porque también fracasan o directamente se omiten los controles. En este contexto cabe preguntarse si tendrán corazón quienes tienen la responsabilidad de arbitrar los mecanismos para salvar vidas y no lo hacen.

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