Hoy por Hoy
Sábado 11 de Marzo de 2017

Sexies princesitas

Hoy Por Hoy. Opinión.

Si la niña que fui en, digamos 1995, apareciera por arte de magia o de la física cuántica en este vertiginoso 2017, gravísimas dificultades tendría para encajar entre sus pares. Es que hoy las nenas de 10 años se visten de otra forma; y no solo por una mera cuestión de moda, es una cuestión de actitud.
En 1995 la moda para nenas era marcadamente infantil; las medias con puntillas, los jeans rectos y algo sueltos, las poco agraciadas camisas con cuellos bordados y las remeras holgadas no buscaban poner curvas donde no las había. En esa época, aún resonaba el escándalo de la "lolita" Nicole Neumann, quien con solo 12 años era expuesta en pasarelas para el deleite de los pedófilos. En esa época las nenas éramos nenas, no pretendíamos generar suspiros, solo nos interesaba terminar rápido la tarea para ver Magic Kids o salir a estrenar nuestros modernosos rollers por el barrio. Y a las que tenían actitudes precoces les decíamos "agrandadas".
Pero hoy la norma es otra. Se ha impuesto una sexualización cada vez más temprana de la infancia, en especial de las niñas. Un culto al cuerpo y a la estética que va desde el spa y sesión de maquillaje en los cumpleaños de preescolares a inapropiadas fotos subidas de tono en las redes sociales de preadolescentes. En países como el Reino Unido el asunto se ha encarado –con acierto– como un verdadero problema. Es por eso que en 2010 el Ministerio de Educación del gobierno británico de David Cameron encargó un estudio sobre la sexualización y comercialización de la infancia a Greg Bailey, primer director ejecutivo varón de la Unión de Madres de ese país. El resultado fue conocido como el Informe Bailey en el que se explica el concepto de hipersexualización, definido en dicho informe como "la sexualización de las expresiones, posturas o códigos de la vestimenta considerados como demasiado precoces".
Según los especialistas, con este tipo de comportamientos, las menores están dando un salto demasiado precipitado a la vida adulta y ni su cabeza ni su mente están aún preparadas para ello. Es así que nenas –sí, nenas– de 13 o 14 años terminan teniendo un aterrizaje sexual en las que son manipuladas como un objeto por sus pares varones o por tipos mucho mayores que ellas. O, en otros casos, sufren trastornos psicológicos que desembocan en anorexia nerviosa por un insano afán de ser delgadas, como sinónimo de atractivas.
Sobre las causas, el Informe Bailey apunta directamente a un entorno plagado de contenidos de tipo sexual a través de la publicidad, la televisión, la música, Internet e incluso a través de sus muñecas. Lo más alarmante es que a veces son los mismos padres los que fomentan la asunción de estos estereotipos, criando a las nenas como princesitas lindas.
"Antes de querer cambiar al niño, tendríamos que querer cambiar nosotros", dice una de las frases más citadas del psicólogo Carl Jung. Cuando reproducimos estereotipos de género, tomamos por verdades lugares comunes que determinan relaciones injustas entre hombres y mujeres. Estos estereotipos suelen reforzar la idea de que el cuerpo de las mujeres debe agradar a los hombres. Si los mayores de la familia procuran hacer evidente el absurdo de todo esto, es más probable que las nenas entiendan que el cuerpo y la sexualidad no es el centro de sus vidas, ni las determinan.

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