Hoy por Hoy
Miércoles 14 de Junio de 2017

Salir a la calle sí sirve

En octubre de 2016, la policía encontró a Higui desmayada en el pasillo de un barrio del partido bonaerense de San Martín. Un rato antes, una patota de 10 hombres había intentado violarla; entre ellos Cristian Rubén Espósito, que desde hacía años la hostigaba por ser lesbiana. Cuenta la abogada que en los últimos minutos que recuerda Higui -o Analía Eva de Jesús- Espósito le dejó en claro sus razones para violarla: "Te voy a violar para hacerte mujer, forra, lesbiana" y que para eso la tiró al suelo a golpes y patadas, con la ayuda de otros 9 hombres. A punto de ser violada, la mujer de 42 años logró tomar una navaja que traía entre su ropa y entonces Espósito recibió un puntazo mortal. Zafó, corrió y se desvaneció a unos pocos metros; así fue encontrada y luego detenida. El resto de sus atacantes, libres. No hay imputados o acusados por el ataque que sufrió esa noche.

Presa por sobrevivir, por ser mujer, morocha, pobre y lesbiana, esa fue la consigna con la que los movimientos feministas denunciaron y clamaron por su libertad. Con su detención, la Justicia volvió a dejar claro de qué lado está cuando se trata de denunciar la violencia machista: la Policía se burló de ella al hacer la denuncia, aunque estuviera sangrando por haber sido empalada, el juez que le negó su derecho a ver a un médico. A quien sí se escuchó fue a uno de los agresores, que denunció el hecho como una pelea callejera.

El caso pasó desapercibido en los medios masivos, y hasta la intervención del arquero colombiano Rene Higuita -a quien le debe su apodo- apenas si podía leerse la historia en algunas páginas y en las redes sociales. A diferencia de Fernando Farré, el femicida condenado a perpetua por matar de 74 puñaladas a su mujer, a Higui no se le permitió el contacto con el periodismo.

Su libertad llegará hoy, tras meses de reclamos del movimiento feminista argentino que a través de las redes sociales, las paredes y los medios alternativos hizo se oír cada vez más fuerte. Libertad para Higui se transformó en una bandera en cada marcha posterior a su detención y así el caso se convirtió en un caso testigo de lesbotransfobia. Desde la cárcel, hace pocos días, Higui escribió, optimista, que la vida en la cárcel era dura, pero que al menos podía jugar a la pelota.

"Ahora, las mujeres también podemos esperar los juicios en libertad. Nadie reclama por nosotras, salvo los movimientos feministas", celebró la abogada de Higui, Raquel Hermida.

Cuesta pensar en la libertad de Higui, sin el respaldo masivo y organizado de los movimientos feministas y LGBT, que lejos de ser valorados por las luchas, son focos de críticas por cortar el tránsito y por pintar paredes. El caso de Higui es otro triunfo de estos movimientos y demuestra que salir a la calle sí sirve y que cuando las mujeres decimos que "si tocan a una, tocan a miles" no estamos jodiendo.

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