Abuso sexual
Lunes 15 de Mayo de 2017

Opinar, juzgar, actuar

En Concepción del Uruguay ocurrió un caso que conmovió a la comunidad hace poco menos de un mes. Una niña llamada Shakira, de apenas 16 meses de edad, fue atendida en el Hospital Urquiza por lesiones propias de un abuso sexual. Al hacérsele los primeros exámenes médicos se constató que, además, padecía sífilis. Sí, la pequeña tiene solo un año y medio de edad.

La noticia la dieron dos médicas que atendieron el caso y llamaron a los medios de comunicación para dar a conocer el caso, dejando entrever, además, que los organismos oficiales que deberían encargarse de tal situación no habían hecho mucho al respecto.

La respuesta no se hizo esperar. Desde el Copnaf salieron con los tapones de punta defendiendo su actuación ante la acusación que los tenía como principal destinatario. De forma simultánea también salió al cruce la Justicia, ya que ante semejante hecho aberrante, lo primero que se imponía era una investigación judicial que hasta el momento se desconocía si había comenzado o si algún fiscal ya estaba interviniendo.

Provocada así la polémica, las opiniones y acusaciones se comenzaron a cruzar.

Inmediatamente se dieron a conocer todos los detalles del trabajo de la gente del Consejo Provincial del Niño el Adolescente y la Familia (Copnaf). Se sumaron explicaciones y hubo un detallado seguimiento con sus correspondientes informes.

A eso se sumaron los detalles de la fiscalía en turno, que tenía el caso a cargo de peritos médicos y especialistas en estos casos.

Lo curioso es que acto seguido comenzó un duro cuestionamiento a las médicas que dieron a conocer el caso ante los medios, ya que las partes involucradas, señalaban que, antes de ir a los medios, las profesionales deberían haber seguido el protocolo oficial para estos casos que ameritan la intervención inmediata de la Justicia y el resguardo de datos importantes para la investigación.

Lo cierto es que en pocas horas se habían puesto en marcha todos los mecanismos previstos por el Estado para salvaguardar a una niña indefensa de hechos incalificables como estos. Se comprobó que la pequeña no fue violada, pero todavía quedan dudas sobre todas las demás posibilidades de abuso a la que puede haber sido sometida en un ambiente de miseria absoluta, hacinamiento en una casilla donde convive con otros varios varones, más mujeres con sífilis y una precariedad sanitaria y alimentaria total a lo que se sumarían también situaciones de consumo de drogas y otras sustancias.

Hoy la pequeña Shakira está medicada, controlada y protegida en un espacio especial designado en la ciudad de Paraná desde donde se pretende cambiar el destino que parecía marcado para una niña inocente.

Las opiniones y las acusaciones podrán seguir cruzándose para saber quién finalmente tiene razón.

Pero si el futuro de esta niña cambió para bien a partir de esta polémica, sepan todos que actuar, y no ser indiferentes, será siempre el mejor camino, aunque haya sido porque el caso se mediatizó.


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