Hoy por hoy
Sábado 02 de Septiembre de 2017

Mañana de adoctrinamiento

Era una mañana hermosa de cielo muy celeste. Hacía mucho frío y el viento me daba latigazos en las piernas. Tenía 10 años y había llegado a las 7,40, con mi guardapolvo inmaculado, mis medias blancas y sin abrigo sobre el delantal. El uniforme era importante porque llegaba a Paraná el Presidente y no podíamos "estar mal entrazados", nos había dicho la maestra.

Nos dieron banderitas celestes y blancas y nos hicieron parar en el cordón de la vereda con la instrucción de agitarlas al paso de la caravana. Pasaban las horas y el sol alto no alcanzaba a entibiar tanto frío. Los permisos para ir al baño se cortaban con un "Aguantá! el Presidente está por pasar". Para las 11, a lo fisiológico se sumó el cansancio y la inanición.

Cuando los delantales y los ceños comenzaban a arrugarse se sintieron sirenas. Primero pasaron motos, después vehículos camuflados y luego autos largos como naves. En medio del convoy, en un Falcon lustroso, iba un flaco de bigotes y ojos siniestros vestido de uniforme verde con chirimbolos en los hombros. Fue una visión fugaz. El cortejo pasó rápido, irrespetando los semáforos, desde Antonio Crespo hacia el sur por avenida Ramírez y todo acabó. No llegué a agitar mi bandera y me sentí defraudada. El tipo al que esperamos horas con sacrificio espartano, ni siquiera había saludado.

Muchos años más tarde supe que la antipatía no era su peor rasgo, y que había formado parte del Proceso de Reorganización Nacional, una máquina siniestra que había usurpado el poder para imponer un Nuevo Orden de seguridad y mercado para una elite. Que, para llevar a cabo su proyecto había apelado a conceptos moralizantes como "Patria", "Unión", "Dios". Que pedían "sacrificios" como en tiempos de guerra, para sanear "el caos y la corrupción" precedente, a fuerza de terror y represión, usando eufemismos como "Doctrina de Seguridad Nacional", un combo que incluía secuestros, torturas y robo de bebés.

En el momento histórico de mi recuerdo un general (Harguindeguy) era ministro de Educación y había iniciado una reforma que comenzó con los contenidos y siguió con cupos de ingreso restrictivos y otras medidas antipopulares como la exclusión de los estudiantes del cogobierno universitario y el arancelamiento. Los docentes preparaban entregaban los discursos de los actos escolares para la censura previa y eran común las cesantías de quienes tenían "ideas políticas". A las escuelas llegó una circular denominada "Subversión en el ámbito educativo. Conozcamos a nuestro enemigo" que abundaba en "los peligros del Marxismo" y exhortaba a los maestros a "colaborar denunciando al enemigo".

La idea de "buchonear" a profesores "con inquietudes políticas" reapareció por estos días, tras el instructivo para tratar en las aulas la desaparición forzada de Santiago Maldonado, lanzado por Ctera. Presentada como una idea de los padres, la campaña "Con los chicos No! Ctera", da un 0800 para delatar a docentes díscolos. La idea ni siquiera es nueva. En 2012, Esteban Bullrich, por entonces ministro de la gestión Macri como jefe porteño, ya había implementado una línea para denunciar "intromisiones políticas" en las escuelas.

Después de lo de Ctera solo se habló de "adoctrinamiento". El desaparecido y su lucha por la causa mapuche se dejaron de lado para avivar una grieta llena de teorías conspirativas y epítetos cargados de odio.

Pero las aulas no pueden vaciarse de política. La curricula misma expresa una política educativa, en sintonía con el poder dominante. El adoctrinamiento es muy viejo. Delatar es "adoctrinamiento", como la decisión de aquellos que esa fría mañana pretendieron que viváramos a Videla.

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