Caso Maldonado
Lunes 04 de Septiembre de 2017

Maldonado, o un sacudón a la indiferencia

Lo del viernes es una celebración de la democracia, por más que se quiera instalar otra versión de la realidad, por más que se quieran tergiversar los hechos, por más que quieran demonizar esta y otras luchas sociales que reivindican la defensa de los derechos humanos.

La autoconvocatoria atravesó de principio a fin la marcha por la aparición con vida de Santiago Maldonado en Paraná. Las personas que se volcaron a las calles, en su mayoría, no pertenecían a las agrupaciones políticas tradicionales, en torno a un caso que dividió a la opinión pública en gran manera por la influencia de los medios hegemónicos. O estar de un lado o del otro, esa era la consigna, una disyuntiva que quedó bien marcada en las redes sociales. La ausencia de la dirigencia política y de sus principales referentes demuestra a las claras que el discurso del gobierno nacional acerca del uso político del caso resulta al menos inverosímil.

Y en esta línea se inscribe el razonamiento de este suelto, de un ciudadano común como tantos otros, que no le exige a un partido sino al Estado que asuma su responsabilidad en la desaparición forzada de una persona en democracia. Un hecho de grave connotación, solo equiparable en Entre Ríos a lo sucedido con los paranaenses Martín Basualdo y Héctor Gómez en junio de 1994. La incansable luchadora Isabel Vergara de Basualdo, madre de Martín, atacó la desidia judicial y policial, o en otras palabras del Estado, por la impunidad que rodea al caso en el que todas las sospechas apuntan al accionar de la Policía de Entre Ríos. Una periodista que cubría la manifestación interrogó a la mujer "¿Qué hubiera pasado si el acompañamiento de la sociedad sería el mismo que el del caso Maldonado?". Ella se quedó pensando por un momento y contestó. "No sé, pero celebro que estemos acá todos juntos". Pasaron 23 años desde la última vez que fueron vistos, pero nada se supo del paradero de estas personas, lo que revela la negligencia de las instituciones estatales encargadas de la investigación. "No sabemos nada", se limitó a decir la mujer sosteniendo un pasacalles de Santiago Maldonado. ¿Qué habría pasado si esta familia, como tantas otras en el país que claman por justicia, hubieran tenido el mismo acompañamiento popular? Responder a esa pregunta sería hacer conjeturas de dudosa fiabilidad.

Volviendo al pedido por Santiago, no pasó inadvertido en términos numéricos el poder de convocatoria que tuvo la marcha en una ciudad como Paraná, que se caracteriza por la pasividad ante causas de alto impacto social. Esto parece ser un buen síntoma entre tanta indiferencia por lo que le pasa al otro, el que tenemos al lado, al que le damos la espalda. Porque de esto se trata, de poder debatir con madurez pese a las diferencias y que la realización de una marcha no sea motivo de descalificación, cuando de lo que se está hablando es de una grave violación a los derechos humanos. Ni más ni menos.

Lo del viernes es una celebración de la democracia, por más que se quiera instalar otra versión de la realidad, por más que se quieran tergiversar los hechos, por más que quieran demonizar esta y otras luchas sociales que reivindican la defensa de los derechos humanos. Todas las acciones de las personas, desde que tengo uso de razón, persiguen un fin político, eso está más que claro. Nada es más legítimo que el pueblo se exprese, en la calle y con libertad, en el marco de una sana convivencia con otras ideologías. Santiago sigue desaparecido y una familia lo sigue esperando, al igual que todo un país que reclama que el Estado esclarezca el caso.

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