Hoy por Hoy
Jueves 07 de Septiembre de 2017

Los desaparecidos de primera y de segunda

Es la responsabilidad del gobierno de Mauricio Macri aclarar la desaparición de Santiago Maldonado. Es así de sencillo decirlo, porque la sospecha de esta desaparición forzada recae en la Gendarmería Nacional. Si esto se confirma, debería renunciar toda la cúpula de la fuerza de seguridad y la propia ministra Patricia Bullrich. Ante esto hay que destacar la movilización en todo el país para repudiar y reclamar por la aparición de Santiago.

El Gobierno demostró no estar a la altura de las circunstancias, porque primero minimizó el hecho, y ahora no sabe bien qué hacer.

Dicho esto, quiero marcar también que me asquea ver a una parte de la oposición y del propio oficialismo hacer politiquería barata con lo de Maldonado. Y para ello es bueno ver cómo actuaron en el pasado ante hechos similares. Por ejemplo, el kirchnerismo que se sube al palco de los derechos humanos, tuvo a un general como César Milani como jefe del Ejército, y lo bancaron y lo protegieron hasta que las pruebas eran más que evidentes por casos de corrupción y de delitos de lesa humanidad. ¿Qué hicieron con la inexplicable desaparición de Jorge López o a mi entender, el asesinato del fiscal Alberto Nisman? Que nada más y nada menos estaba por denunciar a la entonces presidenta Cristina Kirchner y a varios de sus funcionarios. (Hoy al menos esa acusación nuevamente tomó impulso judicial). Nada hicieron, miraron para el costado.

¿Se rasgaron las vestiduras impulsando marchas? No. Por el contrario, se mandaron a guardar, como dicen los pibes.

El macrismo, que está más ligado a la derecha, no sabe cómo enfrentar o explicar la desaparición de Maldonado, y el kirchnerismo no tiene la autoridad moral para pontificar nada.

Y si hablamos de desaparecidos, por supuesto la gran deuda de la sociedad son los de la dictadura militar, porque el Estado fue el que organizó un sistema represivo para matar personas. En esa línea, estoy convencido de que también tienen el mismo derecho de respuestas, reclamos y exigencias de saber qué pasó con ellos los desaparecidos de la democracia.

Todo homicidio es doloroso, injusto y aberrante, y una desaparición forzada es idéntica de repudiable, en el 76 o en 2009 o en 2017. No hay muertos o desaparecidos de primera y de segunda categoría.

De allí es que brego para que el Estado argentino de una buena vez por todas dé las respuestas por todos, pero sin excluir a nadie.

Y si hablamos de desaparecidos en democracia, en Entre Ríos tenemos una larga lista negra de personas a las que se las "tragó la tierra": desde Gómez y Basualdo; Gorosito, pasando por Fernanda Aguirre, siguiendo con el contador Abib; la familia Gil (cinco integrantes fueron desaparecidos), y Pocho Morales, por decir algunos. Cómo me hubiera gustado ver a todas las fuerzas políticas, sectores sociales de derecha o de izquierda reclamar en las calles con fuerza por cada uno de nuestros desaparecidos, colgando en las universidades o en las bancas de los concejales, diputados o senadores los rostros de las personas que ya no están entre nosotros. Para de esa manera no pensar que lo único que hacen algunos, es solo por politiquería barata.

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