Hoy por Hoy
Domingo 21 de Mayo de 2017

La vida que no se cuenta

Si subiste el parto a Facebook eso es muy difícil de remontar, expresó en una nota periodística la psicopedagoga María Zysman, autora del libro "Ciberbullying. Cuando el maltrato viaja en las redes". Aunque el ejemplo suene exagerado, es sabido que en la actualidad son muchas las familias que registran minuto a minuto su vida cotidiana en las redes sociales, haciendo partícipes a "todos" de momentos propios, íntimos, relacionados con los sentimientos, afectos y pensamientos más profundos.


Desde publicar una foto en Instagram de lo que han desayunado o comido, hasta comentar en Facebook cómo fue la última salida al cine con amigos, todo implica exponerse mucho más de lo nadie hubiese imaginado hace unos años atrás.


La sociedad está ante un cambio de paradigma. En esta nueva era, donde hay tanta exposición, el desafío es encontrar la manera de inculcarles a los niños y adolescentes que la vida privada no se cuenta, sobre todo porque suelen ser los adultos (padres, madres y docentes) quienes hacen un uso no aconsejable de las redes, quienes no dimensionan el peligro que su utilización inadecuada representa.


Semanas atrás un hecho de violencia involucró a dos alumnas de la escuela N° 75 Del Bicentenario, en la ciudad de Paraná y por el cual una de ellas debió incluso ser hospitalizada. La pelea fue filmada por otros alumnos y viralizada, exponiendo a las menores, a quienes les costará mucho salirse del rol de violentas. Se pueden desprender de lo sucedido dos vías de análisis, una es el nivel de violencia que no para de incrementarse, el otro; la falta de repudio generalizado a quien definió subirlo a las redes y la actitud irresponsable de replicarlo.


Hoy todo se publica, se comenta, se critica, se expone y es tan grande el despliegue tecnológico y la oferta social que tienen los chicos con las redes.


Se carcome día a día la línea que divide lo privado de lo público, frente a una necesidad imperiosa de compartir, de ser querido y por sobre todas las cosas aceptado por otros humanos. Es bajo ésta prédica que los cibernautas desnudan por completo sus sentimientos, su parte psicológica, esperando encontrar vaya a saber que reacción del otro lado de la pantalla.


Se valora muy poco la intimidad, priorizando el hecho de que los demás sepan que bien la están pasando, o qué están haciendo. Lo cierto es que no todos merecen que se les regale lo más personal de cada uno, eso lo deben entender los grandes, para poder debatirlo con los más chicos.


De la misma manera que antes se enseñaba a no hablar con desconocidos, a los chicos de hoy se los debe proteger de los peligros en las redes (obvio que no sólo de eso), dejándoles en claro, como primera medida que en Internet hay cosas que están mal, que hay personas que actúan negativamente, que hay mentiras y que deben cuidarse, preservarse tanto ellos como sus familias.


Como se educa con el ejemplo, si se quiere que los chicos aprendan a preservar su intimidad, los adultos deberán revisar su propia exposición a las redes sociales.


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