Derechos Humanos
Viernes 05 de Mayo de 2017

La historia de Clara y Claudio

Clara Fink es un símbolo de la lucha por los derechos humanos en Entre Ríos. El 12 de agosto de 1976 una patota ingresó a su casa de Paraná y se llevó a Claudio, de 23 años, trabajador de Agua y Energía, militante peronista. Desde entonces ella guarda las pertenencias de su único hijo. Conserva su dormitorio, con sus pósters y sus discos, como una forma de tenerlo cerca. Claudio es uno de los 30.000 desaparecidos y por su caso hubo sentencia en el marco de la causa Área Paraná, confirmada en 2016. La Justicia llegó, lenta, de a pedacitos.


Ayer Clarita estuvo en la Plaza 1º de Mayo. Llegó del brazo de sus compañeras de lucha y enseguida salieron a recibirla con abrazos y besos. Se sentó en una silla en el medio de los jóvenes y viejos militantes, cientos de hombres y mujeres que participan en decenas de organizaciones sociales, políticas, gremiales, estudiantiles y de derechos humanos. Desde allí siguió el desarrollo del acto y se dejó fotografiar con un cartel improvisado con cartón que expresaba como un veredicto inapelable de la historia: son 30.000.


Desde aquel día en que se llevaron a Claudio a un centro clandestino de detención y luego a un destino final todavía desconocido, pasaron casi 41 años. Como aquel día, a pesar de los años transcurridos y de las huellas que el tiempo le deja en el cuerpo, ella lo sigue buscando y esperando. Pero cada día de esos 41 años, cada minuto que esa pieza sigue intacta y congelada, los genocidas siguen guardando en secreto lo que hicieron con él, siguen negándole a Clara el mínimo alivio de tener un lugar donde llorarlo y contarle en voz muy baja cuánto lo extraña.


La historia de Clara y de Claudio es la historia de tantos miles y miles que en todo el país fueron hechos desaparecer en el marco un plan ideado y ejecutado por militares y civiles para exterminar a la oposición política y así implementar un modelo económico de exclusión que hoy está más vigente que nunca. El daño irreparable causado a las víctimas y sobrevivientes y el terror sembrado en toda la población merecen una Justicia que no es esta, la que dilata las causas hasta el infinito, desconoce los fallos de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y se contradice a sí misma para liberar a los responsables del genocidio y así complacer las expectativas de quienes hoy conducen el país.

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