Hoy por Hoy
Miércoles 10 de Mayo de 2017

Hombres nuevos

Hace unos días, cuando esperaba el colectivo en la Terminal de Paraná para viajar a Villaguay, en donde las organizaciones sociales expusieron su rechazo a la ley de agrotóxicos, un niño se escondió de su papá que, cuando lo encontró, le dijo: "Si te caés, te pateo en el piso". Era un chico de 10 años, haciendo una travesura, que se llenó de violencia.


El lunes, a la nochecita en calle Chile, una cortada del centro paranaense, un nene escuchó el quejido de su hermanita y le advirtió a su mamá: "Le pica ahí", en la zona genital. La muchacha, joven y morocha, abrigada con una campera negra brillante, le respondió gritando: "Me tiene repodrida, siempre se queja por algo". Los dos nenitos tuvieron una lección rápida para aprender a responder con desprecio y agresividad.


Como sociedad tenemos que ponernos de acuerdo para educar a los niños con ternura, porque en líneas generales estamos jodidos.


Deberíamos firmar un pacto social en donde queden algunas reglas claras. Partiendo de la base que hoy los hombres matan a las mujeres por cuestiones culturales que se internalizaron en el pasado, llegó la hora de comenzar a cambiarlas.


Los hombres tenemos que leer y escuchar los reclamos para entender lo que están viviendo las mujeres.


Si bien no alcanza y falta muchísimo, por lo menos hoy se habla de algunas agresiones que antes eran avaladas por nuestros abuelos. No tenemos que acercarnos y decirles de cerca que está rebuena. Eso es violencia, acoso.

Hace unos días Paula Eder escribió en esta misma columna "Avisame cuando llegues", un textode opinión que debería convertirse en una campaña pública para concientizar. Ella describió algunas situaciones diarias, y una de las que podemos solucionar rápido es la del colectivo.

Flo, una chica que estudia en Santa Fe, escribió en su muro que en el cole que toma para llegar a la Terminal viajó con la bragueta de un pibe en la cara. Basta, viejo. Hay que entender que cuando dicen no, es no y listo. Se terminó.


Es más, hoy ya sabemos que hay palabras que duelen y no debemos usarlas. También tenemos actitudes y gestos que podemos cambiar para dejar de convertirnos en potenciales violadores.


El movimiento feminista en Argentina es una flor que crece entre la basura de Trump y la ultraderecha mundial. Nuestra obligación es estar a la altura de las circunstancias y acompañar el crecimiento para defender la ilusión de vivir en una sociedad más justa.

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