Tecnología
Viernes 14 de Julio de 2017

En ese sentido

La ciencia y la tecnología ya encontraron la manera de reproducir el aspecto y el sonido del mundo real con altísima precisión; incluso han llegado a recrear la sensación táctil que implican algunas experiencias. Tenemos simuladores de vuelo, lentes de realidad virtual, joysticks que tiemblan. Tenemos hologramas para revivir a Michael Jackson. Sin embargo, la experiencia de la realidad virtual ha relegado un sentido: el olfato artificial aún está fuera de nuestro alcance.

Dicen los científicos, que de los cinco sentidos, el olfato es el más desconocido y también el más primitivo, el más directo, el que más recuerdos evoca y el que más perdura más nuestra memoria. Me pregunto, entonces, cómo afectará al futuro este bache en la experiencia sensorial, si nuestras actividades están cada vez más atravesadas por los dispositivos tecnológicos.

El primer intento de resolver este dilema fue en 1960, con el experimento Olorvisión de 1960. Que consistió en liberar 30 olores en una sala de cine, sincronizados con determinados momento de la película que se proyectaba. Solo una película -Scent of Mistery (El olor del misterio)- llegó a emplear el sistema, y fue un fracaso. En adelante han sido 60 años de decepciones.

En la última década, al menos una vez por año, llega una noticia desde Silicon Valley diciendo que esta vez sí, que lo están logrando y al final siempre es mentira. Siempre es un "dispositivo en fase de prueba que solo se consigue en Japón" o una aplicación que solo funciona en el último Iphone, pero ¿quién va a Japón? ¿Quién tiene ese teléfono? Nunca es para nosotros, nunca es algo que se pueda conseguir en el Bazar Yes. ¿Por qué nadie quiere saber nuestra opinión?

Yo creo que se están haciendo los boludos. Creo que añoran un mundo frío, plateado e inoloro, donde la huella de lo subjetivo sea cada vez más imperceptible. Quieren convertirnos robots, porque ¿qué otra cosa más que un robot es una persona que no viaja a la cocina de su abuela cuando siente el aroma de la albahaca fresca? Vivir en los aromas para morirse menos, para transformarse en algo hermoso.

No falta mucho para que todo acabe siendo una pantalla y no parece haber solución. Me desespera un poco pensar que a los bebés que están naciendo hoy no les dirá nada el olor a cuaderno sin estrenar, que no sentirán nada en la panza cuando huelan una cartuchera con lápices recién afilados. ¿Cómo se van a conectar con aquello que no tiene palabra ni forma? ¿Cómo viajarán al pasado los niños del futuro?

Nadie suspira profundo al llegar a casa para sentir el olorcito al wifi recién reseteado. Nadie le pide a su hijo adolescente que se saque el whatsapp y lo deje la puerta antes de entrar, para que se ventile.

Todo indica que en el futuro, las conversaciones más trascendentales de nuestra vida llegarán a través de un audio de whatsapp, y que las vamos a perder, sin más, cuando nos quedemos sin espacio en la memoria del teléfono; que hacer un gol en la Play puede dar tanta alegría como hacerlo después de atravesar un campo de césped húmedo, aunque se guarde en ese relieve tan sutil en el que imprimen las vivencias modernas, ahora que no huelen a nada.


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