Tragedia en el recital del Indio
Lunes 13 de Marzo de 2017

En el reino de la improvisación

Lo que sucedió en la noche del sábado y la madrugada de ayer en Olavarría con el recital del Indio Solari, refleja una vez más que en la Argentina reina la inoperancia e improvisación, y que todo queda siempre supeditado al interés económico de algunos pocos. La tragedia no fue mayor porque Dios estuvo de turno. Hay dos muertos, 12 heridos y una región totalmente colapsada. No me interesa si el nacido en Paraná ganó 160 millones de pesos, sí creo que a él como a los organizadores se les escapó la tortuga.

Olavarría tiene 120.000 personas y de golpe les cayeron cerca de 400.000 fanáticos. Imposible que resistan los hoteles, bares, terminal y hospital. Estuvo muy cerca de convertirse en un Cromañón. Fallaron todos los controles y no hubo previsión de nada. Una verdadera locura.

Recuerdo lo que pasó en Gualeguaychú hace tres años con una misa del Indio, y si bien a grandes rasgos todo salió más o menos bien, hubo gente borracha y drogada que se perdió por varios días y semanas, entre otras secuelas normales para algunos y anormales para muchos.

Solari, al igual que otros artistas eligen determinadas ciudades sencillamente porque no les cobran ningún tipo de tributo, ni local ni provincial por el megaevento. Es decir, son capaces de levantar un escenario sin prever si están dadas las condiciones mínimas o máximas de seguridad.

Después pasan las tragedias y todos se lavan las manos. Desde la organización, la Intendencia, las fuerzas de seguridad, ni hablar del artista. Pero, ¿esto se pudo haber evitado?, y claro que sí. Al lugar, se informó, se lo había habilitado para 170.000 almas, ¿por qué entraron 350.000? La organización, ¿cuántas entradas vendió? ¿Quién controló? Nadie. Y el final esperado en un mar de bebidas alcohólicas y todo tipo de drogas son las avalanchas fatales.

En Olavarría los incidentes con muertos y heridos se registraron en un predio privado, por lo que alguien deberá responder.

Una verdadera pena, porque el artista también puede ser una víctima, pero no se dio cuenta o no quiso darse cuenta de que para manejar semejante cantidad de personas no solamente se exige prohibir el ingreso de medios o cámaras para no mostrar el descontrol total. Para repensar por una vez más en serio en esta Argentina llena de improvisaciones. Que no pase otro Cromañón y que nos sirva de experiencia. Ojalá así sea...


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