Hoy por hoy
Sábado 22 de Julio de 2017

En el fútbol falta sincerarse para poder aprender

Todos hablan del nuevo formato de la Superliga del fútbol argentino, con una mejor organización desde lo deportivo, mejor reparto desde lo económico y una mayor transparencia institucional. Sin embargo, desde hace algunos días vuelven las amenazas de no arrancar el torneo hasta que los clubes se pongan al día. Viejos males que siguen siendo moneda corriente por estos tiempos y que desnudan a la dirigencia en su conjunto.
Habrá que buscar en otros deportes para mejorar o respetar los reglamentos para de una vez por todas salir de esta cruel realidad que pone el jaque al fútbol doméstico.
En la elite del básquetbol argentino, por ejemplo, los clubes deben presentar libre deuda de jugadores y cuerpo técnico para poder afrontar la próxima temporada, de no ser así no juegan. Clarito como el agua. Además, en el rugby las sanciones son severas y ejemplificadoras. El objetivo es concientizar, educar y formar a deportistas más sanos y más honestos.
En el fútbol hay mucha trampa y todo está avalado. Ganar con un gol con la mano se disfruta más. Ni hablar de las simulaciones en el juego, los artistas del penal o aquellos tribuneros que solo buscan congraciarse con los hinchas reclamando tarjeta para todos.
En los técnicos también hay miserias. Desde el viejo recurso de las faltas tácticas, hasta el clásico análisis pospartido donde sostienen con discursos innecesarios que merecieron ganar, que los perjudicaron o en su relato desmerecen lo hecho por el rival de turno.
Los árbitros, los dirigentes y los periodistas también forman parte de este gran negocio. No están ajenos a este problema estructural.
Se llame como se llame el nuevo torneo, con 20 o 30 equipos, con más o menos plata, hay que saber que se necesitan cambios de fondo. Es necesario hacer un fútbol más sano, más limpio y más serio para el bien de los que lo practican, de los que disfrutan y desde luego de los simpatizantes, que cada vez están más aturdidos y solo les importa ganar como sea, a cualquier precio. Pobre fútbol.

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