Bullying
Jueves 28 de Septiembre de 2017

El reino del revés

Este lunes se dio a conocer a nivel nacional el caso de una pequeña de tan solo 9 años que intentó quitarse la vida por medio de la ingesta de pastillas somníferas de su madre en Santa Fe. Un hecho preocupante teniendo en cuenta que se trata de una edad donde se supone que el juego, la familia, las tareas y los compañeros de aventuras son lo único que importa.

Pero no es así. Por el contrario, vivimos en un país donde muchos de nuestros pibes se enfrentan día a día a situaciones mucho más complicadas y dolorosas que estas. Particularmente, lo que perturba a esta pequeña y no la deja dormir por las noches, es el bullying, el que sufre de parte de sus compañeros que la discriminan por su peso, por su cabello, su color de piel y su forma de vestirse.

"Nunca me imaginé que podía pasarle una cosa así, ella es una niña muy extrovertida, le gusta disfrazarse y reírse", dijo su mamá a los medios de prensa. Los interrogantes a partir del caso son demasiados, pero uno de los más inquietantes es: ¿de dónde incorporaron sus compañeros comentarios dañinos semejantes? Sabemos que el acoso escolar no es algo nuevo y que cuando los adultos de hoy éramos estudiantes también ocurría; pero evidentemente las edades han disminuido considerablemente, ya que los cruces entre alumnos solían aparecer en el Secundario, no el 3º grado y menos en ese nivel de agresividad.

La segunda pregunta que sobresale ante el caso tiene que ver con los "alertas" y el bajo grado de atención que se dedica a las relaciones entre los chicos: ¿cómo puede darse en un ámbito educativo tal nivel de violencia infantil sin que los docentes lo adviertan? Evidentemente estamos ante un sistema educativo que falla o que está llegando tarde. Si bien hay carreras de formación docente que han incorporado en los últimos años la materia Bullying a sus programas, nadie habla de sumarlo a las aulas, donde aparece justamente este tipo de acoso sostenido.

Sabemos que gran parte de la responsabilidad corresponde a los padres de los menores que cometen el bullying, pero otro tanto les cabe a las instituciones educativas que dejan solas a las víctimas ante la ignorancia de lo que sucede. La mano tendida de mamá, de un hermano o de un compañero que advierte a la maestra sobre lo que se está sufriendo, parece ser la única forma de liberar ese dolor que ocasiona el acoso escolar. Sin embargo, el rol fundamental de las escuelas es poder prevenirlo.

En tiempos en que nuestros legisladores a nivel nacional se encuentran debatiendo una nueva Ley de Educación, sería bueno que se tuvieran en cuenta estas falencias del sistema actual. El primer paso, como siempre, empieza por uno mismo y por preguntarnos: ¿Qué país le estamos dejando a las futuras generaciones? ¿Nos detenemos a escucharlos, a observarlos y a darles lo que piden a gritos? ¿O simplemente nos dedicamos al celular y a la agenda diaria?

Por el momento, estos llamados de atención hablan de que nuestros niños y adolescentes viven en el Reino del revés, pero no el que describe la canción María Elena Walsh, sino en el de la sociedad que les tocó: "Patas para arriba".


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