Consumo
Miércoles 19 de Abril de 2017

Dieron pelea al consumo y dicen cómo les fue

Cuentan que antes de realizar una compra hay que pensar al menos 10 veces si es necesario el objeto o servicio por adquirir. Así, al parecer, se despejan todas las dudas y el comprador acaba por gastar el dinero en lo que realmente le interesa. La regla, básica por cierto, es la clave del ahorro, aquí y en cualquier lugar del mundo. En las últimas décadas tal norma social se desdibujó y ya pocos la recuerdan. En blanco y negro aparece el hábito del padrino regalándole a su ahijado una libreta de ahorro para inspirarle el concepto de austeridad desde pequeño. Un par de periodistas llevaron las cosas a un extremo, el de no comprar nada (o casi) con la intención de estampar en un libro las conclusiones de tal proceso, que duró un año.

Así vio la luz la obra Deseo consumido de Soledad Vallejos y Evangelina Himitian. Cuentan en una entrevista publicada ayer por la agencia de noticias Télam que se consideraban consumidoras promedio, que no tenían adicción a las compras, no se definían como acumuladoras. En ese contexto Himitian definió: "Cuando empezás a investigar te das cuenta de que todo depende de con quién te compares. Si nos comparamos con la situación de nuestros padres, sin ir más lejos, probablemente sí seamos acumuladores". Como sea, ambas mujeres renunciaron a la tentación que ofrecen las promociones y se limitaron a comprar lo estrictamente necesario.

Acerca de las repercusiones de su iniciativa, Vallejos aportó: "A alguna gente le pareció utópico, a otros sin sentido. Nuestra propuesta no tiene que ver con militar el ajuste. Lo nuestro partió de una decisión personal y por lo tanto es distinta la carga de quien decide no comprar algo, de quien necesita comprar y no puede o ve que su salario está embargado y no puede comprarse nada". Cuentan que su plan nunca fue desafiar al sistema comercial de consumo; explicaron que más bien se trató de un emprendimiento personal para tratar de comprender cuál era verdaderamente su relación con los objetos.

Acerca de las conclusiones, Himitian precisó: "Vimos que el tema de las promociones nos cambiaron como consumidores. Debido a que la inflación toma cada vez más parte del salario, entonces reaparece esta noción de que no tiene sentido ahorrar, sino gastar por la pérdida de valor de los ahorros. Entonces el club del descuento, que fue una salida a la crisis de 2001 para reactivar el consumo interno de la mano de las promociones, nos volvió promodependientes y cambiamos la noción de ahorro por la de descuentos, entonces ahorramos gastando. Pero comprar lo que uno nunca necesita no es un ahorro".

Incluso arribaron a una cuestión que definieron casi como una certeza; que las promociones y las ofertas cambiaron el modo de ver la relación entre el dinero de las personas y las cosas a las que cada uno aspira. Y determinan que acumular cuotas es el camino más directo hacia la imposibilidad de pagar el total de la cuenta. "Y es allí, entre otras estrategias, cuando los bancos más ganan" -indica Vallejos- para completar: "El efecto del descuento es mucho más psicológico que económico, pero es como si necesitáramos que nos dieran una buena excusa, una coartada para comprar eso que queremos y, a la vez, sentir que estamos haciendo un importante ahorro".



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