Hoy por Hoy
Martes 13 de Junio de 2017

Día del escritor

Este día 13 de junio se conmemora en la Argentina el Día del Escritor, coincidente claro con la fecha del deceso nada menos que de Leopoldo Lugones. Largo sería mentar los dones del mismo, su obras, entre ellas La vida de Sarmiento, de Roca o sus Ensayos Helénicos. Incluso me mira ahora desde el estante el Romances del Río Seco, donde narra con tanta belleza la decapitación de nuestro Pancho Ramírez. Pero también es Lugones controversial, quizás a partir de su adhesión al golpe de 1930 que disminuye su estatura cívica.

Pero el bello arte de las letras excede con creces la figura del escriba. Por cierto, es Entre Ríos la cuna hacedora de poetas y narradores, cuyo surco señero es un abanico interminable de posturas ante la vida y las cosas. Manauta, María Esther de Miguel, Golz, Juan L. y Sadi Grosso. Llaman a la puerta Guillermo Saraví, Gervasio Méndez y Olegario Víctor Andrade. No se ausentan Salvarezza, Romani ni tampoco Marcelino Román. Allí están Gerchunoff, Mastronardi y la hermosa Ana Teresa Fabani. Hacen juego Evaristo Carriego, Isidoro Blaisten y Emma Barrandeguy. Cientos, cientos de escritores es lo que podríamos mencionar como sinónimo de Entre Ríos.

Trabajar el sustantivo, acondicionar los adjetivos y modular los verbos. Captar. Transmitir. Sensaciones irrepetibles y por eso especiales. La idea. Y esa sensación perenne de plasmar en letras cosas que pasan. Eso es parte del universo del escritor.

Desde Hesíodo hasta Hesse, desde las inscripciones pictográficas hasta Gutenberg o desde Baudelaire hasta Tuñón el hombre siempre ansía contar lo que pasa, decir lo que ve y expresar lo que se imagina. Es esa la tarea del escritor, la de impedir que gestos bellos e historias impensadas tengan el despectivo mote de pasajeras. Transformar en letras lo inasible, concretar el poder de mutar la nada en belleza y las crónicas en historias.

La belleza es universal y para todos. En la forma que busque y posea, siempre es para todos. Tal vez por eso, solo los dictadores y los miserables estén convencidos que destruyendo libros se eliminan los pensamientos de los poetas y los escritores. Como en Alejandría, como en el Proceso.

Aun así, a pesar de ello, la potencia de la palabra subsiste por sobre las sinrazones. Como dijera alguien por allí: "Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera".

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