Cultura
Jueves 03 de Agosto de 2017

Desagravio a la bebida gaucha

Una columna escrita desde el corazón reivindica al mate como tradición de nuestra cultura

El mate es una de las tradiciones más hondas de la humanidad. Nosotros la conocemos un poco mejor que otros pueblos porque aquí es una práctica habitual, diaria, viva, y siempre remozada. Carlos Salvador Bilardo, un médico de fama en el fútbol acaba de agraviarnos con una cadena de guarangadas, de las cuales suponemos que se habrá arrepentido ya, sobre esta tradición. Y coronó su atropello afirmando sobre las propiedades del mate que en la facultad no se las enseñaron.

Es un ejemplo del menosprecio y la discriminación negativa que la ignorancia arrogante desata sobre lo que no conoce, y como no conoce, entonces ataca y destruye, en vez de hacer silencio y escuchar.

No acusamos a Bilardo. Lo vemos, sí, expresión del etnocentrismo racista occidental que tantos males ha causado. Lo suyo no fue un derrape, fue un sinceramiento.

Occidente atacó durante 500 años a Abya yala (América) y África, por nombrar a dos de sus víctimas de genocidio, ecocidio y epistemicidio.

El genocidio es la eliminación sistemática de los pueblos, el ecocidio la eliminación sistemática de las manifestaciones de la vida, y el epistemicidio la eliminación sistemática de las diversas vías del conocimiento.

Occidente atropella para establecer su "color", su capital, sus especies "útiles", sus creencias convenientes, sus modos de conocer, y deja lo distinto en el desprecio, la invisibilidad, o en el mejor caso un escalón abajo. Sus biblias a la imprenta, nuestros códices a la hoguera.

Suponemos que Bilardo no ha querido agraviar. Pero su fama difunde mucho sus palabras, y su profesión de médico le confiere alguna responsabilidad mayor, por eso decidimos este desagravio, ya que quizá la edad le ha soltado la lengua nomás, para decir lo que piensan él y otros.

El mate se conoce por caminos que Bilardo no frecuenta. La medicina curativa occidental, especializada, fragmentaria, en que abrevó este médico puede caer en las antípodas de la mirada integral, de cuenca, que sí permite atender las condiciones excepcionales del mate. El estudiante corre ese riesgo si no se abre a otras brisas.



El mate y la Pachamama



Pertenecemos a una cultura milenaria tejida en torno del mate, como alrededor de los principios de comunidad, complementariedad, reciprocidad, armonía del humano en su entorno. Si es para lo individual, para ganar, competir, comprar, excluir, el ámbito más apropiado es el casino, o el banco. Pero el fútbol, pasión de Bilardo, tiene mucho de comunidad y solidaridad, y sin ninguna duda el mate ayuda allí mucho más que los alfileres y las pastillas.

Por el mate, el humano tiene una conexión esencial con el suelo, con la Pachamama. Con el mate las cosas no valen en pesos, se miden en amistad. Las hojas de la yerba y sus raíces simbolizan el enlace directo con ese mundo mineral y vegetal del que formamos parte.

Bien ha relatado Gonzalo Abella aquellas originarias ruedas de los pueblos de la selva en que el primer mate convoca a los espíritus de nuestros antepasados, de modo que de entrada nomás pasamos a un mundo venerable que no permite el macaneo.

En las comunidades del mundo hay muchos modos del vivir bien y bello, en armonía, y el buen convivir, y muchos modos de conocer. Nuestra comunidad gira en torno del mate, sea para el conocimiento hondo, la serenidad, el encuentro sincero, el abrazo, el diálogo con el hermano, el diálogo con uno mismo. El mate es salud, salud integral.

"En tu pancita verdosa cuántos paisajes miré/ cuantos versos hilvané mientras gozaba tu amargo/ cuantas veces te hice largo y vos sabías porqué", dice el poeta.

Está en la cultura. No importa si en lo individual lo tomamos o no: las yatay pintan a Entre Ríos aunque yo no viva bajo una palmera.

No vamos a enumerar propiedades que podría conocer el médico. Habría que apuntarle, sí, que cayó en la censura de tiempos coloniales, de cuando se decía que el diablo metía la cola en saberes que no fueran los de Europa.

Diremos sí que el mate está en nuestra vida, en nuestra lengua, en nuestras asambleas; es biodiversidad y cultura a la vez, campo y ciudad, jubilación y estudiantina. Amaro Villanueva le dedicó una vida a conocer su centralidad, y está todo por decir del mate como ventana al mundo de los adentros y afueras sin tapiales.

¿Cuántos años conviviendo con el mate? ¿Cinco mil? ¿Diez mil? ¿Y un médico no lo sabe? ¿Qué tendrá para decir la facultad que le dio la graduación, y lo colocó un escalón arriba?

¿No habremos tomado mate aquí hace miles de años mientras jugábamos a la pelota, en el mundo guaraní? ¿No habrá una simbiosis entre el mate y la pelota que podríamos explorar, mientras compartimos unos amargos sin prohibiciones?


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