Hoy por Hoy
Sábado 29 de Julio de 2017

Corazones conectados

Por estos días tomó repercusión a nivel nacional el caso de Alejandro Lulo Benítez, un entrerriano oriundo de Larroque que decidió hace casi un mes donar parte de su hígado para salvar la vida de su sobrino bebé. El pequeño Milo, apenas a 48 días de haber nacido, fue diagnosticado con una grave patología cuya única posibilidad de poder combatirla era por medio del trasplante. Si bien la operación fue todo un éxito, el muchacho reconocido por su pueblo por ser goleador del Club Central Larroque, pasó días de muchos nervios, miedo y sensaciones encontradas que finalmente dieron resultados positivos y la felicidad que lo inunda hoy no tiene precio. Gracias a que se convirtió en un tema nacional, Lulo es hoy un héroe para todo un país, que supo reconocer el enorme gesto que tuvo y asegura: "Como donante me siento hoy muy satisfecho".

Otra de las frases que el entrerriano destacó al justificar su decisión, más allá de su amor por Milo, fue: "Es muy desesperante ver gente esperando un órgano", eso seguramente fue lo que también sintió el pequeño Alejo de Puerto General San Martín, que a sus 8 años decidió donarle médula a su padre que padece leucemia. "Te extraño, ya vamos a estar juntos", le dijo el pequeño a su papá Rodolfo Ferrero de 27 años.

Dos casos sumamente emotivos que conmovieron a todos esta semana y que promovieron la opinión de algunos especialistas. En diálogo con el doctor Martín Cuestas, director del Cudaio en Santa Fe, el profesional de la salud especialista en trasplantes indicó que este tipo de donaciones solo pueden darse entre familiares de lazo directo y que en vida pueden realizarse los trasplantes de un riñón o parte de nuestro hígado y pulmón. Si bien reconoció notablemente el gran gesto de amor que significa la decisión de donar parte de nuestros órganos vitales a un ser querido que lo necesita (incluso sostuvo que él mismo lo haría), lo ideal sería que esto no tuviera que pasar. Con esto se refiere a que, si todos los argentinos manifestaran su voluntad como donantes en el Incucai, el gran número de pacientes en lista de espera nacional podría obtener sin esperar tanto (en muchos casos se llega a la muerte) el órgano que necesita, ya que la compatibilidad se podría dar fácilmente con un paciente cadavérico como ellos sugieren.

Si bien estas historias de vida se convertirán en recuerdos inolvidables para muchos argentinos y todos aplaudirán de pie siempre a estos corazones gigantes, el mensaje también tiene que ser el de reivindicar la lucha de la donación posmortem. Allí no hay sensaciones, ni nombres ni lazos sanguíneos, solo importa el hecho de salvar una vida con el último suspiro.

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