Tecnópolis en Paraná
Martes 20 de Junio de 2017

Ciencia en Paraná

La curiosidad de los chicos, y el interés de los grandes. Ambas cosas sintetizó durante estos días Tecnópolis Federal, con un movimiento en la ciudad y en la región tan inédito como irrepetible.

Sembrar conocimiento para cosechar futuro es su mejor legado, o pretensión.

Y con la muestra, el interés científico volvió a apostarse a la vera del río Paraná, sobre las barrancas.

Así como decenas de miles de personas observan durante estos días ese pasado de dinosaurios en el mundo, dos siglos antes, expediciones de científicos, geólogos y naturalistas llegaron hasta la costa de la capital provincial atraídos por las barrancas y los sedimentos acumulados en su interior.

Charles Darwin fue uno de ellos, y parte de su aporte a la ciencia estuvo expuesto en la sede Santa Fe de Tecnópolis. También, en el siglo XIX, estuvieron en nuestra costa Alcides D'Orbigny, Augusto Bravard, Germán Burmeister, Adolfo Doering y el paleontólogo argentino Florentino Ameghino, entre otros.

La carpa donde se emplazó a la sala de Paleontología en el Puerto, invita a recordar también esas otras experiencias, esas observaciones y esos aportes que científicos del mundo pudieron realizar a la humanidad.

Por eso es pertinente recordar que Paraná y Entre Ríos fueron parte de estudios que permitieron evolucionar a las teorías científicas: la fisonomía sui generis de las barrancas, por sus singulares características geológicas, generaron un notable interés y atractivo en el estudio de materiales, transformaciones y evolución de tierra y fósiles a partir de los sedimentos acumulados que especialistas ubicaron como correspondientes a un ingreso marino desde el océano Atlántico, de aproximadamente 15 millones de años, y que formó el denominado Mar Paranaense.

El historiador César Blas Pérez Colman, en su libro Paraná 1810-1860 Los primeros cincuenta años de la vida nacional, recuerda que las primeras observaciones geológicas en la zona fueron de los jesuitas de la Compañía de Jesús, y luego de Don Félix de Ázara, en el siglo XVIII.

Pero tal vez la visita que más sobresale es la de Charles Darwin, en 1833 –mientras recorría el mundo a bordo de la goleta Beagle–, que le sirvió para recoger numerosas observaciones sobre la variabilidad de las especies y que reprodujo en su libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo.

"Me detuve aquí cinco días y me dediqué a examinar la geología, que era verdaderamente interesante. En la base de los riscos hallé lechos que contienen dientes de tiburón y conchas marinas de especies extintas, y de esos lechos se pasaba ascendiendo a una capa de marga endurecida, que a su vez degeneraba en la tierra arcillosa de las pampas, con sus concreciones calcáreas y huesos de cuadrúpedos terrestres", refiere acerca de la conformación de las barrancas. Y acotó: "En el depósito pampeano de la Bajada encontré la armazón ósea de un animal gigantesco parecido al armadillo, cuyo interior, cuando se secó la tierra que contenía, remedaba la forma de una caldera, y también hallé dientes del toxodón y mastodonte".

El relato sobre esta presencia, así como el aporte de Paraná para la investigación y evolución de la ciencia, vale también como modo de mostrar y explicar que la ciencia está más cerca de lo que creemos, y que también la historia de la región tiene mucho para contarnos.



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