La Provincia
Sábado 15 de Agosto de 2015

Hora de abrir el paraguas

Luciana Actis/ De la Redacción de UNO
lactis@uno.com.ar

Aunque no soy para nada asidua a los eventos multitudinarios, hace dos años decidí ir a la Fiesta de Disfraces. Nacida y criada en Paraná, me parecía una especie de falta el no haber experimentado ni una sola vez el ritual anual que –le guste a quien le guste– otorgó una marca registrada, un rasgo identitario a la capital entrerriana, históricamente opacada por los carnavales y demás atractivos turísticos de la costa del Uruguay.
La experiencia fue bastante buena, pero no pienso repetirla. Joaquín Sabina dice que “al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”. Más allá de eso –y en honor a la verdad– significa un esfuerzo económico, mental y físico que no quiero volver a realizar. Y no deja de asombrarme ver que miles de personas sí tienen el tesón suficiente para reiterar tales esfuerzos desde hace más de una década. Gente que año tras año prepara un disfraz con esmero, dedica una mañana a conseguir entradas, se organiza en grupos y peregrina hasta los confines de la ciudad con la logística que todo ello implica. Porque –sostienen– la Fiesta de Disfraces les permite ser lo que quieren ser, aunque sea por una noche.
Dejando de lado las objeciones que tal afirmación puede despertar –ser y parecer están casi en las antípodas–, hay que reconocer que no existe evento en la región que despierte tantas pasiones y expectativas.
Justamente, la postergación de la fiesta por cuestiones climáticas exaltó a quienes ya tenían todos los detalles fríamente calculados, listos para asistir. La bronca se hizo sentir en twitter, facebook, y demás. Pareciera que “ser” Jack Sparrow por una noche y corretear a diablitas con el sable corvo vale demasiado la pena; incluso, a riesgo de morir electrocutado en un lodazal.
Por otra parte, hay que señalar que la decisión se hizo esperar. Mientras las intensas lluvias arreciaban, mientras en provincias vecinas se inundaban ciudades enteras, los organizadores aún continuaban enfrascados en el dilema y la gente seguía haciendo reservas hoteleras. Ya en años anteriores las lluvias de agosto pusieron en jaque el evento y la concurrencia terminó chapoteando en el barro. Entonces, quizás sea hora de abrir el paraguas o, mejor aún, repensar la fecha.  

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