La Provincia
Lunes 02 de Mayo de 2016

Historias que preserva la ciudad de los muertos

Descubriendo Paraná. Un recorrido guiado por el Cementerio de la Santísima Trinidad de Paraná. Símbolos, nombres y mármoles que preservan 190 años de historia, un museo a cielo abierto que interpela a los paranaenses

Luciana Actis/ lactis@uno.com.ar
De la Redacción de UNO


La palabra cementerio viene del término griego koimetérion, que significa dormitorio, porque –según la creencia cristiana– los cuerpos dormirían allí hasta el día de la resurrección. Un eufemismo esperanzador ante el ineludible final de los mortales.

El Cementerio de la Santísima Trinidad de Paraná es un dormitorio de siete hectáreas que recibe cuerpos para su descanso final desde el 8 de marzo de 1826. Y con cada despojo una historia que –en algunos casos– el arte funerario y la arquitectura se encargaron de preservar.

El sábado casi medio centenar de paranaenses tuvo la oportunidad de conocer algunas de esas historias pero, sobre todo, apreciar un poco mejor el museo a cielo abierto que encierra entre sus muros el predio ubicado en Perú al final.

Fue en el marco de la segunda recorrida por el cementerio organizada por el Museo de la Ciudad y la Asociación de Amigos del Museo Histórico Martiniano Leguizamón.
El arquitecto Carlos Menu-Marque, quien desde hace años viene llevando a cabo una intensa actividad tendiente al rescate del patrimonio histórico de Paraná, fue el guía que condujo a los presentes entre los pasillos –a veces amplios, otras estrechos– de la memoria.

El sol tibio y radiante de la tarde contrastaba con los mármoles gélidos y las expresiones resignadas de los ángeles. El murmullo de la gente, que entre mates y cámaras fotográficas escuchaba el relato del guía, opacaba los fúnebres rastros de la parca.

El recorrido fue ameno, pues la impronta no pasó por desenrollar un imposible catálogo de fechas, nombres y estilos arquitectónicos, sino usar estos datos para pintar los diferentes escenarios políticos y sociales por los que atravesó la capital entrerriana durante los últimos 190 años. El cementerio es el único testimonio físico de la Paraná colonial y la evolución en sus postrimerías.

El primer punto de interés estuvo fijado en el panteón de los Rosenbrock, familia de rancio abolengo en Paraná, símbolo de la oligarquía agroexportadora. La construcción neoclásica ostenta varios símbolos religiosos y funerarios grabados en el mármol, dispuestos para ser leídos desde abajo hacia arriba: el crismón que identifica a un cristiano, un lienzo que pende de tres perchas –representación del nacimiento, la vida y la muerte–, los querubines que lo recibirían en las puertas del cielo, las vasijas que contienen la flama de la vida eterna y, coronándolo todo, un ángel anunciador que espera al difunto.

“En ningún cementerio de ninguna ciudad, nada es al azar: todo quiere decir algo”, explicó Menu-Marque.  De esta manera, los asistentes pudieron ver el “hormiguero” de Isasi, un panteón único en el país –diseñado por Santos Domínguez y Benguria. La construcción despojada de religión constituye un digno descanso final para un masón. También se destacó la simbología masónica del panteón de Raffo, con un temible Cronos sentado sobre el dintel de la  puerta, presto a devorar a sus hijos.

Así, el recorrido continuó con una historia de amor plasmada en el ángel que custodia la cripta de Ángela Brugo de Mayer; pasando por la tumba de Edward Young Haslam –bisabuelo de J.L. Borges–, plantada junto al paredón original de la necrópolis, cual testimonio de la intolerancia religiosa; y visitando el núcleo histórico del cementerio, con el panteón de la familia Rams y Rubert, que supo albergar los restos del virrey Santiago de Liniers.
Entre anécdotas y mármoles, la visita concluyó en el viejo panteón municipal construido en 1918 para alojar a la incipiente clase media, inmigrantes que llegaban a Paraná a hacerse la América.
El sol otoñal comenzó a ocultarse en la tarde de sábado y los visitantes se disiparon. Más historias de la ciudad de los muertos los esperarán, ansiosas de ser revividas en una próxima ocasión.

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