Malvinas
Domingo 02 de Octubre de 2016

Historia de combates en Malvinas con aviones que disparaban fotos

Juan Carlos Hernández, habló con emoción y reconocimiento sobre la tarea cumplida en el Escuadrón Fénix

"Nosotros juramos. Cuando decimos 'sí juro', lo hacemos con el corazón y lo gritamos. Cuando decimos 'sí juro' lloramos porque se lo estamos diciendo a la Bandera y a la Patria", dijo Juan Carlos Hernández, emocionado a sus 60 años; un hombre convencido del papel que la historia le ofreció, un combatiente que cada vez que habla de Malvinas, piensa en una Gesta.
Veterano de Guerra, Hernández perteneció, con orgullo, al Escuadrón Fénix. Días atrás y junto a otros, participó de una conferencia donde hubo un reconocimiento a la tarea emprendida por ese grupo de hombres en 1982.
En Buenos Aires, esta actividad fue organizada por la Asociación de Tripulantes de Transporte Aéreo y viajó junto a su hijo, fotógrafo de UNO, en uno de los vuelos de despedida del ya mitológico Fokker-27.
Esa actividad fue la excusa para volver a poner a Malvinas sobre la mesa. Cada vez que un Veterano de Guerra habla, hay palabras que se mezclan enseguida entre las anécdotas y la emoción: Patria con mayúscula, honor, gloria, caídos, dignidad, reconocimiento o volveremos, entre otras ocupan su lugar.
Hernández y el Escuadrón Fénix tuvieron una tarea particular. A Malvinas fueron mucho antes de que la recuperación de las islas fuera una noticia. Este hombre, cordobés pero radicado desde hace muchos años en Paraná, pertenecía al Grupo I Aéreo Fotográfico de la II Brigada Aérea. Entonces no había celulares y Google Maps era impensado: iban en aviones, en Lear Jet, y sacaban fotos.
Esos primeros vuelos se hacían de madrugada y con engaños. Por ejemplo, simulaban fallas en las aeronaves para justificar el retorno al continente y sobrepasar ese territorio en manos de Inglaterra. "Ahora hay satélites y demás, de todo aquello no queda nada", dijo Hernández y contó que estos aviones estaban adaptados. Tenían como un cajón y en ellos contaban con cristales de cuatro pulgadas que en la altura y a la velocidad del viaje, no se empañaban.
Ahí se instalaban las cámaras de diferentes tipos de distancia focal, según las escalas de vuelo. Este grupo de hombres solo disparaba fotografías.
Estas aeronaves tienen la particularidad de que con solo poner las coordenadas, llegan a destino. Ingresaron al país allá sobre el final de los 70 y en la Fuerza Aérea lo volaban los más antiguos: el resto los miraba pasar desde abajo.
"Nosotros éramos jóvenes y en Malvinas estábamos totalmente convencidos: hicimos fotografía aérea y diversión", contó Hernández.
Es raro el uso de esa palabra como una forma de combate, diversión, pero se trata de una de las acciones heroicas que son reconocidas en todo el mundo.
"Ellos tenían radares, hacían escuchas, inteligencia, Chile nos traicionaba y nos mandaba al frente. Ellos sabían, por ejemplo, cuántos aviones hacía despegar Argentina".
Los Learjet no llevaban armamentos, solo alguna 9 milímetros reglamentaria en la cintura de los tripulantes. Pero esos hombres salían igual y volaban a la par de aquellos otros, los de combate.
"Despegábamos juntos y para Inglaterra éramos 10 –de combate– porque el Lear Jet vuela con el mismo régimen y velocidad que los otros. En el radar nos veían y creían que los íbamos a atacar", contó Hernández y explicó que una de las tareas era guiar al objetivo a esas aeronaves preparadas para la lucha. Para hacerlo bajaban a nivel cero, las olas del mar les pegaban en la panza, los radares del enemigo los perdían y la misión se podía cumplir. Estos hombres, quienes hacían esta tarea, se pusieron un nombre: Fénix, como el mitológico. "Éramos una banda, todos de la II Brigada".

Siempre presente
El miércoles, Hernández viajó con dos de sus compañeros de ese grupo. "Con los aviones hicimos vuelos de riesgo. Yo era cabo principal", contó y así lo atestigua la página de Internet del Escuadrón Fénix, un sitio donde además se cuenta toda la historia y están los nombres de cada uno de los integrantes. Quienes quieran visitarla puede ingresar a www.escuadronfenix.org.ar. Hoy, Hernández, es suboficial mayor retirado, Veterano de Guerra de Malvinas. "Entonces era fotógrafo aéreo, fotógrafo, como es hoy mi hijo", contó.
A Hernández, como a los otros integrantes de este escuadrón les daban órdenes fragmentarias, una serie de letras y números que entendían solo ellos. Salían de madrugada, a las 3, a las 4 o a las 5, cuando todavía estaba oscuro. En el aire no hay banquina y el cielo, cuentan los que saben, se mezcla con el mar. Hay que saber. Volaban en silencio, adentro del avión se hacían señas; de los radaristas solos escuchaban indicaciones cortas y precisas que nunca tenían respuestas. Así trataban de evitar ser detectados.
Hernández, como la mayoría de los héroes de Malvinas, siempre recuerda a los caídos más cercanos. Los lleva como si fueran sus hermanos, como una manera de enfrentar el olvido. Tiene apellidos que en Paraná también son nombres de calles: Marizza, Falconier, De la Colina, Lotufo y Luna. También tiene una fecha: 7 de junio de 1982. Son héroes caídos, pertenecían a la II Brigada, volaban uno de estos aviones, un Lear Jet 35 A, con matrícula T 24 o Tango 24 en la jerga.
"Nosotros no sabíamos nada, porque no nos avisaron cuando pasó. De la Colina fue el oficial más antiguo que murió en la guerra. Rodolfo Manuel de la Colonia", lo nombró como para que nadie lo olvide, con ese sentimiento que tienen aquellos que recuerdan a sus héroes.
El Escuadrón Fénix, según contó Hernández, realizó 158 misiones de combate en Malvinas y dijo que el regreso fue duro, sobre todo por la falta de reconocimiento.
"A 34 años todavía no terminamos de ponernos de acuerdo. Recién ahora los jefes saben que hicimos todas esas cosas. Los cinco que murieron salían todos los días y cuando pasó eso, al resto no nos querían dejar subir de nuevo a los aviones. Todos querían ir, los mecánicos se subían igual. Tengo 60 años y todavía me emociono", contó.

Llegar lejos
El miércoles, Hernández viajó a Buenos Aires junto a su hijo Juan Manuel y dos de sus compañeros de toda la vida: José María Cuscueta y Gerardo Panza. Volaron en el Fokker-27, fue uno de los viajes de despedida de este avión, también emblemático. Se trata de una aeronave que recorrió la Patagonia y llevó alimentos a los rincones en donde ningún otro llegó. "Que este avión deje de volar, es como esa frase que decía 'ramal que para, ramal que cierra'. Es más o menos así. A nosotros nos invitaron para viajar en ese avión y lo vivimos con sentimiento", contó Hernández que entró a la fuerza cuando tenía 17 años.
Como la mayoría de quienes combatieron de verdad, por la Patria, en Malvinas, Hernández respondió una pregunta obligada: "Estoy orgulloso de haber participado de la Gesta. Si me ordenan o tengo que ir de nuevo, con los años que tengo, volvería para hacer lo que sé hacer. A Malvinas la tenemos que seguir difundiendo, para sentir el orgullo por la Patria, el honor y la gloria por nuestra Bandera".
Los rollos de fotografía con los que trabajaba Hernández tenían 74 metros de película. Dicen que todavía quedan algunas muestras de aquel trabajo que ahora cambió con la modernización y la tecnología.
Hernández agradeció al Mayor Pablo Muñoz de Toro por la invitación a esa conferencia en la que participó, a la que asistieron más de 300 personas y donde sintió que la tarea que realizó fue reconocida.
Cada vez que en Paraná desfilan los combatientes de Malvinas, lo hacen agarrados de una larga bandera celeste y blanca. Siempre son los más aplaudidos. "Disculpame la lágrima, pero esto me toca", dijo Hernández al terminar la entrevista.

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