La Provincia
Lunes 26 de Octubre de 2015

Hay un nuevo escenario político

Un sistema electoral que obliga a innovar y pone a todos a buscar consensos en el país   y la provincia

Antonio Tardelli / Especial para UNO
editor@uno.com.ar


Al igual que en las primarias, la jornada electoral de ayer dejó en evidencia una escandalosa situación de desigualdad, una de las tantas que imperan en la Argentina: una sociedad privada de información contra una oligarquía política que celebró o lamentó los resultados sin que los ciudadanos de a pie conocieran un solo cómputo. 

El sistema de doble vuelta exige ahora una búsqueda de consensos que no ha sido la característica, precisamente, de la política reciente. La sorpresa en Entre Ríos fue el desenlace cerrado que, al cierre de esta edición, protagonizaban Bordet y De Ángeli. Con Varisco, en un resultado que en los últimos días se descontaba, la oposición recuperó Paraná. El clima que se vivió anoche en la sede paranaense del PJ anticipa futuros reproches de dimensiones incalculables.

El sistema electoral, o dicho de otro modo, las necesidades políticas, obligan hoy a la dirigencia a hacer lo que no les nació de una convicción auténtica. Daniel Scioli, el candidato del espacio que se legitimó desde el establecimiento de fronteras bien definidas, y Mauricio Macri, el referente al que se le reprochó su escasa vocación por ampliar su oferta, tienen desde anoche cerca de un mes para modificar su manera de entender la construcción y considerar por primera vez en forma seria los términos en que pueden alcanzar acuerdos con potenciales aliados.

En ese escenario, el del balotaje y sus exigencias, Scioli arrastra la desventaja de estar obligado a hacer algo que contraría la identidad del Frente Para la Victoria (FPV). El kirchnerismo, al que pretende heredar sin ideología pero con paciencia oriental, se fortaleció en la confrontación. Partió en dos toda problemática nacional en una operación que le resultó redituable sobre todo en términos de construcción de su identidad.

El peronismo kirchnerista, por decisión propia, fue uno de los polos de los enfrentamientos múltiples de los que, por peso específico, resultó airoso. Pero lo que fue útil para legitimarse, para acumular y para conservar el poder durante más de una década es hoy, de cara a la segunda vuelta, lo que lo obliga a traicionarse: en su discurso de anoche, meditado pero deshilvanado, Scioli salió a cazar ajenos nombrando al radical Raúl Alfonsín, a los socialistas, a los jóvenes, a Perón y al papa Francisco. Si se hubiera percatado de que a su derecha aplaudía Carlos Zanini, su compañero de fórmula, también hubiera citado a Mao.

A la medianoche, cuando finalmente aparecieron en el orden nacional los primeros datos oficiales, entregando por lo demás una sorprendente ventaja parcial en favor del candidato presidencial de Cambiemos, Mauricio Macri, la situación en Entre Ríos era particularmente incierta. Desde hacía un rato largo, el FPV se había proclamado victorioso, aunque admitiendo algunos reveses departamentales.

En ese momento, el sitio oficial del gobierno entrerriano otorgaba cinco puntos de diferencia a favor de la fórmula integrada por Gustavo Bordet y Adán Bahl. En ese momento, el delegado del PRO en Entre Ríos, Rogelio Frigerio, dijo a UNO lo siguiente: “Estamos solo a uno o dos puntos. Y lo que han cargado es básicamente la costa del Uruguay. Así que estimamos que el resultado se revertirá cuando ingresen todos los datos. Yo creo que ganamos la provincia”, confió.

En realidad, entonces aparecían cargados los datos correspondientes al 90% de las mesas de Concordia y al 50% de las mesas de Paraná. La distancia era algo superior a la que estimaban en la sede radical, donde funcionó el cuartel general de Cambiemos. De todos modos, la estrecha luz y la desequilibrada carga permitían a la oposición alentar algunas expectativas. Pensaban que podían quedarse con el premio mayor y no solo con la victoria, conocida desde horas antes, de Paraná (entre otras ciudades en las que se alzó con el triunfo).

Luego de las primarias, Cambiemos exhibió en la ciudad capital un entusiasmo desbordante que los números parecían no justificar. Aún cuando su candidato a intendente, Sergio Varisco, se había impuesto en el mano a mano con Blanca Osuna, el acumulado del FPV entregaba al oficialismo motivos razonables para la esperanza. Se trataba de saldar disputas y de efectuar gestos componedores. Las chances del oficialismo aparecían intactas.

Pero los módicos esfuerzos componedores que ensayó la presidenta municipal, menos visibles que los intentados por otros referentes –por ejemplo el ministro Bahl y el vicegobernador José Cáceres–, no fueron suficientes. 

Por el contrario, el transcurso de las semanas reforzó las chances de Varisco, no solo por la intensidad de su campaña sino también por otros elementos de relevancia: por un lado, el oportunismo que suele acompañar la idea de que alguien ya ganó; y por el otro la sensación de que había algo en la propuesta oficialista, más vinculado al perfil de los candidatos que a la imagen de la gestión, que volvía inútiles todos los esfuerzos depositados en la remontada.

Ahora vendrá, como admitieron a regañadientes algunos referentes del oficialismo, el tiempo de la autocrítica. “Pero para eso habrá que esperar unos días y que todo se tranquilice”, admitió un compungido dirigente. Ciertamente, no era clima de debate armonioso el que imperaba anoche en la sede del PJ. Los primeros efectos del resultado adverso en el peronismo de Paraná tuvieron forma de escarceos, empujones y trompazos lanzados al aire.

Los lances pugilísticos tal vez adelanten algunas de los posicionamientos a futuro. Militantes del candidato Adán Bahl no ocultaron su fastidio con dirigentes enrolados con su colega Carlos Ramos, titular de las carteras de Salud y Desarrollo Social; con allegados al gobierno municipal y con militantes de La Cámpora. Las broncas se dispararon en todas direcciones y anticipan el clima en el que deberá reorganizarse el peronismo paranaense.

Como en otros sitios de la geografía entrerriana, en Paraná la combinación de perfiles diferenciados (el empresario exitoso, Macri; el ruralista campechano, De Ángeli; y el dirigente de tradición partidaria, Varisco) le resultó particularmente redituable a la oposición. Partir de un piso nacional más elevado que en elecciones anteriores, conjugado ello con otros factores, por ejemplo una gestión peronista local en general muy criticada, conformó un cóctel ideal para el radicalismo. Los planetas, tantas veces esquivos, por una vez se alinearon con la oposición.

En los primeros minutos de hoy, mientras el escrutinio oficial avanzaba a ritmo de tortuga, radicales y macristas se ilusionaban en Entre Ríos con una victoria provincial por la que nadie hubiera apostado una moneda algunas pocas horas antes.
 

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