Hoy por Hoy
Sábado 07 de Enero de 2017

Guantes blancos

Hoy por Hoy. Opinión.

Librepensadores a sueldo y vigilantes de la moral ajena que buscan erigirse como los guardianes de la ética pública desde púlpitos mediáticos y redes sociales, desenmascarando a funcionarios y exponiendo agachadas de jueces y legisladores, tendrían una loable tarea si no pasasen por alto la corrupción de guantes blancos, esa que cometida a través de medidas económicas y políticas atenta contra el bien público, aunque tengan visos de "legalidad".
El ciudadano promedio tiende a indignarse cuando se lo informa sobre los sueldos de ministros y asesores o de lo que gana un diputado, sobre todo si lo compara con lo que percibe un empleado de comercio, un maestro o un médico de hospital. Lo mismo ocurre cuando un hecho de corrupción distrae recursos del Estado, se trate del robo de una resma A4 o de fondos millonarios para una obra pública. La indignación, genuina y justificada, se hace extensiva a episodios de inseguridad contra la clase "laburante".
Aunque reprochables, esos "afanos" y "corruptelas" no alcanzan para explicar las sucesivas crisis ni los traspiés económicos de un país tan naturalmente generoso como Argentina. Es ingenuo pensar que la economía depende solo del cese del robo hormiga, de que se deje de coimear a empresarios o de una equiparación de sueldos entre funcionarios y obreros, por dar un ejemplo. Las grandes expoliaciones al Estado se han cometido, a lo largo de la historia, dentro de la más cuidada "legalidad"; o dicho de otra manera: La economía de un país no quiebra porque uno o varios funcionarios se lleven un bolso con plata , o porque un ministro contrate un asesor de 19 años que, "error administrativo" mediante gane 70 lucas. Los recursos de un país tambalean cuando se estatizan deudas de privadas, cuando se posibilitan "blanqueos" de plata mal habida, cuando se malvenden bienes del Estado; cuando se exime de pagar impuestos a sectores altamente rentables en detrimento de otros que lo son menos; cuando se responde a intereses extranjeros y se distribuyen sin equidad las riquezas del conjunto.
Los fondos buitre que compran deudas espúreas, los financistas que desguazan empresas, los evasores fiscales que privan de recursos al Estado (a los ciudadanos), los que tienen el "culo sucio" pero ahora están "arrepentidos" y amparados por la ley; causan un daño infinitamente mayor. ¿Acaso no fueron medidas de Gobierno las "convertibilidades", los "desagios", los "defaults", los "corralitos", los "sinceramientos" fiscales, los "blanqueos"? Siempre fue igual. Los mecanismos que provocaron las crisis en virtud de las cuales millones de personas quedaron sin trabajo, sin servicios sociales, sin educación ni salud, tuvieron la legalidad del guante blanco.
Pero en el "listado de corruptos" de los tutores de la verdad no figuran quienes compraron dólar futuro, a los que "la levantan en pala" sin retenciones, ni los que depositan dinero en cuentas off shore, en paraísos fiscales, para evadir impuestos. La corrupción para ellos pasa por otro lado. Van detrás del motochorro, del puntero barrabrava, del menor de edad que hay que encarcelar, del asesor apenas salido del Secundario, o de la mujer coya que tiraba huevos al señor feudal y manejaba plata de la obra pública. Ya no se es funcional al "Relato" sino al "Guión de la Alegría" trazado por marketineros obtusos y diseñadores gráficos ignorantes de geografías argentinas para los cuales la militancia pasa por sucesivas y desvergonzadas puestas en escena.

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