La Provincia
Viernes 20 de Mayo de 2016

Gracias a las heladeras solidarias más personas comen en días fríos

Ante la insensibilidad estatal, se multiplica la generosidad de la gente dispuesta a ayudar a quienes más lo necesitan. Invitan a sumarse

Desde que implementaron las heladeras solidarias en Paraná, hace poco más de un mes, los resultados han sido óptimos. Gracias a esta modalidad y la generosidad de la gente y los comerciantes que colaboran con la iniciativa, muchas personas que viven en situación de calle pueden compartir un alimento caliente que los ayude a pasar la noche a la intemperie o resguardados bajo algún toldo o algo parecido que los proteja del cruento frío que por estos días invade la región.

El promedio es de 30 personas, aunque el número varía cada noche, de acuerdo a la oportunidad que cotidianamente encuentren de poder satisfacer sus necesidades humanas más básicas. Cada uno alberga una historia particular, envuelta de tristezas y desidias de un Estado que generalmente está ausente. Muchos tuvieron alguna vez un trabajo, una familia, un porvenir, pero por alguna desventura llegaron a la calle, un lugar que no eligieron y del que es difícil salir. 

Pese a los anuncios oficiales, no hay ningún lugar dispuesto a la fecha para que la gente en situación de calle que no cumple con los requisitos del hogar municipal Madre Teresa de Calcuta pueda pernoctar. Tienen que dormir cobijados por un cartón o alguna frazada que no llega a protegerlos de las heladas temperaturas que se apoderan de las noches en la capital provincial y acrecientan el sufrimiento de quien atraviesa las adversidades sin tener acceso a un hogar o al menos a un techo donde guarecerse. 

Ante la falta de sensibilidad gubernamental, se extiende la solidaridad de personas que consideran al prójimo y trabajan desinteresadamente para que quienes tienen la desdicha de estar en la calle puedan soñar con una vida más digna. En este contexto, como suelen hacer también otras agrupaciones dispuestas a ayudar, los integrantes del grupo Suma de Voluntades salen cada noche, sin tomarse una jornada de licencia, a buscar la comida que personas generosas dejaron a lo largo de cada día en los locales gastronómicos que colaboran recibiendo los alimentos, y luego recorren los diferentes espacios para convidar con un plato de comida a quien más lo necesita.

En la actualidad son tres los lugares donde funcionan las heladeras solidarias: La Bartola Bar, ubicado en Urquiza 494, donde la comida puede alcanzarse en horario de comercio o por la noche. También se puede colaborar en el restaurant Don Charras Asador Criollo, en San Martín y San Lorenzo; y en Ortiz, el bar y restó ubicado en la Costanera de la capital provincial.

“En La Bartola recibimos donaciones. La gente se acerca, trae comida que le sobró en su casa; viene y deja pago algún menú diario o empanadas; quienes vienen a comer acá, si les sobra comida, en vez de envolverlo y llevársela a su casa  la deja en la heladera solidaria, que es un símbolo donde se dejan cosas que se deben guardar en una heladera. Damos un lugar en nuestras heladeras, en un sector solidario y guardamos las cosas ahí. La gente dona comida y los chicos de Suma de Voluntades hacen una recorrida  nocturna. Pasan todos los días tipo 21 o 22 y retiran la comida. Ellos son los encargados de repartirla. A veces también cocinan y reparten alimentos calientes”, señaló a UNO Julián, el propietario del lugar. 

“Hay gente que trae mucho o poco y todo suma; incluso han venido en colectivo de algún barrio exclusivamente a colaborar. Con un granito de arena se puede ayudar, y mucho”, reflexionó.

Por su parte Leonardo, de Don Charras, comentó: “Mucha gente se acerca y deja comida; o viene a almorzar o cenar y dona lo que le sobra; o hay quien deja pago un plato. Todas son formas de ayudar. Está bueno apoyar estas cosas, sobre todo en estos días de tanto frío”.

En tanto, Desiré, una de las integrantes de Suma de Voluntades destacó: “En los lugares donde están las heladeras solidarias ayudan muchísimo. En Don Charras una vez, como no habían recibido muchas donaciones en esa semana, nos prepararon una sopa con verdura y carne para que la gente pudiera comer algo caliente esa noche. En La Bartola también, si no tienen para darnos nos donan ellos mismos. Y lo mismo en Ortiz. Estamos sumamente agradecidos con los lugares  donde están las heladeras solidarias”.

“Nos juntamos a las 21 en la plaza del Bombero y ahí dividimos quién va a ir a los diferentes puntos de la recorrida. Hay otros dos grupos que llevan comida a la plaza o al hospital, pero hay gente que no puede caminar o transportarse hasta esos lugares, y ahí es donde le llevamos todos los días nosotros la comida”, comentó por último, y recordó que se puede colaborar acercando alimentos no perecederos, como arroz, fideos, sopas; o llevar frutas, alimentos frescos, empaquetados y con fecha de elaboración. Por otra parte, también se necesitan sopas instantáneas, café, azúcar y descartables para servir la comida, esta ayuda se recibe en Panadería la Unión de Perú e Italia. 

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Los dejaron desprotegidos sin sus abrigos


El miércoles a la noche un grupo de Suma de Voluntades llegó al hospital San Martín de Paraná, donde a veces suelen dormir personas en situación de calle. Les había llegado la información de que la semana pasada habían echado a algunos de ellos,  que optaron por irse a pernoctar en la Terminal. “Nos enteramos con que no tenían ni siquiera su bolsito, donde ellos guardan sus cubiertos, su vaso, su pulóver de más, algún par de medias que les dimos en estas tres semanas desde que empezamos las recorridas”, contó a UNO Desiré integrante de Suma de Voluntades, y agregó: “Nos contaron que el día que los sacaron del hospital no los dejaron llevarse sus pertenencias. Los echaron con lo que tenían puesto”. 

Desde el colectivo corroboraron esto con el relato de otras personas, quienes les contaron que a las 10 de ese día la Policía fue a sacarlos, de mala manera, incluso golpeándolos. Ni siquiera les permitieron irse con las frazadas que les había entregado Acción Social luego de las gestiones del grupo de voluntarios.

“Fuimos a hablar con la guardia policial del lugar y les dijimos que íbamos a buscar sus pertenencias y en Celaduría nos reconocieron la situación, diciendo que se hizo una ‘barrida de gente’. Sabemos que el hospital no es lugar para que ellos duerman, pero tampoco lo es la calle, y no se justifica el modo en que los expulsaron de ahí”, señaló. Asimismo, explicó: “Hace dos semanas en una sesión del Concejo Deliberante dijeron que estaba abierto el refugio del club Peñarol, y no es cierto. La mayoría de la gente piensa que es así, pero es mentira, no está abierto. La gente que está en la calle nos pide por favor a nosotros que les avisemos cuándo abre Peñarol”.

“La gente que nos ayuda es la que ve en Facebook las necesidades de los demás y lleva cosas a la panadería de Perú e Italia, o a las heladeras solidarias. La única ayuda que recibimos del Estado fue del gobierno provincial, que nos dio 40 frazadas. Es una vergüenza que hagan política con la necesidad de las personas. Es ahora cuando tienen que abrir los refugios, cuando hace tanto frío, no después”, se lamentó, a la vez que destacó las acciones que llevan adelante desde la Defensoría del Pueblo ayudando a personas en situación de calle y apoyando el trabajo de los grupos de voluntarios que se ocupan de impulsar un cambio social que se torna urgente cuando el hambre acecha.

Por último, expresó: “Queremos hacerles llegar el agradecimiento de ellos a todos aquellos que de alguna manera dan una mano. E invitar a todo aquel que quiera hacer su aporte a acercarse o comunicarse. Además de alimentos y abrigo muchos están a la espera de una oportunidad para demostrar que son útiles, que pueden realizar cualquier trabajo o changa que puedan ofrecerle. Unámonos en este camino, que sabemos que es el correcto. Nos equivocaremos, nos caeremos, pero si estamos todos juntos es más fácil volvernos a levantar y seguir. Miremos a los otros desde un mismo lugar. Nadie merece morir de frío, de hambre, de indiferencia, de soledad o de tristeza”.

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