A Fondo
Martes 25 de Agosto de 2015

Golpear a los narcos también en el bolsillo

José Amado / De la Redacción de UNO
jamado@uno.com.ar


Las semana pasada, el Tribunal Oral Federal de Paraná condenó a los integrantes de una banda de narcotraficantes que operaba en Gualeguaychú. Les impuso penas de cuatro a ocho años de prisión, pero además ordenó, lo que no siempre ocurre, el decomiso de tres autos (un Mini Cooper, un Peugeot 308 y un Citroën Picasso), una moto de alta cilindrada, 100.000 pesos y 13.600 dólares, que les secuestraron en los allanamientos, por ser bienes y dinero mal habidos, producto de la venta de droga.

El fin de semana, la Policía Federal de Paraná allanó tres domicilios en Villa Mabel, en el marco de la investigación de una conocida familia-banda narco que hace muchos años que vende principalmente cocaína. La pesquisa llevó su tiempo, pero tuvo la particularidad de rastrear los bienes suntuosos que injustificadamente tenían los sospechosos. Así fue que encontraron droga almacenada y fraccionada para la venta, pero también autos de alta gama y mucho dinero, que fueron secuestrados. Llamó la atención el lujo en que vive esta familia, a la que no se le conoce actividad lícita alguna.

Esto que parece raro, debería ser la regla. En los últimos años ha quedado claro que detener a las mulas que transportan la droga por el país, lo único que logra es sacar de circulación una escasa cantidad de estupefacientes y agarrar a un perejil. Desbaratar un kiosco de narcomenudeo es un poco más, pero ese punto de venta no tarda en ser reemplazado. De los grandes narcos, algunos han caído y otros siguen intocables, sea por inoperancia de las fuerzas de seguridad y la Justicia o por su sofisticada organización que les permite seguir impunes. Pero algunos de ellos por más que hayan sido condenados salen de la cárcel y rearman su negocio, si es que no lo siguieron manejando desde adentro. Esto, porque la estructura basada en dinero y bienes quedó intacta, y alguien les pudo seguir pagando a los proveedores, acreedores, revendedores, soldaditos y abogados, y comprando voluntades policiales y políticas.

La Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) parece estar ajena a este asunto. Así como en cualquier barrio pueden decir que tal vecino vende droga, todos saben que el mismo cambió el auto y su humilde casa pasó a ser un castillo de la noche a la mañana. Y eso es lo que está a simple vista. Ni hablar de grandes construcciones inmobiliarias o adquisiciones de cientos de campos y cabezas de ganado en que los narcos invierten con un billete arriba del otro, sin que a los organismos de control les llame demasiado la atención.

Saúl Goodman, el abogado ladri de la serie Breaking Bad, le explicó con toda la docencia a Jesse Pinkman porqué invertir en un salón de belleza para lavar el dinero obtenido por la fabricación de metanfetaminas: para que “el señor de los impuestos” no le saque hasta el último centavo y a él lo metan preso. En Argentina, al parecer, el señor de lo impuestos está  más preocupado en que un turista no se vaya a gastar su plata afuera, que apuntarle a los millonarios negocios sucios.

El que está en el negocio del narcotráfico no lo hace por vocación, sino porque deja mucha, mucha plata. El golpe a su bolsillo debe ser parte de una política criminal para afrontar la problemática.
 

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