La Provincia
Domingo 08 de Mayo de 2016

Gisela López: Una chica desaparecida y cien hipótesis abiertas

Tras 16 días de ausencia de Gisela López, no hay rastros de su paradero. Todavía se barajan varias versiones sobre qué sucedió con la joven de 19 años de Santa Elena. Un caso que angustia a una familia que no baja los brazos en la búsqueda

Por José Amado | jamado@uno.com.ar
El barrio 120 viviendas es el primero que se encuentra a la derecha del asfalto por el que se ingresa a Santa Elena desde la ruta 12, apenas pasando lo que se llama el arco de ingreso pero que no tiene arco, sino dos pilares que dan la bienvenida. Dos vecinas indican que “la casa de la chica desaparecida es la celeste”. En esta casa hay mate y bizcochos: en Santa Elena nadie atiende visitas en la vereda y ofrecen lo que pueda haber en la alacena. También hay varios chicos de la cuadra que corren y se tiran al piso. Uno de esos chicos es el que cuida (cuidaba) Gisela todos los días y ahora pregunta por ella y las respuestas no lo convencen. Un rato después pasará por la detonada calle de tierra un móvil no identificable pero con policías a bordo que todos conocen, alertados por una vecina que advirtió la presencia de extraños en la casa de los López.
La familia de la joven de 18 años se siente en el blanco de las miradas, por eso de entrada una hermana de Gisela expresó su indignación por lo que dijeron en un canal de televisión sobre situaciones de violencia y abuso en la casa. “Acá para ayudar no está nadie, pero para hablar aparecen todos”, dijo Adriana. También se sintieron presionados por la Policía, y esto solo potenció las sospechas mutuas: al celular de la madre de Gisela le borraron todos los contactos con los medios de comunicación. “¿Por qué la Policía no quiere que esto salga?”, preguntó un primo de la chica buscada.
La última vez que Adriana vio a su hermana fue el viernes 22 en la escuela secundaria de Jóvenes y Adultos, en el recreo de las 20.30. “Estaba lloviznando, ahí se retiró mi cuñada (la mujer de mi hermano) que va conmigo, salió mi hermano y se fue Gisela. Y yo me quedé hasta las 11 de la noche en la escuela porque tenía examen”, contó. Después las cosas empezaron a parecer cada vez más raras, hasta que el día siguiente comenzó la búsqueda: “Ella salió sola y no avisó a la rectora, ahora hay que avisar sí o sí, te hacen firmar un cuaderno, después salió el Gabriel con la novia. Llego a mi casa como las 11.20, me pregunta mi mamá ‘¿no la viste a tu hermana?’. ‘No, no la vi, dejá que capaz que se fue a la casa de una amiga o un novio ‘. Yo me acosté. Esa noche yo soñé con ella, como que me estaba avisando que estaba en peligro, y la Johana también soñó con ella. A las 7 de la mañana se levantó el más chico y dijo ‘mami Gisela no vino a dormir’. La llamó al celular y daba como sin señal. Después, el sábado al mediodía, daba la casilla”.



Gabriela, la mamá de Gisela, la vio por última vez ese viernes a las 14, cuando salió de su casa para ir a trabajar, y regresó cuando ella ya estaba en la escuela. El último de la familia en tener un contacto con Gisela fue el hermano, Gabriel. Cuando la chica salió de la escuela caminaba hacia su casa, como lo hacía habitualmente. Fue a unos 500 metros del barrio, por el asfalto que lleva a la ciudad, a la altura de una tómbola. Gabriel le dijo dos veces si quería que la llevara en la moto, pero le dijo que no. “No me dio ni bola, después frené y le pregunté ‘¿te vengo a buscar o no?’. Y me contestó así (un gesto con la cabeza como quien dice ‘andá’ o ‘dejá’). Ella es repegote conmigo, pero siempre contestaba así”, contó el hermano.
Cuando comenzó la búsqueda, una de las primeras testigos fue una mujer que vive en una casa sobre esa misma calle, desde la agencia de quiniela un poco más cerca hacia el barrio 120 viviendas. La versión de lo que ella dijo fue cambiando según quien la contara, pero lo más limpio que se puede sacar es que la vio a Gisela caminar en el sentido hacia su casa, y unos metros atrás vio a un hombre con campera que la seguía. Le pareció sospechoso, le contó a su marido quien no le dio mucha importancia, pero él le dijo que debía ser una pareja del lugar que siempre pasan peleando. Ella sabía que era la hermana de Gabriel. Salió otra vez y ya no vio ni a Gisela ni al perseguidor.

El bajo: punto ciego
A ese lugar por donde caminaba Gisela le dicen el bajo, por ser una cuesta de unos 300 metros, con un par de lomos de burro, que tiene algunas casas a los costados pero también partes descampadas. En ese tramo hasta su casa, a las 23 del viernes 22 de abril, pasó lo que nadie sabe qué ni cómo, ni quién, ni por qué. La respuesta a una sola de estas preguntas podría desenmarañar el caso, pero no está. En el bajo comienzan las dos hipótesis principales y contrapuestas: se fue o la secuestraron.
“Yo como madre, para mí la llevaron, algo en el bajo le pasó porque ella venía a mi casa. Siempre venía caminando”, dijo Gabriela. Pero después duda: “Sinceramente no sabemos con quién se pudo ir o si ella tenía alguien más que no sabíamos, o sinceramente la manotearon y la llevaron, porque los perros le perdieron el rastro también, así que me parece a mí que Gisela en Santa Elena no está, porque los perros no se equivocan”.
La mujer muestra el fondo de la casa, donde están construyendo habitaciones para los hijos: “Esa es la pieza para Gabriel y la otra para la mayor, porque ya andan de novio, uno ya está juntado. A Gisela le hicimos la pieza arriba porque nos íbamos a quedar sin patio ni churrasquera. En ese sentido me parece que no se quería ir de casa, quería terminar la escuela para ir a estudiar Turismo”.
Después se enteraron que poco antes Gisela había tenido un episodio extraño en el mismo lugar: “La semana antes que se pierda la siguieron en el bajo y llegó hasta casa. Eso nunca nos comentó. Fue el jueves de la semana anterior, y lo comentó en la escuela. Ella se juntaba siempre con una amiga a tomar mate, pero ese día se arrimó a un grupo de cuatro chicos y les comentó que la siguieron en el bajo”, contó Gabriela, y su hijo agregó: “Es medio raro porque fue y les comentó a los compañeros con los que no tenía trato. Esos chicos me lo contaron a mí, el fiscal lo investigó en el aula”.
No era la primera vez que Gisela ocultaba algo. Ahora también supieron que una noche que salió de la escuela dijo que iba a la casa de una amiga, pero fue a la de un novio. No entienden por qué mintió, si al muchacho lo conocen y no tienen ningún problema. Tal vez, como cualquiera de su edad, para evitar preguntas en la casa.
En los últimos días surgió que en la casa faltaba el cepillo de dientes y ropa de Gisela, por lo cual la Policía dijo que se afirmaba la hipótesis de que se había ido por su cuenta y que esa era la prueba del plan y la decisión para irse de la casa. Al respecto, la madre dijo: “Ella siempre andaba con el cepillo de dientes. Lo que nosotros no nos dimos cuenta en todo el despelote de la búsqueda, era que faltaban dos mudas de ropa interior. Te da qué pensar”.
En este sentido, parece haber más pruebas hacia la versión de la ida por propia voluntad, aunque aún no hay ni un solo motivo conocido para tal decisión. Pero quedan muchas preguntas sin respuestas, principalmente sobre la falta de contacto o mínima señal. “Lo más raro es que ella era muy pegada a Gabriel y a Johana, a algunos de los hermanos iba a tratar de mandarle a decir. O a la patrona, que tenía mucha confianza. Que no la busquemos o que se fue, alguna cosa les tendría que decir. Eso es lo más raro de todos estos días. Hay que seguir buscando nomás, espero que la Policía no nos deje”, expresó Gabriela.


Cambios y sospechas
La familia tiene de quién pensar que no dice todo lo que podría saber. Desde hace unos meses, Gisela comenzó a juntarse más seguido con una prima. Desde entonces, la notaron distinta en muchos sentidos. Empezó a salir a los boliches, a vender productos de belleza por catálogo y a mostrar en Facebook fotos con menos ropa de lo habitual: nada que haga presumir un peligro concreto, y nada raro para chicos de su edad. Sin embargo, su madre y sus hermanos reparan en detalles que sí le hicieron preocupar o que ahora ven con inquietud. “Ella empezó a sacarse las fotos esas cuando se empezó a juntar con mi sobrina, empezó a cambiar, comprarse ropa y la mandaba a costura o la cortaba acá”, dijo Gabriela indicando el vientre, y siguió: “Primero empezó con un pantaloncito corto, ya después se sacó de bikini. La prima la llevaba al club y ahí le cambiaba la ropa y la maquillaba”. No le sacaba fotos la prima, sino dos hermanos que son fotógrafos en la ciudad.
A su vez, tras la desaparición de Gisela, tuvieron unos entredichos con esta joven y su pareja, un hombre bastante más grande de Buenos Aires, y les llamó la atención que no hayan ido a la marcha. Adriana contó un episodio que le sorprendió: “Un sábado que se fue al boliche, volvió más temprano, como a las 4. Le pregunté por qué y me dijo que mi prima le quiso presentar a un hombre mayor, a un pelado”. Otra más: como el día que desapareció era viernes, pensaron que podría haber ido a bailar esa noche. “Fuimos al boliche Mora que tiene cámaras y un muchacho dijo que Gisela nunca fue a ese boliche, ni la prima ni el marido nunca pisaron ahí. Pero en el Face de ella y de mi sobrina ves fotos en el boliche”, dijo Gabriela.
Más allá de las dudas que pueda tener con su sobrina, Gabriela está segura de algo: “Yo ya no le creo a nadie”.
Al inicio de la investigación, citaron a declarar a la prima y su pareja, y les secuestraron los celulares que fueron enviados a peritar. En principio, no habría ninguna prueba que los incriminara en la desaparición de Gisela.

Paso a paso en la pesquisa
El fiscal de La Paz, Santiago Alfieri, dirige la investigación. Reunió varias pruebas, entrevistó a muchas personas, recibió cientos de comentarios, ordenó decenas de procedimientos, pidió pericias informáticas y científicas que todavía no están resueltas, y, sobre todo, tiene a un sospechoso: Gustavo Centurión, de 36 años, de Paraná. El hombre está detenido e imputado por el delito de Privación ilegítima de la libertad. Jura no tener nada que ver con la desaparición de Gisela, dijo que no la conoce y que pocas veces al año va a Santa Elena por razones laborales. Presentó una hoja de ruta en la que detalló qué hizo en cada momento desde el viernes 22 de abril hasta que fue arrestado, la que acompañó con una lista de personas que podría atestiguar en el descargo.
El viernes vence el plazo de la prisión preventiva dictada por la jueza de Garantías de 15 días. La medida cautelar fue solicitada por el fiscal para evitar que el sospechoso interceda en la producción de pruebas fundamentales, sobre todo informáticas. Creen que puede estar relacionado al caso porque aparentemente hubo un contacto a través de Facebook entre Centurión y Gisela. Además, cuando fueron a requisar su vivienda en la zona del Ejército de Paraná, el perro de la Policía entrenado en la búsqueda de personas marcó el rastro de Gisela en la casa. Para el abogado defensor, Jorge Leitner, esta prueba es totalmente relativa y debe ser corroborada con datos reales. “Él no tiene nada que ocultar”, aseguró. 
Estos últimos días se produjeron varias testimoniales en la Fiscalía de La Paz, y se están proyectando y visualizando las imágenes de las cámaras de vigilancia de la terminal de ómnibus de la ciudad de Santa Fe. A partir de mañana se elevarían al fiscal los informes de Inteligencia Criminal de las pericias a celulares y elementos informáticos, así como el de Criminalística sobre sábanas secuestradas en la casa de Centurión.
Un hombre de Concordia aseguró haber visto a Gisela en esta ciudad, junto a un joven de unos 20 años, el miércoles a las 16. “Ingresaron al club y se sentaron bajo los árboles. No eran socios y como se dirigieron a la zona de piletas, al cuidador le resultó extraño. Explicó que habló con ellos y el muchacho le dijo que no eran de Concordia. Un rato más tarde los vio sentados en un muro, en una casa cercana al club. Al regresar a su casa le comentó a su mujer y fue ella quien le mostró la foto de López en Facebook. El cuidador asegura que la chica que vio el miércoles por la tarde es muy parecida”, contaron desde la Policía de Concordia. Hubo rastrillajes y averiguaciones en distintos barrios, que hasta ahora no corroboraron el testimonio.
En los rastrillajes por el monte aledaño a Santa Elena y por la costa, se movilizaron unos 200 policías, perros y caballos, un helicóptero y un drone, pero no encontraron ni un solo rastro. La familia de Gisela también se movilizó. “Nosotros ya nos recorrimos los campos enteros, ya no tenemos por dónde buscar. Hay que buscar en los barrios, si está en Santa Elena es la única forma. Ya entregamos los volantes en la ruta, en los barrios. Mucha gente se acercó”, dijo Gabriela, pero lamentó que se haya perdido tiempo para la búsqueda: “Esos primeros días de lluvia la Policía no la buscaba, la familia nomás, hasta que llegó el martes que sí vinieron y empezaron los rastrillajes. Pero se perdió del viernes a la noche al martes, si la sacaron de Santa Elena son muchas horas”.
Pese a todo, la mamá de Gisela no pierde ni un centímetro de esperanza: “Yo siento que ella está con vida, así que no voy a bajar los brazos, vamos a hacer la marcha y para la otra semana vamos a ver qué se hace, estábamos viendo de cortar la ruta, por lo menos para que vengan otros canales de afuera, hacer unos carteles, pancartas o si no quemar gomas. Que el pueblo acompañe también, que el municipio nos dé un colectivo o un camión aunque sea para llevar gente al Quebracho”.
La semana pasada se presentaron como querellantes en la causa con el abogado Luis Alberto Lemos. Desde que fue admitido como parte, Lemos está tan sorprendido como muchos, y en medio del desconcierto busca pruebas, testigos y pistas que lleven a Gisela.

Un contexto dramático
Las versiones que surgen y se rumorean sobre la desaparición, a falta de pruebas, pueden o no tener que ver con lo que sucedió. Pero algunas de ellas, las que relacionan el caso con la trata de personas, parten de una realidad y un contexto alarmante para Santa Elena. Muchas personas refirieron la problemática del turismo sexual con menores de edad, así como la captación de mujeres jóvenes reclutadas para la prostitución, aprovechadas por su situación de vulnerabilidad social y económica. Se denunciaron casos de intentos de secuestro de chicas en distintos barrios, pero nunca se aclararon. Esto, unido a la droga desperdigada y en crecimiento a la vista de todos. Postales impensadas hace no mucho tiempo, cuando Santa Elena era el faro productivo de la provincia. Hechos dramáticos que nadie investiga.

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