A Fondo
Miércoles 01 de Julio de 2015

Fue off side

Pablo Felizia / De la Redacción de UNO
pfelizia@uno.com.ar


Atlético Paraná, su gente, vivió una fiesta. En la cancha estaban todos: desde el señor que arregla máquinas de coser, el almacenero, vecinos históricos de barrio San Martín, de Hipódromo, el Loco Marzo, los hinchas de siempre. En la tribuna había familias como ya casi no se ven en el fútbol argentino, señoras con sus hijos, parejas, jóvenes. También había otros, de Patronato, escondidos entre la multitud roja y blanca que no pudieron cantar sus goles y los neutrales, solos y a lo lejos, que sí lo hicieron. El marco se dio y algunos simpatizantes antiguos aseguraron que hace años no vivían en ese estadio lo que se generó el domingo. 

Quien escribe esta columna lo hace con respeto y amor al fútbol. Es cierto que los opinólogos de cartón podrán salir a desacreditar algunas posturas, pero quién va a negar que hasta el gol en off side, fue otro el partido. Es cierto que Patronato después se hizo del juego, ganó con la experiencia, fue superior en el transcurso de lo que duró el complemento y el segundo gol será recordado. 

A la salida del estadio, en los árboles que hay sobre Maciá, los policías dejaron colgados algunos de los cintos que hinchas distraídos llevaban puestos, de eso tampoco se ve en otras canchas de fútbol del país: te sacan el encendedor y te olvidás de él; te incautan la radio y hasta siempre querida; y ni soñar que podés entrar con una mochila, pero algunos la llevaban puesta con juegos de llaves y otros elementos contundentes. Fue evidente que el clásico se vivió de otra manera, más cercano a lo que se espera del fútbol y eso hay que destacar. 

Lo que vivió la ciudad, si se descartan algunos hechos lamentables en cuadras cercanas al estadio, le hizo bien. Que se llene la cancha con bombas de humo controladas, llena de papeles, con globos y cánticos, que los hinchas de Patronato despidan y reciban a su equipo también son signos de lo más lindo del fútbol, de ese folclore tan propio. 

Pero, –y el pero en estos casos siempre es tendencioso–, los off side tan filosos, específicos, prolijos y milimétricos que fueron cobrados en el primer tiempo sobre el arco de Ruperto Peréz quedaron ausentes y lejanos en los últimos 45 en la misma cabecera. Escuché por estos días decir que fue tan chico el off side, que el árbitro pudo equivocarse, pero quienes estaban en la cancha –incluso en posiciones más incómodas– lo pudieron advertir y putearon como se debe.  

 En otras canchas, un partido con un gol del clásico rival en esas condiciones y frente a un manojo de neutrales eufóricos, no termina. En Paraná, por suerte, todos saben que el fútbol a los equipos humildes siempre les dará revancha.

 

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