La Provincia
Domingo 10 de Abril de 2016

Florencio Aceñolaza presentó el nuevo mapa de la Argentina

Precisiones de un logro histórico para el país, y razones del geólogo entrerriano que intervino en la demarcación para reclamar una soberanía nacional plena en el mar, con expectativas en la disputa por las Malvinas y el sector antártico  

Tirso Fiorotto / De la Redacción de UNO
tfiorotto@uno.com.ar 


No ocultaremos nuestra felicidad de conocer los resultados de los estudios presentados por la Argentina en las Naciones Unidas, que equivalen a añadir 1.700.000 kilómetros cuadrados al territorio nacional y dar certezas sobre un límite que estaba un tanto conversado.

La extensión es similar a la de 21 provincias como Entre Ríos, en este caso en la frontera marítima, es decir, cubiertas por el agua.

Y felicidad además porque los trabajos fueron encabezados por el doctor en geología Florencio Aceñolaza, un panzaverde cuyas investigaciones geológicas, publicaciones colectivas diversas y obras literarias hemos difundido en este espacio. La noticia nos toca, entonces, el orgullito paisano.

Tomaron nota

Sorprendió que en la conferencia que Florencio Aceñolaza dictó días atrás en Oro Verde faltaran investigadores y funcionarios de las diversas áreas, considerando la magnitud de la noticia y la estatura del disertante, profesor emérito de la Universidad de Tucumán, investigador superior del Conicet, reconocido promotor de las ciencias en el país, y protagonista central de este logro en materia de soberanía.

No sólo es difusor de la geología y la paleontología que son su especialidad. De hecho, una de las principales obras de divulgación de la biología titulada “Temas de la biodiversidad del litoral fluvial argentino” se editó bajo su dirección en cuatro gruesos tomos, con la participación de un centenar de científicos del país.

El experto mostró en la Facultad de Ciencia y Tecnología de Oro Verde nada menos que el nuevo mapa oficial de la república Argentina, bastante distinto si consideramos que tiene 5 millones de kilómetros cuadrados más que el anterior, incluyendo las Malvinas disputadas por Gran Bretaña, y el sector Antártico, al que también aspiran Gran Bretaña y Chile en parte. Es decir: la parte aceptada alcanza 1,7 millón de km2 pero el reclamo es mucho mayor.

Aceñolaza subrayó, como una de las consecuencias fundamentales del trabajo, que Naciones Unidas informó a Gran Bretaña del conflicto de soberanía grave con la Argentina, por Malvinas, otras islas y la plataforma submarina. 

Mal que les pese, a los ingleses les golpearon la puerta y les avisaron. Podrán hacerse los distraídos porque tienen las armas, pero no sin desgaste. Y eso fue reflejado incluso en los diarios de Gran Bretaña en estas semanas. Hasta ayer nomás Gran Bretaña negaba que hubiera conflicto de jurisdicciones. 

El pasado 27 de marzo la canciller Susana Malcorra explicó: “La Comisión del Límite Exterior de la Plataforma Continental, órgano científico integrado por 21 expertos internacionales de reconocido prestigio y creado por la Convención de la ONU sobre Derecho del Mar, adoptó por consenso, es decir sin votos en contra, las recomendaciones sobre la presentación argentina… La nueva demarcación incorpora 1,7 millones de kilómetros cuadrados de plataforma marítima, equivalentes al 48 % del territorio argentino emergido”, precisó. 

(La nueva superficie incorporada en el mar Argentino se acerca a la mitad del total emergido, si sumamos territorio argentino continental en los dos continentes, Abya yala y la Antártida. Y no estamos contando el resto de la superficie marina que ya estaba reconocida).

La presentación argentina involucra un mayor espacio que no fue aceptado porque está en litigio.

Ya no se discute

El investigador entrerriano con cuna en Villa Urquiza añadió algo más por si faltaba: los estudios dejaron definitivamente aclarado que Malvinas, las
otras islas y todo ese bloque pertenecen a este continente, es Abya yala (América), no hay más vueltas que dar. “Quedó absolutamente demostrado que las islas forman parte de nuestra plataforma”, subrayó Aceñolaza. 

Entonces Gran Bretaña ve cerrado otro camino que exploró en su momento, entre tantos engaños, cuando sugería (vaya disparate) que pertenecían a África.

Ofreció detalles también de la constitución llamativa del fondo del Mar Argentino, con cuencas sedimentarias a partir de la ruptura de Gondwana (el antiguo continente) y la separación de Sudamérica y África; con canales submarinos, cañones, cordones montañosos tapados por el agua, y sedimentos de antiguos ríos ahora tapados, porque la plataforma estaba afuera del mar hace 2 millones de años, es decir: el continente era más grande. 

Hay que recordar que Aceñolaza participa desde hace lustros de los estudios internacionales sobre la geología de Gondwana, con pares de África, India y Europa.

Por otra parte, durante la charla puso la atención en las corrientes marinas registradas, no sin sorpresa, con velocidades similares a la corriente del río Paraná. Importante por varias razones, entre otras para conocer la fauna del mar. Aceñolaza no oculta su vena desarrollista.

Soberanía en veremos

Con su modo sencillo y campechano, el entrerriano no se encerró en cuestiones técnicas y avanzó en temas políticos, al reconocer por ejemplo que la Argentina no tiene con qué cuidar semejante mar. 

Son 350 millas marinas, es decir, más de 600 kilómetros desde la costa y “tenemos tres barcos y un avión”, admitió. 

Existen flotas chinas, coreanas, españolas, que cosechan los frutos del mar, dijo; al lado un barco frigorífico carga esos frutos, los acondiciona, y otros los llevan a Europa o el Oriente… “¿Cómo haremos para ejercer en plenitud nuestra soberanía y controlar nuestra plataforma?”, se preguntó, además de señalar el disparate de la ausencia de una flota pesquera.

Reconoció que algunas empresas privadas han hecho perforaciones por petróleo y gas en el territorio argentino usurpado, y que según información que proviene de los ingleses los resultados resultaron un tanto esquivos. También apuntó que algunas de las firmas que exploran allí trabajan en la Argentina continental.

De Santa Cruz al sur, Naciones Unidas no aceptó la posición presentada por la Argentina y tampoco la británica. “Ellos decían que no había problema, la ONU les dijo que sí, tienen un conflicto, y deben sentarse a conversar, a ponerse de acuerdo”, insistió.

Para Aceñolaza este logro es fundamental. “No fue un esfuerzo vano. Naciones Unidas puso veintiún árbitros que dictaminaron que nuestro trabajo se ajustaba a las normas técnicas, el 90 por ciento de los puntos fueron aceptados tal cual los llevamos”, aseguró.

Después de la charla, el experto se abrió a las consultas del auditorio y recordó que la Argentina garantiza, en la Constitución, la protección de los intereses de los isleños, pero expresó sus expectativas en que, con todas las razones a su favor, nuestro país podrá persuadir con el tiempo a los ingleses (se mostró escéptico con la actual generación) para recuperar esta porción gigantesca de nuestro territorio usurpado en el Atlántico Sur.

Jóvenes presentes recordaron la vigencia de los Acuerdos de Madrid, de 1989 y 1990, que expresan la rendición argentina y que ningún gobierno ha denunciado. Apuntaron que la estrategia del “paraguas” que sigue el presidente Macri no es más que una imposición de esos acuerdos. 

“Todo el sector del conflicto quedó en suspenso hasta que las partes estén de acuerdo, o sea, no hemos sido aprobados ni rechazados. Ahora hay que ver cómo se sigue y que este tema no desaparezca”, precisó Aceñolaza.

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El mayor desafío anticolonialista

El mapa argentino luce ancho ahora. Lo vimos en Oro Verde, pronto entrará en las escuelas. 

Ese mapa oficial constituye, sin dudas, el mayor desafío mundial al atropello colonialista del siglo XXI. 

Resulta una paradoja: los gobiernos argentinos han preservado acuerdos de rendición, y los sostienen, pero la fuerza de la realidad se impone en sus estudios científicos. Así es que el mapa surgido de la ley internacional y de los datos geológicos que aporta la naturaleza dice todo lo que el imperialismo del norte intenta ocultar y que los gobiernos ponen, extorsionados, bajo un “paraguas”.

La nueva demarcación política ha demandado largos y costoso estudios, en los que participó el entrerriano Florencio Aceñolaza. No todo salió a pedir de boca, claro, porque gran parte del territorio señalado tiene a los europeos de intruso, armados hasta los dientes.

Pero quedó a la luz en estos días que, por misiles que posean, los ingleses no están tranquilos. Cada día tienen que hacer frente, con la fuerza, a la razón, y por ahora llevan las de ganar pero es un desgaste.

La Argentina presenta el mapa. Todos los países saben bien que el imperio de Gran Bretaña le ha dado al territorio argentino un mordiscón de millones de kilómetros cuadrados, y así se sostiene en su atropello, contra toda justicia. Malvinas es la mayor evidencia de que el colonialismo cala hondo incluso en sectores llamados demócratas y hasta (desvergonzadamente) socialistas, sea en Europa o en los Estados Unidos.

No hay un conflicto en todo el orbe como el generado por los ingleses contra el Abya yala (América) en el Atlántico Sur, sostenido en la prepotencia de los misiles. 

El Atlántico Sur exhibe una de los últimos vestigios de la invasión europea que ha cumplido 500 años y se prolonga por distintas vías, en este caso con el apoderamiento del territorio de las Malvinas, otras islas, el mar adyacente y la Antártida. 

Así es que el mapa oficial de la Argentina incluye como es lógico una enorme superficie que los países de este continente (con excepción de los gobiernos imperiales del extremo norte) saben que corresponde a nuestra soberanía, y sin embargo está usurpado, con decisiva presencia militar.

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El paso a paso de un acierto

Florencio Aceñolaza explicó las gestiones realizadas por el país con una conferencia denominada “La plataforma continental, el último límite argentino”.

Como mentor y miembro de la Comisión Nacional del Límite Exterior de la Plataforma Continental –COPLA-, habló sobre los antecedentes, el diseño del trabajo y los caracteres geológicos de la plataforma submarina.

Fue presentado por los académicos Walter Sione y Marino Schneeberger.

Acompañado por mapas y cuadros con precisiones geológicas, Aceñolaza recordó que la Argentina tenía resueltos sus límites con Chile, Bolivia, Paraguay, Brasil, Uruguay, y que debía hacer una presentación ante las Naciones Unidas para delimitar su frente marítimo entre el Cabo de Hornos y el Río de la Plata.

Hay que decir que el caso argentino no era el único, otros 150 países debieron hacer presentaciones similares, pero en las Naciones Unidas sí se encontraron con un problema adicional: la disputa entre la Argentina y Gran Bretaña.

El geólogo entrerriano era diputado de la nación y presidía la Comisión de Relaciones Exteriores en 1994 cuando el país adhirió a la convención y empezó a trabajar para la delimitación, con un acuerdo del Partido Justicialista (en el gobierno) y la Unión Cívica Radical. El 14 de junio de 1995 se aprobó el proyecto presentado por Aceñolaza y Elsa Kelly, y en 1997 se empezó a estructurar el equipo de trabajo.  Ya en el 98 hubo presupuesto para avanzar, comentó.

Después explicó que las Naciones Unidas definen la plataforma continental como parte integrante del continente, solo que está cubierta de agua y mostró dibujos de la plataforma, el talud, la llanura abisal, y se explayó sobre las alternativas que se presentaban para expandir el área, y los estudios que debían realizarse para analizar cuál de ellas era la más conveniente al país.

También ofreció detalles sobre la constitución del suelo en el continente y de los paquetes de sedimentos en el fondo del mar, todo estudiado durante los últimos 11 años.

Recordó que a través del Conicet se adquirió el buque Puerto Deseado para afectarlo a los estudios del Mar Argentino, y se contrataron barcos alemanes con alta tecnología, para navegar estudiando suelo y subsuelo, sea con batimetrías o con un tipo de bolsas de acero que se arrastran para extraer rocas y estudiarlas.

Admitió que en todos estos trabajos “no hubo muchas interferencias de naturaleza política”, y que al principio las tareas de organización tuvieron escasa difusión porque preferían así, para no despertar el interés de otros países.

“Llevó mucho tiempo, a veces salían los barcos y las tormentas, la mar gruesa como le llaman, impedían el trabajo, entonces se frustraban algunas campañas”, reconoció.

Además de equipos de ecosondas, que son comunes hoy en muchos barcos, se usó un sistema de explosiones para recolectar información en tres niveles del fondo submarino.  Esos datos eran transmitidos por satélite al servicio de hidrografía naval, donde se registraba y organizaba la información.

Apuntó que muchos datos surgían de una confrontación con distintas mediciones, y que si bien se cree que la plataforma tiene 200 metros de profundidad no es así, en algunos lugares sólo 85 metros y en otros más de 300 metros. 

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La gran noticia 

La definición del límite más extenso de la Argentina, su frontera marítima, es una de las grandes noticias del año. Y llega con una carga conflictiva, porque es imposible hablar del Atlántico sin referirnos a las Malvinas y el sector de la Antártida que Europa le sigue rapiñando al Abya yala, como si supiéramos del genocidio que está en sus cimientos.

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