Violencia de Género
Miércoles 12 de Octubre de 2016

Feminismo pop

La primera vez que escuché hablar de algo parecido al feminismo fue hace unos 20 años. La cuenta la saqué hace unos días cuando, mirando noticias en internet, identifiqué -en un sólo scroll- las palabras Pokemón, Clinton, Spice Girls, FMI, Giselle Rímolo. Ese coctel conceptual, más venenoso que un juguito Cachi de los celestes, me llevó a 1996 y a la primera piña que le pegué a un ser vivo que, debo decir, se la merecía. El pibito le había dicho "gorda pedorra" a una de mis amigas que; ella, perdidamente enamorada de él, se puso roja como un tomate y se hizo pis delante de todo el grado.



Apreté el puño y le pegué con los ojos cerrados, podría haberle errado, pero no: directo al pómulo. Yo tenía apenas 10 años y un casette de las Spice Girls mal grabado. El grupo británico había vendido 80 millones de discos, con un slogan que cada vez que podían, gritaban con el puño cerrado y en alto: "poder femenino". Marketinera y oportunista, aquella consigna marcaría una época.



Musicalmente eran bastante pobres, pero mientras los Backstreet Boys lloraban -todos juntos- por una exnovia a la que juraban que iban a amar por siempre -todos juntos, sí-, las canciones de ellas nos hablaban por primera vez, y sin rodeos, del HIV y de la importancia de usar de usar preservativos. Las Spice eran diversas, imperfectas, grotescas. La antítesis de Kate Moss, siempre sola y fría,



En 2001 el diccionario de la Universidad de Oxford incorporó el concepto Girl Power, en su listado de novedades de la lengua inglesa, a ese punto llegó su influencia. Si bien ese concepto existe desde 1967, fue la música de las Spice Girls la que lo volvió mainstream, la que masificó algunas de las demandas más elementales de las mujeres alrededor del mundo. Ese feminismo pop, si bien liviano y frívolo, introdujo, por primera vez, un discurso con perspectiva de género en las niñas y adolescentes de la época.



Claro que iba a pasar un largo tiempo hasta que las nenas de los 90 entendiéramos que cada vez que escribíamos "Girl power" en el pizarrón en realidad estábamos pidiendo igualdad salarial, oportunidades educativas y el fin de la violencia contra las mujeres.



En 1986 fueron 1000 las mujeres que asistieron al primer Encuentro Nacional de Mujeres. Este año fueron cerca de 70 mil; las miraba marchar y pensaba en todo el tiempo que me llevó entender de qué se trataba ese "poder femenino" que, hoy entiendo, tiene mucho más que ver con solidarizarse con mujeres oprimidas, que con pegar trompadas, aunque a veces también sean necesarias.



Algunos todavía creen que ser feminista es ser una amargada que no se depila; seguro lesbiana, seguro puta. Yo cada vez que escucho a una mujer utilizar el término "feminazi", me muero de vergüenza, de impotencia. Porque esa mujer todavía no entendió que esas 70 mil estaban marchando por todas y por ella también. No entendió que si hoy podemos votar y estudiar es gracias a la lucha feminista que nos precede y que para terminar con las desigualdades hace falta más que usar un dibujito de Liniers como foto de perfil en Facebook. La violencia de género tiene su punto máximo en el femicidio, pero está presente cada vez que naturalizamos tener sueldos más bajos que los hombres; cuando toleramos que un tipo nos grite groserías en la calle; cuando sospechamos que una mujer sólo pudo conseguir un puesto de jerarquía acostándose con el jefe. Cuando justificamos la violencia institucional, que es también violencia machista. Decimos #NiUnaMenos en las redes sociales cada vez que hay que hacerlo pero no dudamos en compartir el video prohibido del momento, ese que siempre pone en tela de juicio la moral de la mujer pero nunca del hombre que está en la misma cama. En la misma.



Mientras sigan existiendo mujeres del lado de los pilotos del TC, y no de Mechi, la chica concordiense que desde hace un mes no puede salir de su casa porque la sociedad no soporta que una mujer viva su sexualidad plenamente y sin culpa.



Cada vez que presencio el revulsivo acto en el que una mujer siente necesidad de aclarar que no es feminista, me doy cuenta que soy mucho menos feminista de lo que debería ser. Creo que todas deberíamos serlo, aún las que creemos que no lo necesitamos. Como esa nena que defendí a las trompadas, que inmediatamente después del golpe me dijo que no quería ser más mi amiga.

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