A Fondo
Jueves 26 de Noviembre de 2015

Felicidades a quien cambió la heladera

Daniel Carafini / De la Redacción de UNO
dcaraffini@uno.com.ar


La frase no asoma desde la envidia, que muchas veces emerge ante el progreso del prójimo, sino como ironía frente a la conducta de un vecino, para demostrar que no a todos les resulta lo mismo que se tome a la vía pública como un gran volcadero donde se pueden arrojar cualquier tipo de elemento en desuso de un hogar.

Muchas veces, paredes impecables deben colocar el texto “Prohibido pintar o fijar carteles”, como si no fuese claro que uno no puede afear algo que no es suyo. El más sencillo y repetido pedido vecinal resultó ser: “Sr. Vecino, colabore con la limpieza. No arroje aquí los residuos”, carteles que se ponían en esquinas o veredas donde imprevistamente, se formaban microbasurales. Tal vez el colmo fue un cartel colocado alguna vez en el acceso vehicular a un domicilio: “¿Las guampas no te dejan ver la entrada del auto?”, interpelaba crudamente un afectado, seguramente cansado hasta el hastío de la falta de respeto a las normas de convivencia. Desde hace varios días, una vieja heladera fue abandonada sobre una de las anchas veredas que rodea al Club Atlético Paraná. A poco de ser vista, alguno de los vecinos no ocultó su bronca, y dejó un mensaje –que seguramente poco debe afectar al irresponsable vecino–, pero con el que intentó al menos demostrar que cuando se habla de la falta de compromiso y responsabilidad ciudadana de los paranaenses, no está bien generalizar: “Felicidades al vecino que cambió la heladera, que la disfrute…”. Y abajo remató con elocuencia: “Dejó la mugre al vecindario!!!”.

Cuando en la charla cotidiana se habla de que es una ciudad sucia, se critica las ramas de árboles que no son recolectadas, aunque no se respetan día de sacado ni se hace el llamado para que pase el recolector. La ciudad se invadió de contenedores, pero su estricto uso para los residuos domiciliarios tampoco se respeta; es común ver escombros, materiales de construcción y hasta pastos, yuyos y ramas incluso sin ser embolsados.

Falta de educación, de cultura o malos hábitos, son moneda corriente en cualquier vecindario. No se respetan los sentidos de circulación de las calles, aún con los carteles identificatorios; la falta de consideración por el otro se demuestra también a través de dueños que liberan a sus mascotas para que hagan sus necesidades a la vuelta de la manzana de donde viven. No todos son así en Paraná, pero es real que hay mucho por cambiar, esa palabra tan de moda que llevó a un dirigente a la Presidencia del país. ¿Se podrá cambiar? 
 

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