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Miércoles 19 de Agosto de 2015

Falsas ideas sobre el amor

Un psiquiatra escribió sobre el impacto del vínculo creado desde el egoísmo y el narcisismo

“De qué hablamos cuando hablamos de buen amor”, el psiquiatra José Abadi propone derribar falsos conceptos acerca del amor y resignificar otros en un tiempo marcado por la posmodernidad donde, muchas veces, el narcisismo y el egoísmo generan vínculos disociados de la libertad bien entendida que supone “compromiso, esfuerzo y responsabilidad”. 

La construcción del amor, las formas del desamor ligadas a los vínculos simbióticos o dominantes, las supuestas soluciones mágicas para encontrar el amor, los mitos y verdades sobre este sentimiento que involucra a todos los seres humanos están incluidos en este libro. “Ligo el amor a la idea de encuentro, de sorpresa y plenitud, así como al descubrimiento que atenúa esta soledad que nos es inherente, otorgando sentido a nuestra existencia. La experiencia del amor nos convierte en seres libres... Sus atributos son el cuidado y la protección: acompañar al otro sintiendo que me importa por él mismo”, dice en el libro Abadi, autor además de De felicidad también se vive. 

En una entrevista con Télam, el psiquiatra explica cómo se conforma ese sentimiento desde la niñez y dice: “El amor tiene que ver con la construcción de la identidad y de la propia autoestima desde el hogar. Ese amor que recibo ligado a la protección y a la disponibilidad va construyendo mi yo, mi autoestima, voy teniendo registro del otro en la medida en que el otro me registra a mí, y voy empezando a poner en marcha a través del vínculo sano el ejercicio de dar, y me doy cuenta de que el amor tiene que ver más con ese dar que con el intercambio”. 

—De acuerdo a su experiencia como psiquiatra, esta capacidad de amar que debe acompañar la infancia de las personas ¿se da frecuentemente o menos de lo que debería?
— José Abadi: esto no se da siempre, vemos mucha precariedad en lo que se recibe. Hay enormes dificultades en el mundo de hoy, en el cual se da poco y por lo tanto se recibe poco. Con todas las consecuencias que esta grieta tiene. Porque lo que no hay se sustituye con la violencia, porque cuando no hay amor hay dependencia, hay depresión, hay pánico, una vivencia de indiferencia frente al mundo. 


—En ese sentido, usted plantea malos entendidos respecto del amor, ¿por qué se generan? 
—Existe un paradigma en nuestra sociedad que es entender al amor como algo externo a uno, incorporable a través de la imitación, la identificación eventual, lo cual está afuera de uno. Se piensa que el amor es como se ama aquella pareja en la televisión, que tiene que ver con cumplir con esta metodología que te dice el libro de pseudoautoayuda... o que amar es tomar esa pastilla para generar una euforia amatoria. 

—Este malentendido o confusión ¿a qué lleva o qué provoca? 
—Esto lleva a que el amar se convierta en el intento de cumplir con algo ajeno a mí y ajeno a la otra persona, porque estamos más enfocados a atenernos a las directivas que vienen de afuera que a conocernos y a preguntarnos quiénes somos y qué nos pasa, y eso genera inevitablemente una sensación de insatisfacción, de pobreza en términos de intensidad de la relación. Otra forma que aparece generalmente es el aislamiento, una de las formas del desamor. Vemos la sustitución del encuentro con el otro por la preocupación de lograr la eficacia y el rendimiento, que se cree que son las condiciones para ser amados y valorados. Y en la medida en que esas ideas se instalan como objetivo primordial lo único que se hace es alejar la posibilidad de amar y ser amado. Porque el vínculo interpersonal, el registro del otro es lo que nos permite de verdad construirnos de un modo sólido, divertido, eficaz, placentero e imaginativo. 

—Estos fenómenos que describe ¿desde cuándo se vienen observando en nuestra sociedad? 
—En los últimos 30 años se ve el predominio de la idea de que hay que tener todo o casi todo, rápido y mejor en poco tiempo, lo cual concentra mucho la atención en el uno mismo, en una especie de versión narcisista y egoísta. Y en la medida en que uno no puede dar, en lugar de enriquecerse se empobrece. Este es un punto muy paradojal que no se tiene en cuenta: cuanto menos te doy, más pobre soy. Esto está relacionado a la idea del exitismo en contraposición al logro genuino y profundo, que no es medible en términos de cuánto tengo, sino de quién soy y cómo es el otro. Los vínculos se convierten en muy superficiales y débiles, y eso nos deja muy expuestos a angustias fuertes, exigencias enormes y depresiones. —Otro tema que usted aborda en el libro es el de las rupturas de las parejas. 

—Las rupturas muchas veces provocan angustia ante la soledad, vergüenza, vivencia de desamparo, miedo a la condena social. Pero hoy se ven rupturas muy fáciles, es decir, no hay capacidad para soportar la frustración desde un trabajo que intente dilucidar si el conflicto es reparable o no, y se da en general en parejas de poco tiempo. Hay poco interés en reparar el conflicto porque el problema allí es que el encuentro fue muy frágil, no hubo un verdadero conocerse y transitarse. Hay más que nada un imaginar que el otro no es lo que quería que fuera y entonces me reúno más con la fantasía que con la realidad y así vienen los desengaños, y la ruptura se genera con una rapidez y labilidad que sorprenden. 

—¿Se observa entonces que los valores están invertidos? 
—Los valores tienen que ver con el amor, porque el amor está muy ligado a la verdad, tiene que ver con la sinceridad de lo que uno siente y con un registro respetuoso del otro. Vivimos en un mundo donde está tan marcada la apariencia en lugar de la búsqueda genuina de lo sincero y lo verdadero que uno a veces no puede menos que sentirse humillado. 

—¿Cómo se logra el cambio que permite modificar estas conductas que llevan a la ruptura y la soledad? 
—El cambio conlleva trabajo, como todo en la vida, pero no en el sentido de sacrificio y agobio, sino de esfuerzo y creatividad. Y no todo el mundo está dispuesto a ponerse en condiciones de hacerlo: muchos prefieren creer más en la magia que en el amor verdadero, por lo tanto los resultados llevan a la decepción. La esperanza, en cambio, está ligada al trabajo y es lo que lleva al amor maduro. 

—¿Cómo se vinculan libertad y compromiso? 
—Hay una confusión grande con la noción de libertad, porque libertad no es distancia, superficialidad, autosuficiencia; libertad es elegir y elegir es compromiso, esfuerzo, responsabilidad, y eso hoy se ve menos.

Arte erótico

Arquetipos Femeninos. Erotismo, expansión, energí­a, una exposición de Ella Libedinsky, Carolina Weisz y Rakel Bernie, tres artistas de diferentes estilos pero unidas por la temática del erotismo, será inaugurada el jueves a las 19 en el Centro Cultural Borges. 

La muestra, curada por Fabiana Barrera y Grace Bayala, reúne pinturas, objetos e instalaciones de estas artistas con diferentes estilos, cada una con su propio sentido curatorial, pero las tres hilvanadas por una propuesta anclada en lo erótico.

 Ella Libedinsky mediante fotografí­as, objetos y pinturas, trabaja el erotismo, la espiritualidad y el consumo utilizando iconografí­a de oriente, occidente y religiones paganas, mientras que Carolina Weisz propone relecturas de los cuentos de hadas, a través de instalaciones, ambientadas con luz y esculturas con acrílicos y móviles. 

En tanto que la obra de Rakel Bernie, invadida de sensualidad, se centra en la revalorización de la labor femenina en trabajos de técnicas mixtas en dibujo, collage y textil. Arquetipos Femeninos. Erotismo, expansión, energí­a se podrá visitar hasta mediados de setiembre en el Centro Cultural Borges, en Viamonte 525 de Buenos Aires, de lunes sábado de 10 a 21 y domingos de 12 a 21.

 

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