La Provincia
Jueves 12 de Noviembre de 2015

“Euge está con nosotros por una sintonía de corazones”

En 2012 a Eugenio Spreáfico, de 1 año y 8 meses, le detectaron hepatitis fulminante. Leonardo, su papá, le donó parte de su hígado y le salvó la vida. Diario UNO de Entre Ríos cumple hoy 15 años de vida y los festeja con un suplemento especial #UNO15años

Valeria Girard/ De la Redacción de UNO
vgirard@uno.com.ar

Con tan solo un año y ocho meses, Eugenio Spreáfico enfrentó el peor de los diagnósticos: hepatitis fulminante. Necesitó un trasplante de hígado y fue su papá, Leonardo, quien se lo donó. La cirugía se realizó el 24 de setiembre de 2012. A tres años del trasplante Euge corre, salta, juega con sus hermanos, se ríe, va a la escuela, crece y disfruta sin restricciones de su niñez. Padre e hijo comparten la cicatriz en la panza que es símbolo de vida, amor y también de esperanza para aquellas familias que aguardan un trasplante para un ser querido.
Ese domingo antes de la cirugía, Eugenio había entrado en coma, respiraba artificialmente y el tiempo se agotaba. “El médico me dijo que Eugenio tenía el 87% de probabilidades de fallecer esa noche. Nunca me voy a olvidar de esa frase”, contó a UNO Flavia, su mamá. Sin denuncia de un posible donante y ante el ofrecimiento del papá, le practicaron tomografías, ecografías y una innumerable cantidad de análisis. Ya estaba decidido y todo estaba en marcha; el donante sería su papá.
Con el corazón apretado y una angustia que le reventaba el pecho Flavia, su mamá, se aferró a la oración durante las casi doce horas que pasaron entre una y otra intervención. Sabía que ese día podía perderlos a los dos. “Cuando Eugenio estaba en coma y su papá en cirugía, entré a verlo para despedirme y tenía 30 pulsaciones por minuto. Le estaban pasando sangre y plasma. Entonces le pregunté a una de las enfermeras si no estaba muy bajito el corazón y me dijo que sí. Cuando la enfermera salió del box, le acerqué un osito que reza el ángel de la guarda, le pedí que no me afloje y le conté lo que estaba haciendo su papá por él. En ese momento recé y le dije a Dios, es tuyo. Vos me lo diste y te lo cuidé, ahora me abandono a tu voluntad”.
Hoy, lejos de ese instante que paralizó sus vidas, de esa prueba de la que salieron airosos gracias a su fe y la de vaya a saber cuántas almas, recuerdan con una sonrisa aquella batalla ganada. “La verdad no sé qué hubiese sido de nuestra familia si otro hubiese sido el resultado del trasplante...”, dijo.
En setiembre de 2012
Eugenio debió ser internado en setiembre de 2012 afectado por una hepatitis fulminante, de etiología indefinida, que se agravó con el paso de las horas y fue puesto en lista de espera de emergencia nacional del Incucai para recibir el trasplante. Cumplidas las exigencias del protocolo para la donación de órganos y al no producirse un donante, su padre fue quien le devolvió la vida.
Cualquier padre que tiene un hijo con severos problemas de salud se desvive por ayudarlo, pero muchas veces la decisión no está en nuestras manos. Leonardo tuvo la oportunidad y está feliz por ello. “La última noche antes de entrar en coma Euge se retorcía y gritaba, no parecía él. Después quedó inmóvil, lleno de tubos. No podía verlo así. Cuando se tiene un familiar enfermo, en general uno tiene que dejar todo en manos de los médicos, pero yo pude ir un poco más allá, ayudarlo. Poco tiempo después de la cirugía Euge comenzó a moverse, a reírse de nuevo y yo sentí una satisfacción muy grande. Haber podido salvar la vida de tu hijo es un regalo inmenso, una sensación difícil de explicar”, contó.
Cuando llegó el momento de elegir una entre tantas historias que se plasmaron en nuestras páginas durante estos quince años, automáticamente pensé en la familia Spreáfico. Desde que el diagnóstico se hizo público, Entre Ríos se unió en una plegaria esperado un milagro para el pequeño. Los mensajes de aliento se multiplicaban hora tras hora por los medios de comunicación y en las redes sociales. En ese momento todos nos sentimos un poco padres, abuelos, tíos, hermanos de Eugenio.
Aún recuerdo declaraciones de su abuelo unas horas antes del ingreso del niño a cirugía: “No lo puedo creer todavía. El domingo pasado estaba haciendo un asado en el fondo, y cuando le mostré una costillita, Euge se tocó la pancita y me dijo: ‘Que rico, abuelo’. Hoy se debate entre la vida y la muerte”.
Más allá de una medicación diaria de por vida (un inmunosupresor, para que su sistema inmunológico no ataque el injerto), un extremo cuidado durante su exposición al sol (por los efectos colaterales del medicamento) y controles anuales, la rutina de Eugenio es exactamente igual a la de su hermana melliza Matilda y a la de cualquier chico de su edad.
Aún es muy chico para saber por todo lo que pasó, pero de a poco comienza a preguntar. Lo más llamativo para él es esa cicatriz en la panza que tanto lo diferencia de sus hermanos, pero que tanto lo acerca a su papá.

Valorar la familia
Flavia Gareis y Leonardo Spreáfico, oriundos de Crespo, son papás de Fidel que hoy tiene 13 años, Regina de 11, Genaro de ocho años y de los mellizos Matilda y Eugenio, prontos a cumplir los seis.
El 24 de setiembre de 2015 se cumplieron tres años de la operación. “Lo celebramos, claro, es su segundo nacimiento. Él dice que es el cumpleaños de su panza”, dijo Flavia.
Lali (Leonardo) está convencido que la enfermedad de Euge produjo un giro de 180 grados respecto de su percepción de las cosas. “No sé si nuestros hijos se dieron cuenta de todo lo que pasó, el mayor tenía 10 años, eran muy chiquitos, pero a nosotros como padres nos dejó una enseñanza tremenda. Suena como frase hecha, pero cuando tenés un sacudón como el que tuvimos, lo entendés. Te pasas años proyectando la casa propia, el auto; en fin, cosas materiales, cuando la realidad es que lo verdaderamente importante son ellos. Aprendés a valorar los chicos, la familia, la salud y sobre todo a disfrutar los momentos cotidianos”, dijo Leonardo y agregó: “A los chicos no les importa que tengas un auto nuevo, lo que esperan con ansias es que les des un beso de las buenas noches, que lo llevés al parque y juegues con ellos, que los escuchés, que los quieras y se lo demuestres”.
“Cambiás prioridades, una situación límite te reubica”, remató Flavia.

Las cirugías en Rosario
En agosto, Eugenio se empezó a sentir mal y no encontraban la causa. No era mononucleosis ni hepatitis A. Se ponía muy amarillo y levantaba fiebre alta. En ese momento el pediatra diagnosticó que era hepatitis y empezó a buscar qué tipo era. A los 15 días pareció que la situación de su hígado comenzó a revertirse, pero luego empeoró y fue cuando lo derivaron al Sanatorio del Niño de Rosario.
La hepatitis de etiología indefinida no paró de agravarse y derivó en una encefalopatía hepática que lo colocó en primer lugar en la lista de espera de emergencia nacional del Incucai.
A Leonardo se le realizó la cirugía de ablación de parte de su hígado en el Instituto Cardiovascular de Rosario. “Los médicos nos decían que pensáramos en el resto de la familia y que tenía cuatro hijos más, además me decían que podía afectarme en el trabajo (Leonardo es ingeniero electrónico). Apuntaban a que podía morir en la operación, pero yo pensaba solo en Eugenio. La verdad, yo trababa de enterarme lo menos posible de lo que me iban a hacer y de los riesgos, no los escuchaba. Sabía que si me pasaba algo estaba Flavia, que es una gran mamá”, dijo.
Hoy la familia numerosa vive feliz y ajetreada, entre la escuela, la práctica de deportes, el trabajo y los proyectos a futuro. De vez en cuando se dan una escapada al parque ubicado a la entrada a la localidad de Crespo para que los chicos jueguen y se diviertan entre hermanos. Allí fue donde realizamos la entrevista por los 15 años del UNO.
Ajenos a la charla, los cuatro hijos más chicos del matrimonio (Fidel estaba en una competencia deportiva) corrían, trepaban, saltaban y se reían mucho.
“Eugenio tiene toda una vida para agradecer, para devolver todo el cariño y el interés que demostró tanta gente. Como estábamos en Rosario, en ese momento no pudimos dimensionarlo, pero después nos fuimos enterando de las cadenas de oraciones, de personas que se presentaban espontáneamente para ser donantes de sangre, de gente que decía yo no puedo donar pero pongo a disposición la camioneta. Saber de la compañía y de la solidaridad de la gente fue muy movilizador en momentos de tanta angustia”, dijo Flavia.
“¿Que qué quiero para su futuro? Que sea una buena persona y que encuentre el camino que lo haga feliz, es lo que quiero para todos mis hijos”, indicó.
Leonardo en tanto destacó la importancia de la donación de órganos. “A la semana de la cirugía apareció un hígado que hubiera podido ser para él, pero ya hubiese sido tarde. En nuestro caso, todo fue muy rápido y yo pude ayudarlo, pero son tantas las familias que aguardan con desesperación un trasplante que evite que se apague un ser querido, que más allá de siempre celebrar la vida y agradecer que Dios, los médicos y la energía de tanta gente que pidió por él, permitieron que nuestro hijo hoy esté con nosotros, cada vez que podemos intentamos dejar un mensaje”.

Los mellizos y esa conexión especial
Matilda y Eugenio son hermanos mellizos y es tan buena la relación que su mamá, que es docente, decidió que en el jardín vayan a distintas salas para que cada uno pueda tener su grupo y desarrollen su personalidad. “Eugenio siempre está muy pendiente de lo que ella hace, tal es así que cuando lo cambiaron de salita, él se escapaba para ir a ver qué estaba haciendo Matilda, son muy unidos”, contó la mamá.
Compartieron la panza, será por eso que, aunque nadie le dijo nada y era muy chiquita para entenderlo, durante los días en que Euge estuvo muy enfermo, Matilda estaba tan triste.
“Ella es así, si escuchás esos gritos, son de Matilda, es una polvorita”, dijo el papá entre risas.
Cecilia era niñera de los chicos en el año en que Eugenio se enfermó y fue quien quedó a cargo de los pequeños, junto con abuelos y tíos de los chicos. “Cecilia es la madrina de Eugenio, y fue a quien más se aferró Matilda durante todo el tiempo que no estuvimos. Siempre nos cuenta que la Mati estaba muy triste, deambulaba por la casa callada y aplacada, pero el día que su mellizo despertó de la operación, mágicamente ella volvió a ser la misma de antes. No llegaba a los 2 años, pero presentía todo lo que le estaba pasando”, relató Flavia emocionada.
 

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