La Provincia
Jueves 12 de Noviembre de 2015

Estudiantes atrapados por los crímenes y los asesinos de papel

Jóvenes de tres escuelas expusieron a sus compañeros sobre el mito, el enigma, el contexto de guerra y el policial negro. Investigaron la literatura que los marcó en el Secundario, cantaron y representaron los clásicos de siempre.  

Pablo Felizia / De la Redacción de UNO
pfelizia@uno.com.ar


“¡Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso. ¿Pero por qué afirman ustedes que estoy loco? La enfermedad había agudizado mis sentidos, en vez de destruirlos o embotarlos. Y mi oído era el más agudo de todos. Oía todo lo que puede oírse en la tierra y en el cielo. Muchas cosas oí en el infierno”, así empezó a hablar Ignacio Marmet, que cursa 6º, el último año, en la escuela San Benito Abad de la ciudad homónima. Contó el cuento El Corazón delator de Edgar Allan Poe, una adaptación que preparó hace tiempo y que le llevó un mes de estudio.  
Jóvenes de tres instituciones educativas –Colegio Plaza Mayor, Instituto Parroquial San Benito Abad y Nuestra Madre de la Merced–, participaron ayer de una jornada de ponencias organizado por la profesora de Literatura Argentina, Gisela Gentile. A ella se le ocurrió juntar a los cursos de las distintas escuelas donde da clases y que cada estudiante hable de los libros y exponga trabajos de investigación con análisis propios de aquellos textos que por alguna razón les marcaron su historia durante el Secundario. 
La poesía, el cuento, la novela, los dioses, la mitología de los griegos hasta en la actualidad, inframundos terribles, personajes clásicos, románticos asesinos, perseguidos y perseguidores, investigadores puntillosos, denunciadores de corrupciones sociales inconcebibles, Hamlet, su fantasma y donquijotes soñadores desfilaron ayer entre los jóvenes que escucharon y aplaudieron cada ponencia y representación.
La actividad se desarrolló en el fondo de un jardín de infantes por calle Catamarca en Paraná, a la vuelta de Plaza Mayor. Lejos, se escuchaban los gritos y los juegos de los niños, pero bajo un techo de chapa, cómodos y con micrófono en mano, los estudiantes pasaron al frente y hablaron de aquello que leen, de sus inquietudes literarias, de esa pasión –como una adicción sana–, de sentarse y perderse adentro de la historia que algún escritor decidió construir. Cada uno podía hablar de los libros que quería, pero antes investigaron a los autores, a los contextos en donde  fueron creados los personajes, las condiciones sociales y políticas de cada época. Además compararon aquello que leyeron, y estudiaron, con canciones y películas. Cada tanto, algunas gotas de lluvia cayeron sobre el techo de chapa y a decir verdad, todo parecía haberse complotado.
Enseguida aparecieron los escritores. Habrá que decirlo: sin contabilizar datos cuantitativos, Edgar Allan Poe, fue uno de los más nombrados y casi no hubo intervención sin referencias a sus cuentos. Entre cada exposición hubo pequeñas representaciones, Hamlet tuvo su lugar y habló con el fantasma de su padre. También cantaron Alfonsina y el mar entre otros temas.   

La inquietud y el misterio
Ignacio Marmet, estudiante de San Benito Abad, se sentó frente a todos, como entre amigos, sin presión, y contó como si lo hubiera escrito él, a ese cuento de Poe reconocido en la historia de la literatura. 
“Lo eligió la bibliotecaria de mi escuela y yo accedí porque lo había leído antes para un acto, en un maratón de lectura. Como a la profesora Gentile le gustó, lo presentamos ahora”, dijo el estudiante a UNO.  
El corazón delator no es muy extenso, serán no más de 10 páginas y en Internet se puede encontrar gratis en una de sus mejores versiones: la traducida por Julio Cortázar. “La adaptación fue difícil de hacer y nos llevó como un mes. De Poe preparé también El gato negro, pero no entró por el tiempo. La verdad, este autor me gusta mucho por cómo causa la intriga en la lectura. Te atrapa y no te suelta”, agregó Marmet, que este año termina el Secundario y en 2016 quiere estudiar Ciencias Políticas en la Universidad Nacional de Entre Ríos. 
Pero también hubo otros autores, nombrados y desarrollados en las ponencias. Stephen King, Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Miguel de Cervantes y William Shakespeare. Recorrió el lugar Ana Frank con su diario y su contexto de guerra, de muerte terrible y de superación ante la adversidad; y George Orwell con su Rebelión en la granja. Así aparecieron, uno a uno y todos mezclados, los escritores que los estudiantes leyeron, aquellos que los marcaron a lo largo de su adolescencia. Cada uno dijo de la literatura lo que quiso, pero siempre fundamentaron, aclararon, se preguntaron y generaron nuevas inquietudes. 

Ofrecer el espacio y el tiempo
Gisela Gentile es profesora en 6º de Literatura Argentina. Hace tiempo se le ocurrió la iniciativa de lograr una instancia entre estudiantes de las escuelas donde da clases. Según explicó, lo hizo para que se conozcan y puedan expresar junto a otros,  dudas y aciertos. “Trabajaron la intertextualidad. El objetivo fue que logren establecer relaciones entre los autores, comparar y analizar aspectos de las obras”, dijo a UNO. 
Desde principio de año empezaron a trabajar en estas investigaciones que ayer pusieron en común con sus pares. “Eligieron los textos, los temas, los autores y empezamos a buscar diferentes enfoques posibles, información sobre aquello que habían leído, se preguntaron y entregaron diferentes borradores de los trabajos para aprobar la materia”, agregó. 
Explicó que además, los chicos asistieron a charlas y paneles sobre los temas que trataron. “Si uno le propone estas cosas, los jóvenes se suman; hay que darles un espacio y el tiempo necesario para que muestren lo que hacen. Se trata de algo propio, de algo que ellos mismos hicieron, con aciertos y errores, pero que no puede quedar solo en un aula. Aprenden un cuento y lo trabajan, interpretan textos y escriben sobre lo que creen; hacen cosas lindas, eso está bueno”. 
Para Gentile, la jornada que realizaron apunta incluso mucho más lejos. Habló de la importancia de acompañar al estudiante para producir grandes cosas. “Lo que hicimos tienen que ver con que los jóvenes se pueden comprometer con la cultura”, remató. 
Lo cierto es que ayer, para estos estudiantes, la jornada fue diferente; se pararon frente a otros y dijeron lo que pensaban, expusieron el análisis de una literatura que apasiona y a todos en el lugar les daban ganas de volver a sentarse a leer. 

Descubridores de casos extraordinarios 
María Agustina Tarragona es estudiante del último año en el Colegio Plaza Mayor de Paraná y ayer expuso, frente a sus compañeros y pares, la historia del género policial clásico y negro. Habló incluso del ingreso de este tipo de literatura en Argentina y de los primeros autores que comenzaron a trabajarlo. 
Tal como explicaron los docentes que organizaron la jornada, más allá de las precisiones, lo importante fue el análisis que lograron los estudiantes. Sin embargo, la mayoría fueron calibrados. Según contó Tarragona, las causas que motivaron la aparición del policial clásico se remontan a mediados del siglo XIX con el creciente interés por la investigación, la lógica, el sufrimiento de una sociedad moderna y sus inseguridades, el surgimiento y auge de la prensa sensacionalista y de la Policía como institución. 


En su exposición le contó a sus compañeros de la escuela que en 1920 en Estados Unidos apareció el llamado policial negro con relatos de acción y la figura de detectives cínicos que pusieron al descubierto los vicios de una sociedad violenta y corrupta. 
Dijo que en 1884 se publicó Los crímenes de la calle Morgue de Edgar Allan Poe en Argentina por primera vez y así, el policial clásico ingresó al país. “Tiempo después se insertó en la literatura”, aclaró, y mencionó dos libros: Seis problemas para Don Isidro Parodi, de Borges y Casares; y Diez cuentos policiales argentinos, de Rodolfo Walsh. “La expansión de la novela policial norteamericana surgió a partir de 1960”, manifestó en su ponencia.
Luego comparó dos libros: Crímenes imperceptibles, de Guillermo Martínez; y La viuda de los jueves, de Claudia Piñeiro. 
“Elegí el género policial porque siempre me gustaron estas novelas y quería contar lo que sabía sobre ellas”, dijo Tarragona a UNO.
Así, la historia de los crímenes y la investigación, el enigma y la muerte que debe ser resuelta, el misterio que hay que dilucidar, fueron los temas que más atraparon a estos jóvenes. Todos esos mundos de fantasía y no tanto, creados por autores clásicos y contemporáneos, estuvieron presentes, fueron parte de la jornada.   
“Poe me pareció un buen ejemplo para empezar mi ponencia. Mi prima me contó del libro Crímenes imperceptibles y me gustó mucho la trama policial. Me faltaba una novela del policial negro y me quedé con La viuda de los jueves que además muestra cómo era la sociedad”, remató la estudiante.

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