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Jueves 05 de Noviembre de 2015

Estrenan en Paraná la obra de una joven dramaturga local

Antonella Schiavoni presentará el sábado “Un festín en mi cabeza”, su primera y aclamada obra teatral 

Después de una temporada de cuatro meses en Buenos Aires y a punto de partir a México, llega a la capital entrerriana Un festín en mi cabeza, de la dramaturga, actriz y directora paranaense Antonella Schiavoni. La cita será el sábado a las 21, en el Teatro Multimedia del Círculo (Urquiza 1135).

Con las actuaciones de Lucrecia Aguirre y Juanqui Fortuny, la obra ha recibido interesantes apreciaciones por parte de la crítica especializada. La trama se enfoca en la catarsis más sincera de una mujer a la que acaban de dejar en el patético escenario de una terminal de ómnibus. El festín, es esa mujer que acciona, que se expone, que explota, que transgrede sus propios límites en la búsqueda de todo eso que ya no es y que no volverá a ser. 

Escenario dialogó con Schiavoni, autora y directora de la obra, previo al debut en su ciudad natal. 

—¿Cómo fueron tus comienzos en el mundo del teatro?
—Empecé teatro a las 12 años en el taller que dictaba Liliana Prieto en la escuela Santa Ana, ahí empecé a aprender y a actuar, representamos muchas obras, en Apana, en el Teatro 3 de Febrero, en la Biblioteca Popular, en el Seminario, en la Catedral; éramos alumnos de la escuela, así que los temas estaban muy ligados a despertar la solidaridad, a tratar la inclusión, los valores, a repensar el mundo.

—¿Cómo fue el proceso de creación de Un festín en mi cabeza?
—Para  darle forma a lo que venía escribiendo, me inscribí en el taller de dramaturgia de Alejandro Genés y con su ayuda y motivación surgió Un festín en mi cabeza. Desde el inicio tuve muy en claro que una vez terminado el texto iba a llevarlo a escena.  Convoqué al equipo técnico, abrí una convocatoria a casting, recibí 200 currículums y audicionaron 50 actrices. Ahí apareció Lucrecia Aguirre, que hace un gran trabajo en la obra. Empezamos a ensayar en marzo, en el Centro de Investigación Cinematográfica, y en el período de tres meses la montamos. A un mes de estrenar incorporé otro personaje, interpretado por Juanqui Fortuny, y la obra creció en significado. 

La puesta en escena, parte de un texto cuya construcción dramática es fragmentada, exponiendo la historia de un modo no convencional, lo que me permitió trabajar con mucha libertad, en cada ensayo planteaba las acciones, la energía, las imágenes, lo que quería contar en ese momento. Lucre para el día uno se sabía a la perfección el texto y accionaba, le ponía su impronta y a partir de ahí iba dirigiendo, dejando algunas cosas, sacando otras, repitiendo hasta el cansancio por diferentes caminos hasta llegar a donde quería o incluso deshaciendo por completo una escena que habíamos ensayo días. Hubo crisis y frustraciones, que creo que tienen que existir porque son parte también del proceso y sirven para abrir lugares de incomodidad. Incluso hoy en día sigo modificando la obra, estoy feliz con el proceso y el resultado, pero nunca me conformo. Todo el tiempo descubro algo que se puede modificar.

—La sinopsis habla de una catarsis de la protagonista. ¿Te inspiraste en experiencias personales?
—El punto de partida fue el fin de mi primera relación amorosa. Surgió como necesidad de hablar, de expulsarlo de manera vomitiva, beneficiarme de la tragedia de ese momento y transformar el dolor en algo poético. Tenía guardados mensajes de texto, videos, mensajes de voz, fotografías, anotaba situaciones con fechas y lugares, todo eso que quería decir y no pude. Bastante morboso, pero creo que todos los artistas creamos desde un lugar de dolor, bronca o incomodidad. Si me mueve las cuerdas internas, funciona. Con el texto me expongo muchísimo, me manifiesto, hay una realidad que quiero decir y también hay hechos ficticios para poder hablar de otras cosas. Un festín en mi cabeza, es justamente eso, una minita que se expone sin barreras, se expone porque está buscando desesperadamente volver a encontrarse.

—¿Cómo fue trabajar con los actores y el equipo técnico?
—Tengo un modo de trabajar demandante, para mí el trabajo no es solo el día de función. En ese sentido, congeniamos muy fuerte con Lucrecia, ambas somos muy apasionadas e intensas, tenemos el mismo modo de pensar y de hacer, y además en los ensayos y en la creación de Cochi (el personaje principal) nos entendimos muy bien. Florencia Rozas, asistente de dirección, aportó muchísimo desde su mirada artística, es muy creativa, entendía la energía y el ritmo que tenía que tener la obra, y fue mi apoyo cuando las cosas no funcionaban. Juanqui entró a último momento, por seguir una imagen que me venía carcomiendo la cabeza, así que la construcción fue a los trotes, el personaje de él es igual de complejo que el de Lucre, está dentro de un disfraz toda la obra y nunca se le ve la cara, el actor que lo interpreta tiene que tener el ego bien puesto y entender de qué va su rol, no es la imagen del traje sino lo que está adentro del traje, porque si no queda en lugar de superficialidad que como directora no me interesa.

La obra tiene mucho despliegue de producción, que lo trabajamos a la par con Luciana Cuenca. Después, todos los profesionales que intervinieron en la obra hicieron muy bien su trabajo, Alejandro Genés que diseñó la escenografía, Iván Ferrigno en la música y el sonido, Gonzalo Calcagno en las luces, Guillermo Cuyún en los videos.

—¿Qué repercusiones tuvo la obra en capital?
—Es la primera obra que escribo y dirijo, por lo cual tiene un significado muy grande, fue abrirme al mundo, y hacerme cargo pasara lo que pasara. Entonces, desde ese lugar, uno está muy sensible y expectante de lo que vaya a suceder, finalmente las repercusiones fueron muy buenas. La gente sale alborotada, riendo o llorando, y eso es lo lindo, generar emociones. Es un gran mimo que después de habernos esforzado tanto te digan que hicimos un buen trabajo, que la recomienden. Además, logramos mantenernos cuatro meses en cartel, presentarnos en un ciclo de obras de egresados en el Centro de Investigación Cinematográfica, estar dentro de la plataforma de Teatra (teatro por Internet), traer la obra a Paraná e irnos de gira a la Ciudad de México. Si bien nos movimos muchísimo, no me doy cuenta de la magnitud de las cosas que vamos alcanzando.

—¿Cómo fue abrirte camino en Buenos Aires?
—Cuando terminé el Secundario me fui a estudiar a Buenos Aires, y en el último año de la carrera, me tocó como profesora de Actuación y de Dirección, Mariela Asensio, quien cuando egresé me llamó para trabajar en producción de la segunda temporada de Lisboa, el viaje etílico en el Teatro del Pueblo. Tanto ella como Anahí Ribeiro habían descubierto que tenía talento para la producción, algo que en ese momento no registraba. A partir de ahí se fueron dando todos los demás trabajos, una cosa llevaba a la otra. Con Mariela continué trabajando hasta el año pasado, hice En Crudo con Muscari y Malditos, todos mis ex que la escribió junto con Reynaldo Sietecase. Fui asistente de dirección de Anahí Ribeiro en Nomeolvides en la niebla, ahí conocí a Graciela Levaggi que más tarde me recomendaría con Diego Beares, con quien trabajé en Ego, mi verdadera historia, en Tenis y en Bien de familia, y que junto con Roberto Mendez Valladares están haciendo la producción ejecutiva de Un festín en México. Como nos dijo Mariela Asensio en una de sus clases: “Chicos, no se olviden de tres cosas: trabajar, trabajar y trabajar”.
 

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