La Provincia
Viernes 12 de Junio de 2015

Ester Rivas esperó 56 años para andar en bicicleta por su cuadra

Mirada urbana. El Trébol es un barrio de trabajadores que creció con el esfuerzo de sus vecinos. Lograron el asfalto y están orgullosos 

Pablo Felizia / De la Redacción de UNO
pfelizia@uno.com.ar 


Ester Rivas salió de su casa casi a los gritos y eran de alegría. Enseguida agarró su bicicleta roja y empezó a pedalear por la calle. Fue la primera vez en 56 años que lo pudo hacer. Tiene 75 y conoce más que nadie la historia del barrio El Trébol de Paraná. 

En Los Alelíes, cada vez que llovía, el agua de toda la zona parecía terminar ahí. Se armaba un barrial difícil de atravesar. Los vecinos dieron pelea para resolver el problema y lo lograron cuando en 2014 fueron a votar la obra al Presupuesto Participativo. 

En estos días, el asfalto quedó terminado aunque aún queden escombros, tierra y algunos materiales sobre la vereda. Ester contó que en El Trébol, cuando llegó con su marido no había nada, eran quintas que pertenecían a un tal Gambino, no había más de tres casas y las calles estaban apenas marcadas. 

“Creció de apoco, pero fueron muchos años los que pasaron hasta que pudimos tener lo que más necesitábamos: el agua”, dijo a UNO en la puerta de su casa. Recién en 1983, los pozos y aljibes empezaron a ser construcciones del pasado. La iluminación fue mucho después. “No pasaba por mi casa y tuvimos que pagar para poder tener luz. Así empezamos, fue todo con mucha lucha”, dijo la mujer y agregó: “Estoy muy feliz, contenta, para mí es un sueño tener el asfalto. Ahora salgo con la bicicleta y es una alegría”. 

Cuando falleció don Mansilla, esposo de Ester, ningún auto pudo entrar hasta su casa porque la calle era un lodazal. Gracias a los vecinos pudieron llevarlo hasta la broza dos o tres cuadras más adelante. “Es muy triste eso. Acá pensábamos que estábamos olvidados, no teníamos nada. Venían y decían que no iban a arreglar la calle. Hoy, a mis 75 años, soy otra”, contó. Con Mansilla llegaron del campo, con una hija en brazos y otra en camino; al tiempo tuvieron una más. La misma noche que pisaron El Trébol, una del 28 de mayo de 1959, él consiguió que su cuñado lo ayudara a entrar en la Policía. 

Ester contó que en aquel tiempo, el colectivo más cercano paraba en Caputto y Almafuerte, a 10 cuadras de su casa, llevaba a sus niñas a la escuela y al médico con la dificultad propia de los días de lluvia. Recién hace ocho años, el 22 empezó a ingresar al barrio y se le puede hacer seña en Francia y Borges cada una hora. Pero para el asfalto, los tiempos fueron diferentes.

Francia, Londero, Churruarín y Borges son las calles que delimitan el barrio, aunque la vecinal desde este año también abarca el Jardín de las Rosas. Con el Presupuesto Participativo lograron el asfalto en Los Junquillos y Los Alelíes, ambas con una extensión aproximada de 275 metros cada una, entre Los Gladiolos y Las Orquídeas. 

Lucía Jaime es la secretaria, María de los Ángeles Jaime, la presidenta, y Marta Dabín, la expresidenta. Entre las tres, y junto a Ester, contaron que tener en condiciones esas calles era una necesidad porque se habían transformado en el desagüe del barrio cada vez que una tormenta asomaba. Es una zona de vertientes, complicada y hubo varias obras complementarias que se debieron encarar. 

“En 2013 perdimos en la votación del Presupuesto, pero en 2014 lo ganamos y por eso lo tenemos este año”, contó Lucía.

María de los Ángeles, por su parte, señaló: “El 24 de junio vamos a votar otra vez en la primera instancia, es para lograr el asfalto de una cuadra en Las Madreselvas con luminarias. Queríamos dos, pero no da la cantidad de dinero. Le pedimos a los vecinos, a cualquiera de la Unidad 4 que colabore con nosotros”. 

Marta, agregó que al principio nadie creía que fuera posible conseguir algo para el barrio, pero ahora y con esas cuadras asfaltadas, las perspectivas son diferentes. 

Mientras las vecinas de Ester hablaban, ella se volvió a subir a su bicicleta y desde ahí contó que las calles, cuando llegó a El Trébol hace tantos años, no tenían ni siquiera un nombre. 

Apuestan al deporte y a la cultura 

Otro de los orgullos del barrio El Trébol es su Centro Comunitario donde los lunes, miércoles y viernes de 20 a 22 practican boxeo y se dan clases de gimnasia los martes y los jueves de 15 a 16. También cuentan con una escuela de fútbol y desde la vecinal solicitaron a la Municipalidad materiales para poder continuar con las clases deportivas. 

Ahora tienen la idea de crear un coro de adultos propio con vecinos de la zona. El 25 de mayo llevaron adelante los festejos patrios y hubo grupos de danza que participaron desde otros barrios. En esa instancia, una profesora les ofreció la posibilidad y necesitan un mínimo de 10 personas para poder iniciar con las clases. Desde la vecinal contaron que ya tienen a varios a notados y creen que para dentro de un mes, llegarán a la cantidad necesaria.

Dan pelea para poder ganarle al olvido

En el barrio El Trébol de la capital provincial hay 186 familias. La comisión vecinal sabe el número porque tiempo atrás hicieron un relevamiento, fue cuando anexaron el Jardín de las Rosas, una zona lindante. Tienen una iglesia, Santa María de los Ángeles, y una escuela nocturna. También una plaza que se llama Esperanza.

Ayer al mediodía, por sus calles había un movimiento propio de vecinos que volvían a sus casas después de una mañana de trabajo; en la escuela cercana, los chicos salían como si alguien los corriera. La mayoría de los vecinos trabajan en la construcción, hay jóvenes que hacen lo propio en el mercado de frutas y verduras, muchas de las mujeres desarrollan sus labores en casas de familia, otros lograron ingresar a algunas de las fábricas del Parque Industrial y de aquellas que están cerca. Los padres que pueden, al jubilarse, les pasan su puesto a los hijos. “Es un barrio de obreros”, sintetizó Lucía Jaime, secretaria de la vecinal quien agregó: “Siempre éramos visitados durante los momentos de campañas políticas y pensábamos que después no teníamos respuesta porque no había un puntero. Acá recibimos a todos, pero después nos sentíamos abandonados”. 

En coincidencia, María de los Ángeles Jaime, presidenta de la vecinal, aclaró: “Ahora hay una diferencia. Asfaltar las calles costaba 2 millones de pesos y hubo inundaciones. Se tuvieron que hacer otras obras por las vertientes y la Municipalidad puso un millón de pesos más para poder terminar la obra”. 

A las mujeres en esa cuadra de Los Alelíes se las veía contentas y algunos hombres de un taller mecánico cercano no dejaron de trabajar, pero miraban lo que pasaba en el medio de la calle. “Ahora se ve que aparecemos hasta en el mapa”, remató Lucía Jaime. 

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