La Provincia
Jueves 01 de Octubre de 2015

Este jueves celebran el Día de la Ancianidad

Investigadores de la UNER analizan la situación actual de uno de los sectores más vulnerables de la sociedad. 

Hoy se conmemora el Día Internacional de la Ancianidad, instituido en 1999 por las Naciones Unidas. En un mundo donde las expectativas de vida se incrementan, la fecha sirve para reflexionar sobre la situación por la que atraviesan aquellas personas mayores de 65 años. Desde la Facultad de Trabajo Social de la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER), trabajan en torno de esta problemática desde hace 30 años, a través del el proyecto de extensión Llegar a Viejo. María del Carmen Ludi, magister en Trabajo Social y especialista en Gerontología, es una de las mentoras de esta iniciativa, abocada a la investigación y a la intervención social en ámbitos vinculados a las personas mayores. En referencia a este tema, señaló: “Trabajar con viejos, tal cual lo entendemos y lo hacemos, está inscripto en el marco de los derechos humanos en el sentido más amplio de su concepción. Son personas, por lo que al igual que todos nosotros, necesitan sentirse queridos, escuchados, considerados, incluidos; ejerciendo el derecho a seguir pensando y haciendo derechos, a construir ciudadanía, a proyectar la vida”.

Asimismo, indicó, citando a Roberto Kaplan, que “veneradas o despreciadas, amadas u odiadas, poderosas o miserables, las personas envejecidas han estado siempre presente, física, cultural y socialmente en todas las civilizaciones y culturas. En todas las épocas, la cuestión del envejecer ha provocado la reflexión de algunos, la indiferencia de muchos, el rechazo de otros”. 

En este marco, reflexionó acerca de las percepciones sociales que suelen generarse en torno del envejecimiento, algunas vinculadas a la búsqueda de tecnología de rejuvenecimiento o de prolongación de la vida; otras que niegan o disfrazan la vejez exacerbando el cuerpo. “Muy pocas propuestas se sustentan en mostrar una idea de vejez basada en otros parámetros de belleza, de actividad, de productividad, de utilidad, de vida”, opinó.

A la vez, comentó que una de las preocupaciones de la investigación fue conocer cuáles son las reales posibilidades de acceso a organizaciones o a espacios socio-educativos y culturales, y en el caso de participar en ellos, cuáles son los aportes a sus procesos de envejecimiento, a su vida cotidiana, a la satisfacción de diferentes necesidades y resolución de situaciones problemáticas. “Destacamos los programas que el INSSJyP/PAMI implementa en esta línea. No obstante, consideramos importante plantear la posibilidad con que cuenta cada uno de los ancianos en particular y como sector añoso. De acuerdo a las experiencias, las principales dificultades se plantean en aquellos que viven en condiciones de extrema pobreza; en las que los obstáculos y dificultades de producción y reproducción de su vida cotidiana son tantas y tan complejas, que el integrarse en estos espacios resulta muy dificultoso”, dijo Ludi, y añadió: “El impacto que produce en la subjetividad de cada uno no poder resolver las necesidades más vitales hace casi imposible luchar, participar, registrar la dimensión simbólica de su cotidianeidad. Esto se constituye en un desafío que tenemos que asumir si pretendemos asegurar condiciones de accesibilidad y participación en dichos espacios para aquellos viejos que, a pesar de que sus condiciones materiales de vida no son las óptimas, igualmente acceden, o podrían hacerlo, a determinados espacios socio-educativos, de recreación, de gimnasia, de aprendizaje de artesanías y oficios”.

Sector vulnerable

La población de adultos mayores está considerada como uno de los sectores más vulnerables. De acuerdo al censo de 2010, en Entre Ríos había 126.953 personas comprendidas en esa franja etaria, alcanzando al 16,2% de la población provincial. Para conocer la realidad de este grupo y poder intervenir y procurar una mayor inclusión social, el equipo del proyecto Llegar a viejo realizó un informe en el que revela que “el porcentaje de ancianos institucionalizados es del 2,5%; y el número de personas mayores de 65 años sin ningún tipo de ingreso económico alcanza al 15%”. 

Por otra parte, dan cuenta de que existe “escaso presupuesto destinado solamente a cubrir la Pensión provincial Ley Nº 4.035, que es de 1.500 pesos mensuales por anciano”, y del “limitado aporte a hogares de ancianos municipales y dependientes de asociaciones civiles a través de subsidios mensuales”. Ludi y el grupo de investigadores afirmaron que “no existen instituciones públicas que posibiliten la atención permanente de ancianos con problemas de salud crónicos y psiquiátricos”.

“La ausencia aún de un proceso de habilitación responsable y contralor correspondiente de las prestaciones gerontológicas y geriátricas públicas y privadas (Ley Nº 9.823); la no existencia de programas sociales alternativos a la institucionalización”, son otras de las cuestiones que abordaron, para preguntarse si “las políticas de institucionalización de ancianos se han diseñado con la complejidad que ello significa”. 

En el análisis que realizaron los profesionales también expresaron que el 97% de la población mayor reside en hogares familiares; poco más de la mitad tienen sus necesidades básicas satisfechas y diferentes maneras de contención, han podido construir una red de interdependencia e intergeneracionalidad, participan de actividades sociales y comunitarias, cuentan con un ingreso mensual y su correspondiente obra social; son abuelos, vecinos, compañeros del club, del centro de jubilados, de una institución de bien público. Preservan y recrean un lugar, un espacio, aún en un contexto adverso. 

Mientras, un grupo numeroso de personas mayores vive situaciones de doble exclusión: son viejos y pobres; no acceden ni siquiera a mínimas condiciones necesarias para tener una vida digna.

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