La Provincia
Sábado 04 de Junio de 2016

Este año ya hubo igual cantidad de femicidios que en todo 2015

En la provincia de Entre Ríos, en 2016, cuatro mujeres fueron víctimas de la más extrema expresión de la violencia machista: el asesinato.


José Amado/De la Redacción de UNO
jamado@uno.com.ar


Hasta no hace mucho, el asesinato de una mujer a manos de un hombre era sancionado en la Justicia como un homicidio más. Incluso hasta se podían aplicar atenuantes por el estado de emoción violenta o por tratarse, como lo llamaban, de un crimen pasional. Uno de los femicidios que más repercusión tuvo en la ciudad de Paraná fue el de Dalma Otero, por el cual fue condenado su marido, Miguel Capobianco, como instigador. Pero en esa época, año 1997, nadie habló de violencia de género, sino del trasfondo económico que había detrás del crimen. Hoy se siguen contando mujeres asesinadas, pero sus nombres ya no se pierden entre historias de dramas privados, sino que se inscriben en la dolorosa lista de femicidios. Es un asunto de gravedad pública y se sanciona con la prisión perpetua.
Entre Ríos, al igual que el país, no cuenta con un registro oficial y único de estadísticas de violencia de género y de muertes por esta causa. Según los datos relevados por UNO diariamente en base a  los hechos que se publican, en 2015 fueron cuatro los femicidios, y este año, que no llegó ni a la mitad, ya se alcanzó la misma cifra. (Las cifras que manejan organizaciones como Red de Alerta, hablan de unos 50 femicidios desde 2011.)
De estos ocho casos, uno tiene sentencia firme contra el femicida, mientras que otros tres acusados esperan el juicio. Un crimen todavía no tiene sospechosos detenidos y los tres restantes asesinos se suicidaron luego de matar a sus parejas.
Solo uno de estos hechos fue cometido con arma de fuego, mientras que en el resto el medio empleado para matar fueron las armas blancas o el estrangulamiento, causando además un gran sufrimiento en las víctimas previo a la muerte.
Víctimas y femicidas
El primer femicidio de 2015 sucedió en la localidad de Aranguren, Departamento Nogoyá, el 5 de febrero: a primera hora de la mañana, Silvina Barreto, de 46 años, salió de su casa para ir a trabajar a una fábrica. Cuando cruzó la calle salió su expareja, pero con quien aún convivía junto a su hijo, José Robel, de 60 años. El hombre le apuntó con una carabina calibre 22 y le disparó. La mujer cayó en el acto por el balazo que impactó en la nuca. El asesino recibió prisión perpetua y desde el primer momento se hizo cargo, incluso él llamó a la Policía.
Seis meses después, la provincia se conmocionó con el caso de Josefina López, la adolescente de 17 años que estuvo un mes desaparecida y sus restos fueron hallados enterrados en un descampado. Su tío, Juan Carlos Acuña, de 46 años, alias el Vívora, la había mutilado. Está preso, busca negociar un juicio abreviado, pero la familia de la víctima reclama un juicio común y prisión perpetua.
Una semana después, el 31 de agosto, en Concepción del Uruguay, murió Susana Benítez, de 50 años. Su pareja Ramón Rossi, de 55, la ahorcó y luego se suicidó.
El 22 de diciembre, la localidad llamada El Pueblito del Departamento Tala, fue conocido por muchos cuando trascendió el crimen de Yanet Echeverría, de 23 años. La joven estaba en pareja con Gustavo Quirico, de 25, y sufría desde hacía tiempo violencia de género. Esa madrugada, el joven entró a la precaria vivienda en la zona rural con un hacha y provocó el horror. Se escapó, y a los tres días lo encontraron ahorcado.
Este año comenzó con el primer femicidio en Paraná, el 22 de enero. Gladis Vasquez, de 47 años, y su esposo Armando Lascano, de 48, fueron hallados muertos en su casa de calle Vucetich y Grella. El hombre la había ahorcado y luego se mató.
Poco después, el 6 de febrero, Colonia Yeruá, cerca de Concordia, sucedía el femicidio de Florencia Mohr. La joven de 21 años fue asesinada a golpes y múltiples puñaladas por Enzo Zubizarreta, de 31 años, hijo del intendente. Además, el crimen fue delante de la hija de ambos, de 5 años. El femicida está detenido y espera el juicio.
A mediados de abril, Antonia Eva Rueda, de 62 años, fue encontrada enterrada y estrangulada en una tapera en la zona del acceso norte de Concordia. Ramón Nielsen, de 39 años, la había seducido, comenzaron una relación unos meses antes, y luego la mató. La causa está pronto a ser elevada a juicio.
El 22 de abril comenzó la búsqueda de Gisela López en Santa Elena. La joven de 19 años había ido a la escuela y regresaba caminando a su casa. El 10 de mayo la encontraron muerta, y su cuerpo oculto entre pastizales. La investigación tiene algunos sospechosos en la mira, pero aún no hay detenidos.
También hubo varios casos de femicidios vinculados (aquellos en los que el asesino mata a un ser querido de la mujer para causarle dolor). El más emblemático para este tipo de crímenes fue el que cometió Juan Romero, en abril del año pasado, al asesinar a uno de sus hijos, de 7 años, e hirió gravemente al hermanito mellizo, Mateo, al chocar de frente contra un camión en la autovía nacional 14. Así, le arruinó la vida a su expareja, Hebe Rull. La mujer ahora lucha para concientizar sobre la violencia de género y para acompañar y que exista asistencia a los hijos de las mujeres víctimas de femicidios.
Recientemente murieron también víctimas de femicidios tres jóvenes entrerrianas en otros lugares del país. 
A sus 18 años, Mariana Colman, de Larroque, fue abusada sexualmente y degollada por el encargado del campo donde trabajaba en provincia de Buenos Aires. “La maté porque me ignoraba”, dijo el homicida de 53 años. 
Diana Rojas tenía 25 años y era de Nogoyá. Estaba en Puerto Madryn (Chubut) estudiando Abogacía. El 18 de mayo se subió a un taxi y el conductor la llevó a un descampado, donde la mató a golpes y puñaladas. Marlene Franco estaba viviendo en la ciudad de Oliveros, cerca de Rosario en la provincia de Santa Fe. Su Hasenkamp natal se conmocionó cuando se conoció su muerte, el 13 de mayo. Regresaba de un boliche y un vecino intentó abusarla sexualmente y luego la estranguló. El femicida confesó y quedó detenido.
El crimen que para la Justicia no fue femicidio
Por el asesinato  de Priscila Hartmann fue condenado a prisión perpetua Facundo Bressan. Pero la pena máxima no fue por haberse tratado de un femicidio sino por un Homicidio críminis causa, es decir que el joven de San Benito la mató para ocultar el robo de la moto y el celular de la víctima. En el caso para la Justicia no existió violencia de género, pese a que ambos estaban en una incipiente relación.
Bressan insistió para que la noche del 22 de octubre de 2014 Priscila fuera en moto a su casa de San Benito. Luego de tener relaciones sexuales, la golpeó, la estranguló y le clavó un hierro en el cuello. Trasladó el cuerpo y lo ocultó en un campo. Después intentó vender la moto y el celular de la víctima.

Tanto fiscales como jueces tomaron esto último para fundamentar y lograr la perpetua. Sin embargo, no se tuvo en cuenta el contexto en el cual Bressan se aprovechó de la relación y la confianza, convenció a Priscila y se ensañó en causarle la muerte. Tal vez el móvil de todo el ardid estaba destinado a apoderarse de la moto y el celular, pero todos se preguntaron si para eso resultaba necesaria la muerte. Es decir, Bressan no buscó cualquier víctima a quien robarle, no se llevó una moto estacionada en algún lugar, no arrebató un celular a un chico en la calle. Mostró odio hacia la mujer, en este caso a Priscila. La sedujo, la engañó (se cree que la abusó pero esto no se comprobó en el juicio) y la mató. ¿Qué más falta para decir femicidio?
No es cuestionable la estrategia procesal y la teoría del caso de los fiscales ni la decisión de los jueces en base a las pruebas para lograr una condena que resultó siendo justa. Pero en cuanto al mensaje que dan con una sentencia, faltó al menos mencionar o contextualizar el hecho en la violencia de género.
 

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