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Miércoles, 01 de febrero de 2012

Un film que "humaniza" a la Thatcher para deshumanizar el futuro

Un periodista de Télam desmenuzó la figura de Margaret Thatcher que vuelve a escena con el film “La Dama de Hierro”. Su análisis no excluye su intervención decisiva en el conflicto bélico de Malvinas. El autor de la nota considera que la cinta “banaliza el pasado en la conciencia de los espectadores y lo desnaturaliza”.

Margaret Tatcher marcó una época en el Reino Unido. (Foto: Internet) Margaret Tatcher marcó una época en el Reino Unido. (Foto: Internet)

Más allá de sus eventuales méritos cinematográficos, que evaluó el periodista de Télam Claudio Minghetti, la película "La Dama de Hierro" cumple, como bien advierte el mismo crítico, un papel cultural inquietante.

 

Dice Minghetti que "exponer a figuras como Margaret Thatcher ... de esta forma contemplativa-ambigua puede resultar dañina para quienes apriori no tienen información precisa suficiente sobre ellas, y acaba licuando la ya muy licuada verdadera historia."

 

Y es sobre esta relación entre obra artística (o artístico-industrial, como en el cine) e historia, que queremos pensar "La dama de hierro".

 

Corresponde preguntarse a qué necesidad responde la licuación intimista de un personaje cuyo único interés humano surge de su actuación pública. Para decirlo en los términos de Minghetti, ¿qué "licúa" esta obra? Y -esencialmente- ¿para qué lo licúa?

 

Para responder, tenemos que pensar el film en su historia, como emergente de un contexto específico, como hecho socialmente significativo: pieza de un "gran relato" en pleno desarrollo, mal que les pese a muchos que desearían mantenerse en la calma chicha de una historia muerta y dejarse vivir en la cotidianeidad y el interés personal inmediato.

 

Como bien dice Minghetti en otro párrafo de su nota, la "moda del `descompromiso´ cómplice incluso con lo negativo, genera artistas `descomprometidos´ con el tiempo que les tocó vivir ... una forma de sostener una supuesta independencia ... hipócrita".

 

Hipócrita, agregamos, porque "el tiempo que a cada cual le toca vivir" se encarga solo de llenar de sentido al "descompromiso" y "comprometer" de hecho a cada individuo con el sentido común vigente, que bajo esas condiciones es el sentido común incuestionado de los poderosos. O, como creemos que es el caso, con la construcción de un sentido común funcional a los intereses de los poderosos.

 

Dicho de otro modo: "La Dama de Hierro" no salvará a su personaje del juicio histórico y político que le corresponda, juicio muy distinto según lo emita el familiar de uno de los argentinos asesinados en el ataque al Crucero General Belgrano, un inglés sumido en el desempleo a perpetuidad o un banquero beneficiado con sus medidas financieras. Pero además, nos está diciendo algo sobre la sociedad que la ha producido.

 

Porque esta película brota de un Reino Unido sumido en una severa crisis interna, lanzado a múltiples aventuras neocoloniales (especialmente en el Medio Oriente, pero no solo allí), y sacudido por revueltas en los sectores excluidos del sistema cuya represión y juicio sumario mostraron la inhumanidad profunda del conservadurismo de su clase media blanca, la misma a la que la Thatcher dio voz.

 

Estamos ante un Reino Unido que, en la cabeza de muchos, necesita alguna mano fuerte, una nueva mano de hierro, que lo regimente para poner orden y restablecer la salud social, moral, económica y financiera.

 

Estamos ante un Reino Unido que (otra vez Malvinas) intenta responder a los avances diplomáticos argentinos intensificando la militarización del conflicto, trasfondo necesario de las imágenes que presentan a la Thatcher avanzando contra sus propios mandos para ordenar, personalmente, que se cometa el crimen de guerra del hundimiento del Crucero General Belgrano.

 

Estamos, en suma, ante un Reino Unido a cuyos sectores dominantes no les viene nada mal dejar abierta la puerta para que la "Dama de Hierro" que terminó con el pacto socialdemócrata y construyó el Reino Unido salvaje de nuestros días cumpla una última función antes de morir: preparar el terreno espiritual para la llegada de un alter ego contemporáneo a la jefatura de gobierno en Londres.

 

Y una película como "La Dama de Hierro", muy probablemente, sea uno de los mejores modos de lograrlo: banaliza el pasado en la conciencia de los espectadores y lo desnaturaliza, para preparar la futura llegada al poder indolora de cualquier candidato llamado a "poner más orden" en una de las sociedades que ya descuella entre las más desiguales, más violentas y más vigiladas del mundo.

 

Por Claudio Minghetti / Télam

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